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Lazer Mail


· January 1, 0001

E-mail: lazermail@editorialivrea.com - Web Page: www.editorialivrea.com

Era una falsa partenza solo una falsa partenza colpa del cuore avventato che ho non sa nemmeno cos’è la prudenza.

Era una falsa partenza solo una falsa partenza, si con questa fretta d’amore che ho non ho pazienza e sbaglio sempre un pò e sbaglio sempre un pò

Hace ya mucho pero mucho que vengo obviando intencionalmente comentar cosas personales, quedándome en la superficie, contando las cosas por arriba… ¿saben qué? Es cómodo, tranquilo, no te arriesgás a críticas estúpidas, pero… también es aburrido y te deja una sensación de vacío, no aporto nada haciendo eso, así soy una mera alga, uno más de la masa que apagó sus sentimientos… no me siento yo… Todavía no estoy listo para volver a abrir mi vida al exterior, pero intentaré empezar… y lo haré con esta pequeña excepción… Una sección especial de Lazermail con una única carta. Una especie de carta mía hacia ustedes.

Una carta con el objeto de narrar cosas relacionadas con el trabajo en Ivrea, así les doy una idea un poco más clara de lo que podríamos llamar como “cosas cotidianas atípicas”…

Lo que van a leer a continuación fue escrito a lo largo de varios momentos distintos durante un solitario y aburrido viaje de negocios:

(Ah, lo que aparece en italiano al comienzo y al final son parte de letras de canciones de Eros Ramazzotti pertenecientes a un compact que estuve escuchando en el viaje y que son bastante representativas de pensamientos que fui teniendo)

Estoy tipeando esto en mi computadora portátil en un banco de la Feria del Libro de Bologna, Italia. ¡Qué groso, no? Viajar por el mundo gracias al trabajo y blablabla… ¡Minga! Si bien hay muchos viajes que realmente se disfrutan y se logra un equilibrio positivo y ameno donde se cumple lo laboral y se deja espacio para interesante turismo, hay otros como este que son un “papá garrón”! Una de las cosas que más ayuda a que sean un embole es cuando tenés que viajar solo. Así que acá estoy, un día gris y triste sobre la ciudad, sentado en un banco solo y aburrido como un perro haciendo tiempo entre una reunión con japoneses y otra… miro el reloj y veo que falta más de una hora para la siguiente… la verdad que estos baches en el día que se generan en estas convenciones laborales son una mierda. Boh, ya que estamos, les cuento un poco qué es esta feria: En Europa se realizan dos ferias internacionales por año dedicadas al mundo editorial (una en Frankfurt, Alemania y otra en Bologna, Italia), en ellas los editores acuden a tener reuniones de negocios con otros de otros países con los que durante el año solo mantienen contacto por mail o teléfono. Estas convenciones están cerradas al público y solo pueden ingresar los trabajadores del medio, así que se pueden imaginar el aspecto que tienen… mitad de gente de traje y corbata cargando pesados maletines llenos de libros y mitad ilustradores y escritores de vestimenta normal dando vuelta con sus carpetas. Yo desgraciadamente me encuentro incluido en el primer grupo de aburridos empresarios (sniff, sniff) y la soledad del momento me hace preguntarme una vez más a qué mierda estoy esperando para volver a hacer cosas creativas que me llenen un poco el alma en vez de pasar la gran parte del día metido en números, reuniones y supervisiones…. por suerte todavía tengo este tipo de escapes como poder delirarme en los correos y las editoriales para sentir un poco menos la falta de actividades creativas tradicionales (porque hacer negocios es también en el fondo algo “creativo”, pero es otra onda…).

En fin… me estoy yendo por las ramas… a ver… les cuento un poco más de qué ando haciendo y qué veo por acá. La gran mayoría de los editores japoneses importantes ponen stands en estas ferias, así que es una buena ocasión para verles la cara. Lo bueno de todo esto es que acá se logra avanzar en cosas que por mail requerirían meses, aunque desgraciadamente las reuniones estas no son ni un cuarto de útiles de lo que resultan las que se realizan en Japón (piensen que en las ferias en un día tenés como diez o más reuniones y por ende el tiempo que le podés dedicar a cada una es poco y al final del día tenés el cerebro quemado y ya no te acordás ni de cómo era la cara de la gente con la que hablaste…). Pero siempre es mejor que nada… Además hay que hacer acto de presencia así no se olvidan de vos. Cambiando de tema, es gracioso desde algunos aspectos estar en lugares así…. tan cosmopolitas: Al haber gente de todo el mundo mezclada, por un lado nadie te habla en italiano sino en inglés pese a estar en Italia, por otro mientras deambulás por los pasillos y pabellones se escuchan idiomas de lo más diversos, desde sueco a coreano pasando por filipino y ruso… cuando te pasa por atrás alguien hablando algún idioma que te resulta más familiar (no sé, inglés, brasilero, japonés…), sentís una sensación de “ahhhh, ¡qué lindo!”… La feria en sí es enoooooorme, muchísimos pabellones con cientos y cientos (¡y cientos!) de stands… imagínense una especie de La Rural completa de libros pero el triple de grande. Nuestra Feria del Libro de Buenos Aires parece super provinciana y microscópica al lado de esto. De todas formas, recorriendo los pasillos te das cuenta de qué poco ingenio hay a la hora de publicar y cuánto se parece todo venga del país que venga. En fin… Volviendo al tema del día gris… ahora que caigo, jamás en mi vida (y eso que vengo casi todos los años) me tocó un puto día de sol en esta convención. ¡Parece que Narita Express, el más directo de los trenes que van del aeropuerto al centro de Tokyo, tienen contratado el mal tiempo en exclusiva estos tanos bologneses! Bueno, y sigo acá… la verdad que no tengo mucho más para decir de esto… todavía me queda un rato para la próxima reunión (que por cierto es con Cloverway). Jaja, siempre me va a venir a la mente eso que se oía al final de Sakura de “Cloverway, representing the best in japanese animation” cuando los mencione… En fin… pasemos a algún otro tema… la verdad que en estos últimos meses he estado vagabundeando por muchas partes del mundo, he tomado decisiones extrañas, he sido decepcionado por gente cercana, he visto cómo mis intentos de ayuda causan a la gente problemas peores que las cosas que trato de solucionar y he pasado por un muy agradable periodo de extraña y maravillosa paz espiritual que se desvaneció de la noche a la mañana… en fin… supongo que la había alcanzado demasiado fácil… parece que para llegar a eso se tiene que luchar un poco más… en eso estoy, tratando de encontrar de nuevo ese camino a la paz… y sintiéndome muy vacío por haberla perdido tan pero tan estúpidamente. Bueno, fanculo con los traumas, pasemos a esos viajes de los que hablaba. Lo más interesante fue una visita a Tokyo en febrero con Agustín en la que nos quedamos dos semanas y una breve escapada a Suiza en auto desde Barcelona, a ese pueblito perdido en los mapas llamado Kandersteg donde se había ido a trabajar nuestro redactor de Lazer y encargado de correo de I’s, el inimitable Ricardo “Tati” Pérez.

Pero empecemos por Tokyo. Entre las rutinarias reuniones con todas las editoriales japonesas con las que tenemos relación, los infinitos katsudon, Chashumen, Tendon y Ramen (algunas de mis comidas favoritas japonesas para los despistados) y la extraña sensación de finalmente poder ir moviéndose por los subtes y trenes de Tokyo con el mismo automatismo y facilidad que en Buenos Aires hubo también horas y horas pasadas en librerías y mega comiquerías…. pero más allá de todo eso este viaje tuvo un punto inesperado y muy bueno: una cena con Takehiko Inoue, el autor de Slam Dunk y Vagabond. Estábamos en su casa-oficina un sábado a la noche (man, son igual de adictos al trabajo que nosotros…) charlando con su mujer (que es la que lleva los derechos internacionales) cuando nos dice si nos copamos en ir a comer a su restaurante favorito, que Takehiko se nos sumaría en un rato. ¿Qué fue lo tan bueno de la cena? Bueno, los más de diez platos sofisticados no estuvieron nada mal… jejeje, pero no… lo realmente interesante (más allá de poder pasar un rato con un autor que te gusta lo que hace), fue lo genuinamente bien y distendido de la charla. Takehiko Inoue es uno de los tipos más ricos de Japón hoy día, sin embargo sigue siendo totalmente humilde, simple y (sobre todo) apasionado de su trabajo, se nota en cada palabra y gesto que ama profundamente lo que hace y que para él el dinero es algo secundario. También es un tipo muy divertido y con conocimientos de los temas más diversos. Es así como, algunos vasos de sake de por medio, la conversación fue divagando entre sus planes futuros, las vidas de cada uno, la crisis de llegar a los treinta años, la Patagonia y los asados, la adicción al trabajo, la vida que había llevado cada uno hasta la fecha, las katanas que colecciona Agustín, los barrios de Tokyo y muchas cosas atípicas para una cena de negocios. Salimos de la cena con una energía muy positiva, y Takehiko creo que sintió lo mismo, porque nos dijo muy efusivamente que la había pasado genuinamente bien y que no lo decía por cortesía ni nada así. Inoue vive en las afueras de Tokyo. Tokyo, en un barrio bohemio pero de gente con guita que tiene un centrito super animado y con mucha onda. La vuelta hasta nuestro hotel en Shinjuku a veces se nos hace larga, pero siempre volvemos con la sensación de que valió la pena. Esta vez sentimos eso más que nunca. Y la charla con Takehiko, y el ver cómo era, a mí en lo personal me dejó pensando bastante esa noche antes de acostarme…

Hablando de valer la pena, en este viaje le pudimos dedicar algunos días de los fines de semana a hacer algo de turismo. Es así como conocimos lugares absolutamente espectaculares como el puerto y zona de shopping y oficinas de Yokohama (que teóricamente es otra ciudad distinta de Tokyo, pero que en la práctica es parte de una masa única de zona urbana metropolitana sin ninguna interrupción, de la misma forma que El Tigre o San Isidro son partes integrales de Buenos Aires). Yokohama ha sufrido una importante transformación en las últimas décadas y es ahora una zona super moderna con algunos de los edificios más altos y espectaculares de Tokyo (eso es decir mucho, ya que Tokyo es una ciudad que hace palidecer a New York prácticamente en cuanto a mega edificios).

Es así como vi uno de los shoppings más imponentes que vi en mi vida dentro de uno de los megarascacielos: 6 pisos de negocios onda Unicenter con todo revestido en mármol de distintos colores. Maaaaaannnn, ¡cuánta guita tiene esta gente! La espectacularidad de Tokyo me supera. Si bien uno se acostumbra y se le hace normal, lo cierto es que no hay un viaje en el que por las noches, antes de acostarme, cuando veo la imponencia de las luces de los edificios desde la ventana del hotel, no deje de preguntarme… “¿Y cómo es que se sabe tan poco de todo esto en el resto del mundo? Acá está el verdadero mundo capitalista, la sociedad de consumo… no en las ciudades de esos (en comparación) provincianos estadounidenses”… en fin… para pensar la verdad…

Otro lugar que nos partió la cabeza por su modernismo fue la zona portuaria de Tokyo, donde está el centro de convenciones Tokyo Big Sight. Se trata de una isla a la que se puede llegar desde hace unos años por un mega puente colgante a lo San Francisco, pero más espectacular. En esta zona hay oficinas, estudios de TV, playas, shoppings y centros de convenciones. Todo hecho con mucha planificación para que haya espacio más que suficiente y no te sientas demasiado rodeado de gente. Una maravilla la verdad. Unas vistas de la puta madre, trenes que van elevados, edificios que recuerdan el mundo de Buck Rogers y encima paz y tranquilidad en muchos lugares. Es como si esta gente viviera ya en el futuro… Y mientras tipeo esto en Italia pienso que eso sigue ahí y es parte de la normalidad de todos los días.

El viaje también nos dio tiempo de visitar lugares como Hikarigaoka (donde sucede Digimon), Akihabara (el barrio de la electrónica), Ueno (donde escondidas en sus calles hay jugueterías que venden juguetes de hasta hace 20 años, aunque bien caros…), Shibuya (“EL” lugar del descontrol y la joda postmodernista) y por supuesto el medio elegante, medio turro Shinjuku, uno de los lugares más bizarros de este planeta… Bueno, es hora de la reunión, la sigo después.

Son ahora las 2 de la mañana, por alguna puta razón me desperté y no me puedo dormir —algo que me pasa bastante frecuentemente en los viajes, supongo que consecuencia de cambios horarios y estrés de exceso de trabajo—. Así que acá estoy en la habitación, en la TV todo una poronga, así que me dedico a ver qué tengo en la computadora para entretenerme. Encuentro unos mpgs de los programas especiales de bloopers de Friends que hace un tiempo que no veo y me río solo un rato. También encuentro el trailer de Lost in Translation que también me hace esbozar alguna que otra sonrisa.

Pienso en lo rara que fue la tarde, cuando cansado tras volver al hotel, después del día de reuniones, me cambio a ropa más normal (basta de traje y corbata) y decido salir a caminar a ver si encontraba algún lugar para comer que no fuera el hotel (el cual está en el medio de la nada más o menos…). Terminé caminando casi 5 kms por el borde de la ruta, siempre esperando que apareciera algún centro tras la siguiente curva… Cuando ya estaba haciéndose de noche y yo puteando internamente, convencido de que era la peor idea que había tenido en la semana, finalmente veo un típico bar italiano abierto, así que paré a comer un típico panino y aproveché para pedirle algún teléfono de radiotaxi al dueño (ni en pedo me hacía 5 kms de vuelta por el borde de una ruta de noche). El tachero que me llevó de vuelta justo había estado en Barcelona la semana pasada así que fuimos hablando de eso. ¡Tan simple como bizarra la salida esta!

Jaja, qué gracioso, ahora buscando algo para leer caigo en la cuenta de que varios de los mangas de Ivrea que traje de muestra no los leí… Es muy loco tener para leer cosas de Ivrea como producto terminado (en general las leo a modo de supervisión-corrección en impresiones Láser antes de enviar a imprimir los libros, pero con tantos viajes y títulos que se producen últimamente en las filiales de Argentina y España hay cada vez más seguido un par de títulos por mes que me es imposible supervisar en persona). Así que me pondré a leer I"s #20 (de Ivrea Argentina) y Katteni Kaizo #9 (de la filial española de Ivrea).

Último día de convención en Bologna, para variar el cielo grissss y encima lloviendo. Una vez más estoy haciendo algo de tiempo entre reunión y reunión sentado en un banco con la computadora mientras tomo un Ice Tea de Durazno. Aprovecharé para hablar un poco del viaje a Suiza. Como decía, Tati estaba trabajando por tres meses en un centro internacional de boyscouts en la Suiza Alemana, en la desconocida ciudad-pueblo de Kandersteg, situada justo al final de una ruta, pudiéndose acceder solamente desde el lado de Bern (Berna). Pero a no engañarse, las distancias europeas no son las Argentinas, por más pinta de remoto que tenga algo la realidad es que siempre está cerca de todos lados. Es así como en el fondo Kandersteg está a escasas 9 horas de auto desde nuestras oficinas de Barcelona, esto lo volvía una oportunidad que no se podía dejar pasar… atravesando las diversas autopistas que cruzan España, Francia y Suiza, cómodamente, aunque sufriendo de nevadas y lluvia intensa por el camino, llegué al curioso centro scout.

Allí estaba Tati, convertido en líder carismático de la organización del hotel y dando en perfecto inglés ánimos y órdenes a los encargados de las diversas tareas de mantenimiento del centro. Sin duda, muy loco encontrarse con amigos trabajando en lugares tan remotos y distintos a la cotidianeidad en la que uno está habituado a tratarse… Montañas imponentes rodean el centro scout con una majestuosidad que, pese a lo bastante que he ido a lugares montañosos, nunca había visto. Las calles de Kandersteg estaban todas sepultadas en hielo y nieve, y me sorprende lo tranquilo que manejo por ellas sin cadenas, parece…


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Las noches de Kandersteg!

Que todo es cuestión de costumbre en esta vida… a lo largo de los dos días que estuvimos allí (estuvimos porque me acompañó Maria Yepes), hice cosas realmente curiosas, como acompañarlo a Tati en una excursión por las montañas con gente de una bocha de países distintos hasta un lago helado en la cima de una de ellas, y luego bajar en trineo desde ahí a las pendientes con algunos accidentes muy espectaculares. Todo acompañado por un sol increíble que con el blanco predominante de la nieve consiguió dejarme en solo una mañana más tostado que en todas las visitas a la playa que hice el verano pasado… Una maravilla de día, inolvidable bajo todo punto de vista.

Por la noche, hora de cervezas en los bares locales. Suiza es un lugar muy extraño, parece irreal y lleno de paz, suspendido en el tiempo. Sin embargo, se sienten ciertos defectos que en otras épocas hubieran sido impensados. Suiza tiene la sensación de haberse quedado en los años ochenta, y que la diferencia que tuviera a su favor en calidad de vida y dinero con el resto de Europa fuera ahora bastante imperceptible. ¿Es esto consecuencia de la decisión suiza de no ingresar a la Unión Europea? ¿Eso la ha dejado así de afuera de los cambios? ¿O es la voluntad de los suizos? El hecho de que te acepten los euros tan fácilmente como los francos, que ya ninguno tenga problema en hablarte en inglés y que hayan eliminado prácticamente las fronteras en las autopistas con los países limítrofes de la Unión, te hace pensar que están sintiendo una especie de arrepentimiento por su decisión y las consecuencias que tuvo. Pero, desgraciadamente, en el fondo Suiza jamás podría ser parte de la Unión Europea porque tendría que blanquear todo el dinero que hay en las famosas cuentas numeradas de sus bancos con gran cantidad de dinero de coimas, narcotráfico y hasta terroristas del mundo.

La llegada al centro scout donde estaba Tati. Boh, Cuac! ¡Yo y Tati! Cierren la revista y…

¿Qué piensan los suizos de esto? Bueno, parecen tener un cierto remordimiento de que ellos vivan bien gracias al dinero de un montón de hijos de puta, lo tienen claro y les pesa, pero no parecen tener intenciones de querer cambiar eso. ¿Esto los convierte en mala gente? No, ni ahí, por lo menos no son distintos a nosotros. Es como en una película que estaba viendo en el festival de cine de Sitges hace unos meses. Un supuesto asesino te muestra cómo descuartiza lentamente a una pareja de ancianos mientras gritan desesperados. Luego mira a la cámara y pregunta al espectador: “¿les gusta, no?”. “O por lo menos no les importa, ¿verdad?”. “¿Qué? ¿Que hubieran dado lo que sea para que no los matara?”. “No mientan más… en África mueren de hambre cientos de chicos cada día, si vendieran ese televisor en el que están viendo esta película podrían salvar unos cuantos. ¿Van a vender el televisor y donar el dinero? No, ¿verdad? Entonces no sean hipócritas y digan que harían cualquier cosa para evitar la muerte de alguien porque la verdad es que les importa tres carajos la vida igual que a mí.”

En fin… volviendo al viaje, la verdad que fue muy interesante. Fuimos a darle ánimos a Tati que estaba pasando por un mal momento anímico por una noticia muy jodida que le habían dado y al final terminamos pasando algunos de los mejores días en años. Jaja, qué irónico… siempre las mejores cosas surgen de los modos más inesperados. Y por el contrario, cuando uno le pone todas las fichas a algo, muy a menudo termina siendo bastante choto.

En Roma-Eur con mi hermano Darío (Marzo ‘04)

9 de la mañana del Sábado 17 de Abril, me encuentro en el aeropuerto de Milano-Malpensa esperando el embarque de un vuelo de Alitalia que me llevará de regreso a Barcelona, ciudad donde el Lunes próximo llegará de visita un japonés encargado de las ventas internacionales de Kadokawa, Akita y Shodensha, con el propósito de reunirse in situ con la gente de las editoriales españolas con las que tiene relación y, además de hablar de negocios, ver nuestros métodos de trabajo y tomar fotografías de las oficinas para que vean los editores japoneses. Como dicen los italianos: “che palle!!!” (sería tipo “qué rompedura de huevos”). Estoy hecho repelota y bastante zombie, hoy me tuve que levantar a las 4am para llegar a tiempo al aeropuerto de Bologna para tomar un vuelo que hacía Bologna-Milano (Milán) que salía a las 6:30 am (el único donde conseguí lugar…. grrrr). Casi lo pierdo porque no conseguía un puto radiotaxi (demora de 1 hora, decían…) para ir del hotel al aeropuerto…. De pedo vi que justo le estaba llegando un taxi a una china que lo había pedido (a eso de las 3am parece) y le pregunté si iba al aeropuerto y si aceptaba compartirlo. Por suerte se puso las pilas y aceptó. Muy macanuda la mina, que por lo que me dijo también había ido a la convención de libros y ahora estaba volviendo. Lo que sí, entre que le tenía que hablar a ella en inglés y al tachero en italiano con lo dormido que estaba, se me venían cruzando los cables mal mal y terminaba haciéndolo al revés…

En fin… el aeropuerto de Malpensa es un nodo re-grosso para la aviación europea y es bastante común que te toque estar en tránsito acá, de hecho la última vez que fui a Tokyo el vuelo con el que fui salió desde acá. Jaja, no sé si lo sabían pero desde Milano hay menos horas de vuelo hasta Tokyo (11) que hasta Buenos Aires (13 horas). Al final resulta que los que más en el culo del mundo estamos somos nosotros los argentinos. Bueno, ahí están llamando a embarcar… hora y media más y estoy en Barcelona, donde espero que haga un cacho de mejor tiempo que acá… ah…. qué maravilla, no despaché equipaje, estoy solo con una valijita de mano, así que nomás metan el finger en Barcelona ya puedo ir saliendo del aeropuerto. Por si alguien no lo sabe, en Europa no existen más las fronteras entre los países, así que no hay que pasar aduanas ni nada al viajar entre países europeos. Hacer Milán-Barcelona es un viaje tipo Córdoba-Buenos Aires.

Lunes 19 por la noche, acabo de dejar al ponja en el hotel tras la visita a nuestras oficinas de Barcelona y una amena y divertida salida a tomar unas cervezas con él (salida a la que se prendieron Maria Yepes y Alejo, el guionista de 4 Segundos, que estaba por la oficina también). Voy a salir a caminar un poco y luego creo que caeré en estado de coma y mañana no me apareceré por la oficina hasta tarde…. hummm no, viendo el cronograma me parece que eso no será posible, hay que cerrar todavía varios de los lanzamientos para el Salón del Cómic de Barcelona… carajo, demasiado laburo atrasado… y hablando de convenciones… tengo que llamarlo a mi amigo y socio Pablo para ver cómo anda el stand de la Feria del Libro de Buenos Aires, que estuve medio desconectado con todo esto. Arrrgrhhh….. ¡necesito vacaciones!

27 de Abril, el sol ilumina con fuerza mi oficina en la filial de Barcelona, la primavera está llegando al viejo continente. Todo lo que había que terminar para el Salón del Cómic ya está en imprenta y se encuentra bajo control, la Feria del Libro en Buenos Aires está funcionando bien… parece que finalmente podré descansar una vez que cerremos Lazer #32 de una puta vez. Pero es ahí cuando veo las cosas más claras que nunca. Ayer me quedé hasta las 5am en la oficina trabajando con el cierre de Lazer (cierre complejo porque estoy lejos y estamos a puro teléfono, emails y MSN con la gente de la oficina de Buenos Aires). Pero… me doy cuenta de la bestial diferencia con todo lo demás… Hacer Lazer hasta las 5am no me cansa, todo lo contrario, me deja cargado de energía positiva. Es la energía de estar creando algo de la nada en vez de meramente ser parte de una línea de montaje de algo “prefabricado” (ya hecho por otros) como en los mangas… Es una sensación espectacular. Si bien cuando ideé Ivrea quería tener algo como lo que es hoy: una editorial que sacara montones de cómics por mes y diera coherencia y calidad al mercado argentino (que siempre había estado dependiente de cosas extranjeras y de editoriales que no estaban a la altura de las de otros países). La realidad es que detrás de eso estuvieron siempre las ganas de poder escribir y crear cosas sin interferencias externas, de gritarle al mundo y los que quisieran oír mis sentimientos, experiencias y pensamientos en estado puro. Por más vueltas que le dé, es esta la parte más grandiosa y gratificante del trabajo y la vida que elegí.

Leandro Oberto