Argentinos ¿prejuiciosos?


Por Leandro Oberto 2 min de lectura

En Argentina se suele hablar de una forma bastante agresiva que muchas veces hace que la gente de fuera que no está habituada se haga una idea radicalmente opuesta a la realidad.

Con una facilidad pasmosa se sueltan acá insultos racistas y discriminatorios como “negro de mierda”, “cheto del orto”, “judío cagador”, “turco chanta” o “gallego puto”. Solo por dar los primeros ejemplos que me vienen a la mente de una interminable lista…

Sin embargo, parece que seguimos aquella norma de: “perro que ladra no muerde”

Porque —a diferencia de otros países donde irónicamente la gente es más delicada para hablar— después todos tenemos amigos negros, chetos, judíos, turcos, gallegos o lo que sea sin ningún problema. Es más, ni se nos pasa por la cabeza que realmente pueda ser un inconveniente la nacionalidad de alguien, el color de piel, su aspecto, la guita que tenga o le falte o sus gustos sexuales.

Argentina, como muy pocos lugares en el mundo, ha demostrado que se pueden fusionar las culturas y razas más diversas y crear una única sociedad, libre de guetos y luchas internas.

Todo nuestro entorno es una fusión de tradiciones de otros lugares, desde la comida hasta la forma de vestirnos, pasando por la música.

Desgraciadamente, las cada vez más jodidas crisis económicas de las últimas décadas han empezado a generar un resquebrajamiento de la sociedad, causando la desconfianza de todos hacia todos. Pero aun con eso, el hecho de que los prejuicios sigan olvidados —como debe ser— y que la voluntad de estar juntos siga presente es un dato bastante alentador del que podemos estar orgullosos.

Leandro Oberto Editor