Las posguerras de la vida


Por Leandro Oberto 2 min de lectura

A lo largo de los muchos años que llevo haciendo notas para Lazer, más de una vez he escrito, describiendo argumentos, que muchas veces la posguerra suele ser más devastadora que la guerra misma. Ultimamente leo la frase y me parece especialmente sabia.

Durante la batalla todo es blanco o negro, hay que salir victorioso. Hay que sobrevivir. Es tiempo de actos heroicos y decisiones firmes. Sin embargo, cuando esto acaba las cosas se vuelven difusas. Se valora más el hecho de estar vivo, pero también se siente más la responsabilidad y el peso de hacer algo positivo con esa vida que se tiene.

La victoria lo único que trajo es tranquilidad para ponerse a reconstruir, pero la guerra causó un desgaste enorme, consumió todas las energías, y lo que se ve alrededor es sólo devastación… es una recompensa muy relativa…

La vida banal y cotidiana, lejos de grandes batallas militares, sigue un esquema no muy distinto. Cuando se supera una crisis intensa, en general, lo único que se encuentra al día siguiente es una pila de trabajo atrasado que te llevará mucho tiempo remontar, un montón de depresión y mucha gente reclamando cosas como si todo estuviera fenómeno simplemente porque “la guerra ya terminó ayer y ahora está todo bien, no?”. Supongo que son las reglas de la vida. Igual hay razones para siempre ser optimistas. Por más largos y tortuosos que se vuelvan los procesos de reconstrucción, suelen llevar a lugares positivos. Basta ver lo que ha sucedido en lugares como Japón, Italia o Alemania que fueron reducidos a casi escombros en la Segunda Guerra.

En la vida, por supuesto, las cosas no son tan distintas tampoco en esto. O al menos eso parece demostrarme mi experiencia y las crisis de las que salí victorioso.