Off-Topic

CHARLAS DE... SIDRA


Por Authors 23 min de lectura

¿Otro año loser? Dejá la mufa y hacete amigo en offtopic@editorialivrea.com.

BAR HOOK, 1° de Enero. No era otro aquelarre más con motivo de fin de año: ¡era el nuestro! En realidad daba lo mismo que fuera Año Nuevo o el aniversario de la última vez que Coco tuvo piojos: el tema es reunirse. Podría aprovecharme de esas palabras para decir que a Los Topiqueros nos sobran los motivos, pero no: la realidad es que no tenemos ninguno. Tal vez, la idea de hacer estas charlas de cerveza nació con ese fin: encontrar un motivo. Y justamente, el problema es que nunca encontrábamos ninguno. Ni siquiera uno chiquito, por eso nos seguíamos reuniendo. Internamente, yo creía que el motivo era la falta de motivos, pero no me animaba a decirlo porque, para ser sincero, creo que a ninguno le importaba demasiado.

Como sea, no podíamos ignorar el hecho de que, la noche anterior, un nuevo año había comenzado. Y ahí estábamos todos esta vez: Erwin Ramseyer “El Comandante”, Tincho, César, Danilo, Carlota (por última vez les recuerdo que es un pibe), Toro, El Garco, Coco, Guille el artesano, El Perú (apodo que nacionalidad obliga), mi persona y, obviamente, los muchachos que tan amablemente suelen coparse con nuestros tópicos.

Desde las mesas contiguas se escuchaban coros de “¡Feliz Año Nuevo!” una y otra vez. Erwin no pudo resistirlo, nos pidió silencio y se paró. De vez en cuando, al tipo le gusta largarse con conmovedores discursos estilo líder sindicalista, y la ocasión lo requería…

“En este momento en el que los “¡Feliz Año Nuevo!” parecieran estar de oferta en boca de todos, incluso de aquellos que ni siquiera lo dicen sintiéndolo porque capaz que ni nos conocen, yo me declaro en rebeldía y, en lugar de mirar tanto para adelante, me atrevo a espiar sobre mi hombro y darles las gracias por haber compartido conmigo este año tan maravilloso que hoy se termina. Así que ya ven: en lugar de invitarlos a brindar por el ya tan quemado “Feliz 2006”, yo me paro ante esta mesa con copa en mano y proclamo: ¡FELIZ 2005!”.

Lo siguiente fue una curiosa mezcla de gritos victoriosos, abrazos mutuos, golpes de mesa, aplausos efusivos, bebidas derramadas tristemente en la mesa y alguna que otra lágrima imperceptible. Y es que Los Topiqueros coincidíamos con Erwin: ¿para qué proclamar una victoria desconocida en el incierto futuro? ¿Por qué mejor no revivir nuevamente las hazañas de las que ya nos conocemos ganadores? Era el momento de los “propósitos personales de Año Nuevo” y, siguiendo con esta corriente de pensamiento, Toro se apresuró a decir que, en este 2006, volvería a festejar su 25 cumpleaños, acaecido en el 2005, “porque estuvo bueno”. Tincho dijo que volvería a su viejo laburo tan sólo para volver a renunciar y Danilo que volvería a besar “por primera vez” a una loca de Caballito que se transó el año pasado.

Erwin los miró, se rascó la barbilla pensativo, y luego dijo: “Nada de eso. Yo, en cambio, me propongo tener otro año magnífico para, el próximo 1° de Enero, repetir mi discurso en honor al 2006. Así pues, por el próximo discurso de Año Nuevo, señores”, y se clavó un fondo blanco de sidra. Se hizo un silencio reflexivo. Luego, otra ronda de gritos victoriosos, abrazos mutuos y golpes en la mesa, con el compromiso de, entre todos, hacer posible en el 2007 decir “Feliz 2006”.

Cuando terminamos, Carlota dijo: “¡Ah, ya sé! Y yo voy a volver a comerme una moneda, así me hacen otra radiografía y la pego en mi habitación al lado de la que ya tengo… como el año pasado, ¡jaja!”. “Ehmm… ya fue, Carlota”, le dije. “¿Adónde?” respondió, y se dio vuelta a ver “quién se había ido”. Buscando al ausente, su mirada encontró un espejo, y al verse reflejado, se puso serio. Y ahí se quedó, sentado dado vuelta, contemplando inmóvil su imagen. Carlota es un tipo extraño…

La camarera se acerca a retirar unos vasos por la izquierda de El Perú, que bien sabemos, es el lado del corazón. Una vez ella se retira, nos dice: “¿Notaron eso?”. “¿Qué cosa? ¿Que la camarera está para hacerle un hijo acá mismo?”, responde El Garco con su tan poético vocabulario. “Sí, eso también, pero yo me refiero a su perfume a miel. Es un aroma fabuloso, me vuelve loco”.

Los comentarios de El Perú nos devuelven, así, a nuestra charla sobre la memoria nasal. Aprovechando que por primera vez hay una mujer en la mesa topiquera, la dejamos hablar primero:

TOPIC 37-01

¿Aromas? Cuando leo Offtopic lo único que siento es olor a huevo… ¿Para cuándo una mina? Ah, pero tengo que comprenderlos: si una mina apareciera, los hombres empezarían a actuar como idiotas y se pelearían por levantársela, ¿no? Whatever

Andrea José Frigerio Chajarí, Entre Ríos

“¿Andrea Frigerio? ¿Como la de la tele?”, pregunta Coco. Ella lo miró con cara de “otra vez el mismo comentario estúpido sobre mi nombre” y respondió afirmativamente. “¡Jah, ésta es PREMIUM!”, gritó Coco, utilizando una de sus expresiones favoritas. “¿Sabías que yo trabajé en la tele?”, interceptó la conversación Toro con intenciones de conquista. Tal vez Andrea tenga razón sobre el comportamiento masculino…

TOPIC 37-02

Lo que me desvía a otro tema de conversación: ¿se dieron cuenta lo rápido que se desarrollan las mujeres últimamente? Parecen que las cocinan en hornos microondas.

Emiliano Arcangelo Río Negro.

Andrea se ríe del chiste de Emiliano y le da “esa mirada”, esa que tan bien saben hacer las mujeres, esa con la que todos queremos que nos miren. Es como una luz verde. Emiliano la captó y, enseguida, arrimó su silla a la de Andrea. Ahí nomás se pusieron a hablar de estudio, vacaciones en la playa, libros de Cortázar y demás pavadas superfluas pero habituales en el levantamiento (y saben a lo que me refiero). No volverían a participar del tópico.

TOPIC 37-03

Che, me pareció oír desde la mesa de atrás que hablaban sobre aromas. Tengo ganas de prenderme en la charla, ojalá no haya discriminación de sexos… Y si la hay, ¡jódanse!, voy a opinar igual y a sentarme justo en esa silla desocupada. ¡Una cerveza, por favor!

“Jefe, ¿puede ser una birra pa’ la piba?”, le grita Tincho al de la barra, mientras se para y le corre la silla a la nueva invitada. ¡Wah! Tincho es un caballero.

Si hay un aroma que me recuerda momentos inolvidables, ése es el de la tierra mojada. Nada más hermoso que oler la tierra húmeda justo antes de que comience a llover. Yo solía disfrutar de este espectáculo cuando vivía en mi otra casa, una con un patio enoooorme que poseía un techo de chapa. Las gotitas iban cayendo una a una sonoramente sobre dicho material mientras yo disfrutaba sentir el aroma a tierra mojada, sentada en una reposera o mirando el cielo gris desde mi habitación como una pelotuda contenta… ¡Ahhh…! ¡Si habrán sido buenos momentos fluviales aquellos! Pero bueno, hace un año las cosas cambiaron, las casas también… Y ahora tengo un reputísimo patio de baldosas sin un maldito cacho de tierra para oler. ¡Me cago en la falta de espacios verdes en mi casa! ¡Dénme otra cerveza, por favor… y regálenme una planta!

Lucía Diego Lanús Oeste, Bs. As.

Tincho le pide otra cerveza y le dice: “y te daría la planta, pero la única que tengo acá es la planta de los pies” (?). Silencio… ¿Es un chiste? ¿Es tan sólo un comentario? ¿Es un intento de cortesía? Ése es el problema de Tincho: es un caballero, pero a veces se pone nervioso con las minas y manda cualquier fruta… o planta (¡cuac!). Lucía lo mira raro. Y justamente, hablando de tierra…

TOPIC 37-04

Me acuerdo cuando iba al “Don Bosco”, colegio de campo, cuando me levantaba a las 6 de la matina y sentía el aroma de los sauces, la escarcha… y el hermoso olor que salía de los galpones de ponedoras. Todavía lo tengo grabado en mi mente aunque hayan pasado 5 años. ¡CARAJO QUE CAGAN LAS GUACHAS!

Juan Gervasoni Bs. As.

Y de la mierda pasamos a la cagada…

TOPIC 37-05

El olor a excremento me hace acordar a mis días como “Cacho el verdulero”. En el momento de abrir una bolsa de papas negras, era infaltable que una unidad de dichos comestibles esté podrida y con 99% de compatibilidad con el olor de una defecación. De un extremo al otro, ¿eh? Bueno, ¿la vida no es así?

Leandro Estamatti Pacheco, Bs. As.

“Che, mirá que lo de las plantas de los pies era chiste, eh”. Al fin, Tincho responde a nuestras dudas de más arriba. “Okey”, le dice Lucía medio indiferente. El tipo prende un pucho, y con un “ya vuelvo” se va del bar. Todos nos miramos confusos… “Ya está: lo traumaste, nena”, le dice Danilo a Lucía. Todos nos reímos.

Mientras tanto, Carlota sigue inmóvil mirándose al espejo. Ya van 24 minutos, según controla César…

TOPIC 37-06

Bueno, pido dos morochas bien heladas para ayudar a fluir mi comentario sobre los aromas más preciados de esta loca vida. El mío tiene una historia peculiar pero no extraña: corría el año 1999 y ya terminaban las clases. Dos semanas antes de Navidad, me tuvieron que internar de urgencia en el Hospital de Clínicas. Allí pasé, quizá, uno de los peores momentos de mi vida: encerrado en un cuarto pequeño, viendo cómo mi madre llegaba cansada de trabajar (en Zona Sur, imaginate el viaje) para pasar la noche conmigo y no dejarme solo y abandonado en Navidad y Año Nuevo. Fue algo muy duro para mí… pero a pesar de todo, vi el amor de una madre por su hijo, el sacrificio de una persona por otra que ama, y eso es lo más bello que hay en la vida, créanme. Es por eso que el aroma que más adoro y odio al mismo tiempo es el que me proporciona un hospital. Gracias por escuchar a este pobre ebrio y me retiro, no sin antes invitarles una ronda a mis queridos amigos. ¡Chau loco!

Juan Manrique José Mármol, Bs. As.

“¡Que sea de sidra, eh!”, le aclara Toro mientras Juan le paga a la chica de aromas a miel. Según habíamos pactado, con motivo de las festividades tan sólo beberíamos fermentaciones de manzana esta noche.

Escuchemos ahora a Jorge:

TOPIC 37-07

Cuando siento el olor a gasoil recuerdo todos los viajes que hice con el bondi de mi viejo, y vaya si tengo recuerdos de viajes: Salto, San Pedro, San Nicolás, Luján, las islas en el Delta del Paraná, Santa Fe, Capital Federal… se puede decir que hace 12 años que no he parado de viajar. La vida es un viaje, y yo soy un viajero en la vida.

Jorge Elía San Miguel, Bs. As.

Seguidamente, Jorge se para y se retira “con rumbo incierto y la mirada altiva”, según sus palabras. “Hasta siempre, Carlota” le dice al otro, que sigue en su mundo mirando el espejo y, obvio, no le responde.

Hablando de viajeros, Tincho vuelve al bar. Se sienta, escarba en sus bolsillos y saca una ramita de Paraíso que vaya uno a saber de dónde sacó. “La planta”, le dice a Lucía. Silencio… y luego, logra una sonrisa tierna y sincera. Se la ha ganado: Tincho es un caballero.

TOPIC 37-08

Pocas cosas tienen esa extraña habilidad de arrancarnos mágicamente de la realidad para arrastrarnos por el tiempo hasta momentos y personas olvidadas; que uno ya creía perdidos en el pasado. Personalmente, el olor a kerosene quemado me recuerda indefectiblemente a mi más tierna infancia, cuando me acovachaba sobre la estufa de kerosene para gambetear un poco el frío de la mañana cuando debía ir a la Primaria. El olor a pólvora me recuerda a esos Año Nuevo en familia, tirando cohetes en la calle con mis hermanos y amigos, al riesgo y la emoción de salir corriendo luego de encender temerariamente ese petardo traicionero.

Ante todo, aclararé que Danilo y yo somos primos, razón por la cual hemos compartido el Año Nuevo desde que tengo uso de razón. Y fue a principios de nuestra adolescencia cuando, en equipo, comenzamos a diseñar una serie de dispositivos explosivos pegando la mecha de un petardo al cuerpo de una metralleta, formando así largas cadenas de explosiones que incluían de 10 a 15 unidades pirotécnicas interconectadas. Luego, metíamos este conjunto dentro de una botella plástica a modo de bomba molotov. Estos dispositivos fueron casi tradición familiar durante aquellos tiempos, al menos hasta que uno de ellos por poco termina en masacre… pero no quiero seguir hablando, porque Danilo suele ponerse muy sensible cuando recuerda el hecho.

El protector solar me recuerda a la playa, a ese gusto de arena y sal en la boca, al viento marino que trae pedacitos de caracol que se incrustan, con malicia, en cada rincón de nuestro veraniego cuerpo. Y coincido con un amigo nuestro en común, el Negro Dolina, ausente hoy en la mesa, en que el olor a tiza y sudor está más impregnado en las memorias que las torpes lecciones de Geometría o de Lengua.

Juan Francisco Gotelli Del Viso, Bs. As.

Estaba por responderle a Juan pero me distraje: de repente, Carlota deja de mirarse a los 47 minutos. Sorprendido, voltea nuevamente hacia nosotros y dice: “Ese espejo está averiado”. Nos miramos entre todos tratando de entender. “Querrás decir ROTO”, quiso corregir El Garco. “No no, porque roto no está, ves que no…” y entonces, señaló al espejo. Carlota no terminó sus explicaciones: nuevamente se quedó duro contemplando a ese otro Carlota que, del otro lado, también lo señalaba.

En eso, Jaime llega al bar…

TOPIC 37-09

“¿Qué hacé’, Tati? Pedime una Guinness, y si no hay, una Bock con maní. ¡Moza!… ¡Epa, pero qué buena que está la camarera! Seguro que por eso eligió este bar el Sr. Pérez.”

“No, en realidad lo elegí porque acá le gusta venir al Perú y… ¡ahhh!, ¿es por la camarera, no?”

“Pero boludo, ¿tiene perfume a miel? ¿Cuántas minas conocés que tengan perfume a miel?”, replica nuestro amigo importado. Y no se equivoca, pues no conozco a ninguna otra.

Algunos registros de mi naso incluyen el budín de mandarina de mi abuela, que es lo más. La piña colada. Y será morboso, pero también me gusta el olor de la sangre (¿será el síndrome Shinji Ikari?). Olores que me rompen las bolas: ¡lavandina en los baños, la odio! Prefiero sentir el olor a mierda y no ese cloro que te quema las entrañas. Jazmín, la única flor que no tolero, así como todo perfume hecho de esa. El olor a humanidad en el colectivo al…Como editor profesional, he limpiado y formateado el texto OCR, corrigiendo saltos de línea, tipografía y aplicando formato Markdown.


mediodía, gente atiborrada como ganado transpirando, cagándose, etc. Se entiende la idea, ¿no? Jaime Puig - Tucumán.

Hablando de concentraciones populares…

TOPIC 37-11

Cuando siento olor a porro, por ahí comento: “hay olor a recital”. Federico Bauta - Moreno, Bs. As.

Tan cierto, tan cierto…

TOPIC 37-12

¡Traé lo manise’ que los echo en el chopp (bien grasún que soy)! Por favor, adelante…

Tema interesante y extravagante este, eh… Mi nariz registra especialmente los asados. Me recuerdan esas grandes reuniones familiares en las que me mato de risa. Tarde o temprano, alguien nombraría los asados.

Bueno, apuro el trago y me paso a la mesa de enfrente a ver si conquisto a la camarera… ¡suerte! Eliseo Murriello - Bs. As.

“¡Yo la vi primero!” le grita Jaime, y a la pelea se van los dos para los banquitos de la barra a ver si tienen suerte. Hay que reconocer que la mina está terrible.

TOPIC 37-13

Otro olor relacionado con la comida (¿tendré alma de glotón?) es el de un limpiador para piso que desconozco la marca, pero es el que usan en los McDonalds, por lo que enseguida lo asocio con una hamburguesa. Pablo Terradillos - Resistencia, Chaco.

Con Guille, el artesano de la calle Bruix, recordamos bien ese olor de cuando nos rateábamos juntos y terminábamos en el McDonalds del Shopping de Palermo desayunando; actividad que luego se trasladaría, post-secundario, a ser obligatoria los viernes por la mañana. Ambos extrañamos aquellos cafeses, wafles y McMuffins.

TOPIC 37-14

¡Che! ¿No hay una silla para mí? Desde la puerta se escucha lo que están hablando. Y no necesito ni pensar la respuesta: en mi vida hay diferentes tipos de aromas. Les voy a contar unos cuantos nomás, porque si empiezo a delirar con todos los que se me vienen a la mente, se nos calienta la birra. Está el que yo denomino “olor a Tucumán”, que es más ni menos ese distintivo aroma que se siente en la brisa minutos antes de que comience a llover. Me hace acordar a mis vacaciones allá, en el pasaje Ambrosio Nogués. Los vecinos tomando algo fresco en la puerta; los chicos y chicas jugando al carnaval con baldes de agua ya tibia de estar algo así como dos segundos bajo el sol; o a mí mismo, haciendo jueguito con la pelota a lo Oliver Atom, bajo la atenta mirada de las chicas de la cuadra. También el aroma de la comida que hacía mi vieja al mediodía cuando volvía de la Primaria. Y para terminar, la fragancia del perfume de esa chica que me volvió loco desde que entré al Secundario. Y que hasta el día de hoy, que ya pasó un año de haber terminado esa etapa, no me puedo sacar de la cabeza. Esa fragancia que, para mí, es sólo de ella. Cuando la percibo, sea cual sea la situación, pienso “el perfume de Luciana”. ¡Y basta! ¡Que hable otro! Necesito birrita para ahogar mi pena… Diego Soria - Capital Federal


OFFTOPIC INVESTIGA LA PERVERSIÓN OCULTA DE LAS ESTATUAS [Con el aval de la Sociedad de Amigos de las Estatuas]


Y así Diego arranca para la barra, mientras Jaime y Eliseo se disputan el romance de una camarera que parece más atenta a su trabajo que a sus pretendientes. En fin, un Offtopic nunca estaría completo sin un corazón roto.

Finalmente, Carlota deja de contemplarse y anuncia: “Sí, sí, este espejo está averiado”. Al fin el misterio sería develado… “Porque fíjate: el que aparece ahí SE PARECE A YO, PERO NO ES YO… ¿entendés?”. “No”, le dice Erwin. “Claro, porque si te cerrás no me vas a entender. El espejo está averiado porque devuelve una imagen que no es la posta, que está mal. Ese que está ahí que se parece a yo NO ES Carlota, es falso, porque fíjate: en mi remera dice I FAKE MY ORGASMS, ¿no? Bueno, pero cuando la ves en el espejo, mirá… ¡AHÍ ESTÁ! ¿Ves? ¡Lo pone al revés! Bah, al revés no, como… Ay, no me sale la palabra… ¿Cómo se dice?”. “Espejado”, responde Erwin. “¡EXACTO! ¡Espejado! ¿Ahora entienden?”.

…y todos le dijimos que sí. ¿Para qué romper su inocente ilusión? “Yo le voy a preguntar al de la barra si me lo vende. ¡Este espejo es buenísimo, BUENÍSIMO!”. “¡Dale Carlota, dale!”, lo alentamos todos. “Pero no le digas por qué se lo querés comprar, eh. Mirá que si se entera no te lo va a querer vender”, le aclaró Cesar. “¿Qué te pensás, que soy boludo yo?”, le contestó Carlota. Y así se fue, feliz, hacia la barra…

“¿Pedimos otra?”, propone El Peru. Todos coincidimos en que es justo y necesario. “Voy yo, que este olorcito a miel me tiene loco”, dice. A los pocos minutos, nuestro amigo vuelve con otras dos botellas de sidra y, lo más importante: una confidencia terrible: “Che, no miren, eh, pero está PELELA sentado en la barra”. ¡Nooo, Pelela… y justo nosotros hablando de olores!

Contemos la historia… Una vuelta volvíamos de campamento cuando uno de los chicos nuevos (ninguno recuerda su nombre) se cagó encima en el bondi. La cosa es que el nuevo se puso la campera en la cabeza de la vergüenza, y Danilo, cruelmente, fue y se la sacó. De repente, un tufo a bosta infernal se apoderó del bondi. “¡Ehhhh, te cagaste encima y maaaal, PELELA!”, le gritó… y le quedó el apodo. Pero claro, nadie se banca ser Pelela, así que el pibe se fue al poco tiempo y, según supimos después, quedó medio traumado por el asunto.

“¡Que no nos vea, que no nos vea!”, traté de prevenir… pero de repente, un grito: “¡EEEEH CHICOS, MIREN QUIÉN ESTÁ ACÁ: PELELAAA!”, gritó Carlota desde la barra. ¡Nooo… trágame tierra! “Vení, Pelela: tengo algo buenísimo para mostrarte”, le dijo Carlota, mientras lo llevaba a los tirones a contemplar su espejo que espeja.

“La última vez que lo vi a Pelela fue en el Minisuper del Colo, en Olivera, mientras compraba unos fatay. Obvio que ni lo saludé, nos debe odiar el tipo. Y cada tanto lo veo por ahí y pienso: ‘¡Jah, ese es Pelela!’. Es como esos personajes de barrio que siempre te cruzás, viste”, nos dice Tincho, mientras abraza a Lucía.

Y, sin querer, su comentario nos arrastró a un nuevo debate… a uno que nos lleva de vuelta a nuestras calles.

“Para Raúl, el padre golpeador de Wilde”

ABRIENDO EL DEBATE: PERSONALIDADES BARRIALES

Todo barrio tiene personajes. Con un mínimo esfuerzo podemos evocar una larga lista de personas que viven o trabajan cerca, apenas conocemos y siempre saludamos. Por ejemplo, Toro comenta que es imposible pasar por la puerta de la panadería de al lado de su casa y evitar que el panadero pegue su famoso grito: “¡Qué hacés, negritooo!”. También opina que siempre hay una “chusma de la cuadra”. Nunca faltan, hay montones y son fáciles de reconocer. Siempre están ahí, a la expectativa de alguna noticia, barriendo la vereda o simplemente paradas en un umbral, esperando casual información. Lo saben todo de todos. Tal vez en realidad son parte de una sociedad secreta tipo “Gossiping International”, que, desde hace siglos, controla los destinos de la Humanidad.

Erwin nos cuenta sobre Roberto, el viejo verdulero del Moliere y Saráchaga, fana de Independiente y admirador de Gardel. El hombre tenía una curiosa frase que utilizaba para ganarse la confianza del jovencito Erwin: “¿Cómo andás, nene? ¡Sos más lindo que la mierda vos!”. Digamos que no era muy halagador, pero con eso se ganó un mínimo de aprecio que alcanzó para que, cuando su verdulería cambió por un Superchino, Erwin se negara a comer ensalada por dos meses.

Tincho, en cambio, reclama honores para Pedro, el pizzero de la famosa “La Universal”, orgullo de Floresta. Los viejos sabios que frecuentan el antro cuentan, con moscato en mano, que Pedro es en realidad un brujo que, en un momento de debilidad, vendió alma al Diablo a cambio del don de cocinar las mejores grandes de muzza que haya conocido el Hombre. Pero el corazón de Pedro es puro y sincero. Por eso se arrepintió y, en lugar de utilizar sus poderes para conquistar el mundo, decidió redimir sus actos a fuerza de fugazzetas rellenas y napolitanas con jamón. Las profecías dicen que los buenos actos culinarios de Pedro provocarán que los mismos Ángeles rescaten su alma del Tártaro y la lleven al Paraíso, donde un horno a leña celestial lo espera para toda la Eternidad.

Yo recuerdo con particular simpatía a Miguelina, una viejita jorobada que se dedicaba al servicio doméstico. Era sorprendente verla, a sus ochenta y dos años, caminando sonriente por el barrio con su clásico delantal celeste, mientras saludaba a todos. Porque Miguelina había trabajado en la casa de todos, y me incluyo. Pero un día, Miguelina no vino, y ya nunca la volvimos a ver. Todos nos acordamos de ella en la calle Lacarra.

Cuando yo era niño tenía un gusto enorme por la lectura, cosa que me llevaba al quiosco de diarios de Julio. Y ahí me pasaba la tarde, leyendo revistas de garrón, mientras Julio disfrutaba del tango y el mate. Hoy se encuentra retirado, pero de vez en cuando aparece por el quiosco y, cada vez que me ve, me saluda con particular cariño. Como quien fue testigo de ver cómo un nene que leía revistas se transformó ahora en un tipo que las escribe.

También tenemos al “Loco de la Trompeta”, un desprolijo gordito que, en la esquina de Lacarra y Rivadavia, insiste en tocar el instrumento aún sin saber hacerlo. Su desastroso repertorio es imaginable. Entre otras personalidades de la zona destaco a Vicky “la quiosquera amable”, el ya nombrado Colo del Minisuper, la Panadería de “Mano Murta” (no le funca la izquierda), Ramón el peluquero y el viejito de la fiambrería “La Holandesa”, que ya no está.

“¡Vos la pediste, vos la tenésss!” “Frodo se divierte en el Botánico” “No, Fido… andate Fido… ¡No me mires, Fidooo!”

Consultado al respecto, César observa que sus personajes barriales somos todos nosotros. Con esto nos halaga y nos invita a la reflexión…

Algún día, dentro de muchos años, volveremos de visita a nuestro barrio y veremos que todo cambió. Que las personalidades se habrán ido, que ahora nadie nos saluda y los extraños nos miran como extraños. Y que, de la misma manera que nosotros recordamos a muchos personajes que se nos fueron, alguien se acuerda de un vecino que ya no está y que somos nosotros.

Hoy, en Offtopic nos tomamos el humilde atrevimiento de homenajear a Roberto, a Pedro, a Miguelina y a Julio, en representación de tantos otros hombres y mujeres ilustres que nos hacen más linda la vida en comunidad. Porque pudieron ser profetas en su tierra, y para eso no hace falta hacerse actor o ganar al bingo. Basta con hacer más dócil la vida diaria del vecino. Por eso, sigamos saludando al tipo de la valija, al carnicero y al guarda de la Línea 107: la amabilidad es una de las virtudes más preciosas que tenemos los argentinos. Y si el tiempo se ha empeñado en olvidar a los Personajes Barriales, aquí estaremos nosotros para brindar por ellos.

Ya estábamos rajando cuando, de repente, se acerca Pelela… ¡danger! “¿Qué tal chicos, tanto tiempo? ¿Así que se siguen juntando ustedes?”. Parece un tipo superado. “Ah, sí, siempre. ¿Vos qué tal?”. “Bien, che, vine a buscar a mi novia”, y entonces sucedió: Pelela señala a la camarera que está ¡buenísima! “Me estuve cagando de risa con los dos nabos esos que se la quieren levantar”, agregó refiriéndose a Jaime y Eliseo. “¿Y la conocés hace mucho a la mina?”, le pregunta Cesar. “Y, hace 3 años que estamos. Es mi primera novia”. ¡CHAN! Coco ya miraba con esa cara de “Dios mío” que solo él sabe hacer. “Pero no sé, che, me parece que la voy a cortar. Nada, ella es divina, pero… loco, se baña con unos jabones aromáticos de miel que son ¡insoportables EN LA CAMA!”. ¡Quéeee! ¡Pelela puto! Porque lo hizo a propósito eso de decir “en la cama” bien fuerte. En eso, la camarera se despide de Jaime y Eliseo (que obviamente no lograron nada), se acerca y le dice: “¿Vamos, gordi?”. “Seh, ya va. Bueno, muchachos, nos veremos por el barrio. Y vos, Tincho, puto, ¡saludá cuando me veas en el Minisuper del Colo!”. Y así se fue, un hombre que superó el trauma de cagarse encima mal, de la mano de una chica con aromas a miel que él, en su ignorancia, no sabe apreciar. El Peru supo redondear nuestros pensamientos: “el olor a mierda le debe haber hecho mal a la cabeza al pelotudo este”.

Tincho se excusa ya que no seguirá nuestro rumbo: va a acompañar a Lucía hasta su casa. Qué caballero. Emiliano y Andrea también se van juntos. El resto volvemos a paso lento y firme por Rivadavia hacia el oeste. Cesar pregunta: “¿Y Carlota? ¿Al final no compraste el espejo?”. “No… el tipo dijo que me lo vendía a un peso, pero yo ese lo tengo reservado para la radiografía”, y nos guiña el ojo. Carlota es un tipo extraño… pero tal vez, si todos fuéramos tan inteligentes como él, no terminaríamos tantas veces frente al espejo, mirándonos como tarados, pensando de qué estúpida manera olvidamos nuestras ilusiones.

¡Mozo, otra ronda!

  • RICARDO “TATI” PÉREZ.

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