La gravedad

Por Leandro Oberto 3 min de lectura

Aun en el estado en el que estaba (ya faltaba poco para el amanecer) lo primero que me vino a la mente y que dije fue: “era previsible”.

Objetivamente no lo era en absoluto, ya que cada uno de ellos no hasta hace mucho había estado en relaciones de pareja muy largas con amigos muy cercanos del otro/a; y ambos son personas muy rectas y cuidadosas con respecto a los sentimientos.

Aun así, el desenlace en mi mente inmediatamente me pareció lo más natural del mundo. Al día siguiente, pensando en mi propia relación actual y en otras situaciones similares que vengo viendo, creí ver como una especie de pequeña revelación sobre la vida: la presencia determinante de la gravedad.

Esta fuerza probablemente es la más importante y excluyente que existe en el universo. Recordemos que, por ejemplo, la gravedad de un agujero negro es tan grande que ni la luz ni el tiempo pueden escapar a ella (¡vaya concepto!). En el vértigo cotidiano uno tiende a pasar por alto que, en el fondo, su versión psicológica —la llamada atracción— es por lógica también el eje básico de todo lo social. No digo que ciertas cosas estén predeterminadas, pero parece evidente que existe una gravitación natural a que ciertas cosas sucedan si se dan mínimamente las condiciones de acercamiento entre dos gravedades. Me animaría a aventurar que cada uno de nosotros tenemos una especie de valor numérico, de campos magnéticos, que nos acercan irreversiblemente hacia otras personas específicas si estas pasan por nuestro campo de acción. Atracción que puede evitarse según la fuerza externa que se ponga en el medio, pero que si es muy fuerte puede aniquilar cualquier cosa o que fluye inevitablemente hacia ahí si un día la fuerza que las separaba desaparece. De la misma forma que dos imanes se mueven a unísono con una madera de por medio y que se unirán inevitablemente si se quita esa madera.

La gravedad puede ser vencida, sin duda. Pero basta ver el enorme gasto de energía que le requiere a los cohetes escapar al campo gravitatorio de la Tierra para darse una idea de por dónde viene la mano. Como decía, no creo que las cosas estén predestinadas, pero creo que sí tenemos valores numéricos. Que cada uno somos un 2, un 3, un 5, etc. Si ponés un 2 al lado de otro 2 siempre va a dar 4. Creo que intuitivamente sabemos perfectamente estas cosas y podemos ver el valor matemático de las personas de cara a las relaciones y, por tanto, el resultado inevitable de poner esos dos números lo suficientemente cerca como para que sumen. Podemos ignorarlos y luchar contra ellos, pero esos valores están allí y con ellos la gravitación natural a que si se llegan a juntar den los resultados matemáticamente invariables que intuimos.

En Santa Susanna, solo en una playa desierta un tibio domingo a la tarde de otoño - Noviembre de 2006