Maitena

Una mujer superada

Por Lucía "Loo" Foos 9 min de lectura

Caminando por las playas uruguayas, con una Pilsen en la mano, uno puede encontrarse muchas cosas: piedritas, arena incandescente, caracoles, aguavivas derretidas y otras banalidades. Pero si se presta un poco de atención, y se tiene algo de suerte, también puede encontrarse con una casa de piedra y vidrio en donde vive una de las figuras de la historieta nacional más importantes de hoy en día: Maitena. Y es entonces cuando uno se pregunta si no será que todas esas banalidades esconden algo inspirador. Pues por algo debe ser que una mujer que se especializa en retratar detalles y cotidianidad vive allí.

La carrera de Maitena comenzó de muy pendeja. Durante los ‘80 publicó comic erótico en revistas under y no tanto, como eran la Humor, Sex Humor y la Makoki de Barcelona. Su carrera daría un vuelco cuando en 1993 comenzara a serializar en la revista femenina Para Ti su serie Mujeres Alteradas. Desde entonces su éxito no paró de aumentar, y hoy en día se publica en decenas de idiomas y países, habiendo recopilado tres series: Mujeres Alteradas (cinco tomos), Superadas (tres tomos) y Curvas Peligrosas (dos tomos).

Tomando agua (porque dejó de beber alcohol y también de fumar) en una terraza preciosa frente al mar, Lazer tuvo una entrevista exclusiva con Maitena, mientras la sal salpicaba la arena y las nubes hacían más soportable el verano.

¿Cómo hacés? ¿Vivís acá pero viajás a Baires?

A Buenos Aires voy seguido, por laburo, por ese tipo de cosas. Dejo todo lo horrible para allá. La última vez que estuve en un solo día me hice una mamografía, fui al ginecólogo, a la depiladora y a ver a mi vieja. Eran las cinco de la tarde y yo estaba con un bajón tremendo, y claro, después de semejante día!… Acá te tomás el cuerpo de otra manera. Camino 10km por día, no me importan los pelos; le conozco el culo a todo el mundo… (risas)

Estuviste de año sabático durante 2006. ¿Paseaste por la playa todo el día o hiciste otro tipo de laburos?

Este año fue sabático en cuanto a publicaciones diarias o semanales, pero estuve laburando mucho. No es que me la paso en la playa viendo las puestas de sol. A las 13hs llevo a Antonia [la hija menor] a la escuela, subo al taller y me pongo a laburar; incluso así laburo mucho mejor que teniendo que tomarme el subte para llegar a la oficina. En 2006 salieron dos libros: una edición de Mujeres Alteradas recopilatoria, con tapa dura, y un libro para Clarín de selecciones de todas mis series; ambos los edité yo. Escribí además muchos prólogos: para Liniers, para Fontanarrosa (una edición española), y mismo para los libros míos. También desde la Secretaría de Cultura de la Nación, creo, no sé, nunca me acuerdo, me propusieron hacer unos diseños para las tapas de unos cuentos que se regalaron en las peluquerías. De repente gente que no había leído en su vida se llevaba un cuento de Blaisten o un poema de Alfonsina Storni de la peluquería. Fue una movida muy copada, se regalaron no sé cuántos cuentos, doscientos, dos mil, era algo con dos (risas).

Es medio obvio que te pregunte esto, pero: ¿Qué opinás del manga y el anime?

Los japoneses son los más modernos y poéticos en la industria hoy. Que una persona pueda ser un río, que se manejen así con las mitologías y los diseños… Antonia y yo somos fanáticas de Miyazaki. El otro día alquilamos “El castillo vagabundo”… es divino!… Es poético. Antonia mira mucho anime y yo la acompaño. Ahora me acuerdo de Di Gi Charat, pero también le gustan cosas como Hi Hi Puffy Ami Yumi, incluso Bob Esponja… Para mí Bob Esponja es lo más. Juan Pablo, mi hijo del medio, también mira muchísimo anime. Y bueno, en lo que es dibujantes, soy una seguidora ferviente de Murata… [diseñador de personajes de Last Exile].

¿Te publican en Japón? ¿Viajaste ahí alguna vez?

No, por ahora no. Donde me empezaron a publicar es en Corea, es loquísimo. Las ediciones que tienen aparte son bárbaras; unos colores brillantes, unos amarillos, de lujo. A Japón no fui nunca pero es uno de los pocos viajes que me encantaría hacer. Ya no me gusta viajar si no tengo conocidos adonde voy, pero Japón es una de las pocas excepciones.

Otra pregunta obvia: ¿Qué se siente ser la abanderada femenina de la industria argentina de historietas?

Hay muchas minas en el mundo del comic: Patricia Breccia, María Alcobre, Isol, Petisuí. Lo que pasó conmigo es que yo hice un crossover; a las mujeres nos encanta hablar sobre nosotras mismas. Entonces a mí me empezó a leer gente que le chupa un huevo el comic. Por eso me hice una autora “popular”. Con Liniers pasó lo mismo. En Japón, por ejemplo, hay muchísimas dibujantes mujeres, y es que allá es un laburo como cualquier otro, no como acá que sos un bohemio si sos dibujante. Allá los explotan como a cualquiera.

Las lecturas de Maitena

“Tenés a los pobres mangakas encerrados en un sucucho de dos por dos dibujando quince horas por día con cinco monos de ayudantes, y que les pasan la comida por debajo de la puerta onda presos…”

¿Qué te llevó a tomarte un año sabático?

Odio las fechas de entrega. Cuando empezás tu carrera está buenísimo laburar en revistas, porque la urgencia de la edición semanal te obliga a estar dibujando todo el tiempo, y en dos años no podés creer cómo dibujabas antes. El comic es punk. Es dinámico. Leés esto esta semana y ya tenés que estar pensando en el de la semana que viene. Y yo siempre fui así, siempre cambiando de proyectos, de laburo, de marido.

Pero bueno, yo hice eso por 25 años, ya no tengo ganas de que me corran con el tiempo. Siempre digo lo mismo: a mí me encanta mi laburo, pero yo laburo por la guita. Y el día que no necesité más la guita, no laburé más!… (risas) Yo tengo la filosofía de que cuanto mejor me va, menos trabajo. No soy como esas personas que cuanto mejor les va más laburan. Ahora hago sólo lo que me gusta, lo que tengo ganas de hacer. Tengo unos proyectos, un libro, para los próximos años, pero me manejo con mis tiempos y sin apuro.

¿Qué cambió en todo este tiempo de trabajo?

El dibujo va cambiando con la cabeza de uno. Hay dibujantes que dibujan igual de los 20 a los 60 años, y es porque tampoco su cabeza ha cambiado demasiado.

¿Y cuál es la diferencia entre Mujeres Alteradas y Curvas Peligrosas?

Diez años. Es otra etapa. Otra madurez, otros problemas. Curvas Peligrosas es mi laburo favorito, un tipo de humor más acabado. El trazo mismo me gusta más: casi no hice fondos. Quería que el lector se diera cuenta de la situación por el gesto de la mina y lo que tenía en la mano, que estaba charlando con una amiga, por ejemplo. Mujeres Alteradas lo hice durante mucho tiempo; cuando me cansé quise hacer algo diario y empecé con Superadas en el diario La Nación. Lo hice durante un tiempo y luego volví a la página semanal en la revista de La Nación, y de ahí salieron los dos tomos de Curvas Peligrosas. Después de cuatro años me cansé y como soy una mina honesta lo dejé. La verdad es que me cansé del tema, lo agoté. Estoy cansada de escribir sobre los tics de las mujeres. De repente me pasa de estar con un grupo de amigos y sale algo y me dicen “¡Eso lo tenés que escribir!”. Ya está, ya fue esa etapa. Ya pasó.

¿Y en cuanto a técnica?

Hace ya varios años dejé de colorear con acuarelas. Fue un alivio porque nunca me gustó. Cuando empecé a laburar de esto las revistas se hacían en blanco y negro, y no era un trazo simple; para darle textura al blanco y negro hay que laburar mucho (en historietas como El Negro Blanco se nota, por ejemplo). Pero después empezó el agite de las revistas a color y había que colorear todo. A mí nunca me gustó la acuarela, me gusta entintar los dibujos y ya. Por eso cuando agarré el Photoshop fui muy feliz, amo ese programa. Me puedo divertir más con los colores y las texturas: en mis dibujos esas cosas son muy importantes. Yo siempre digo que no es lo mismo una rubia que una castaña teñida de pelirroja, y eso con el Photoshop lo puedo mostrar. Aparte, si te equivocás es “undo” y listo; con la acuarela cuando te equivocás es hacer toda la página de nuevo…

(Pie de foto: Maitena, su marido y Loo)

¿Y qué opinás del comic nacional hoy por hoy?

Para que haya comics tiene que haber revistas. En una época ya no quedaban revistas y yo empecé a laburar para España, y venían mis amigos y me preguntaban “¿Y? ¿Qué estás haciendo?”. Hacer historietas y que nadie te las publique es un bajón, pero que nadie las lea no sabés lo que es… Hoy en día hay toda una nueva movida de comic: el año pasado fui jurado de un concurso de revistas en Montevideo. No era de un solo comic sino de una revista que contuviera varios, con lo cual se generaban colectivos muy buenos, y el premio era la financiación para la edición. En Montevideo está saliendo una revista que me encanta, la GUACHO. Es un delirio, pero te imaginás que saldrá unas dos veces por año… Y en Argentina estoy colaborando con la FIERRO, que volvió a salir, con cosas muy copadas, artistas buenísimos. Labura por ejemplo Max Cachimba, y yo admiro muchísimo su laburo.

¿Y vos qué leés de comics?

No me gustan las novelas gráficas. Si en el globo hay mucho texto me embola, me torro. Leo historietas breves o novelas. A mí me gustan las historietas humorísticas, no las historias épicas o el detective que hace seis meses que no recibe un buen caso hasta que aparece la sombra de la mina en el vidrio de la puerta de su despacho. También sigo dibujantes: Murata es un tipo que me encanta y lo sigo siempre. De repente un comic muy largo lo miro y admiro los dibujos pero no lo leo ni en pedo, lo tengo como artbook. Prefiero un comic con trazo simple pero muy bien pensado a una demostración de virtuosismo en una historia complicada. A mí me gusta mucho el humor, las historietas cómicas. Para leer historietas prefiero el humor, si quiero una historia me leo una novela. Por eso creo que este me va a gustar (señalando la edición de IVREA de Paradise Kiss), tiene pocas palabras en los globos (risas).


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