El cierre de Magic Kids

Allá lejos y hace tiempo...

Por Mariela Carril 19 min de lectura

En Diciembre pasado se cumplió exactamente un año del cierre posta (es decir, de los telegramas enviados a todos los conductores y contratados para programas propios) de la señal de cable Magic Kids. Al respecto, se pueden tener sentimientos encontrados: amor, cierto cariño, odio, resentimiento, bronca, todo mezclado con una buena dosis de nostalgia que remite a épocas lejanas en donde se descubría con placer que el anime también podía disfrutarse en casa con solo cambiar de canal, sin videocassetteras ni copias grabadas.

Pero la historia empieza en 1995 cuando, con una fiesta inaugural en el Sheraton de Bs. As. (¡qué lujo!) Magic Kids comenzaba sus diez años de pantalla dejando en el arcón de los recuerdos al Big Channel y Nick (no el de MTV sino uno homónimo que manejaba Pramer, también dueña de Magic). A la cabeza estaba su productor ejecutivo, Jorge Contreras, un hombre con experiencia en la televisión documental y periodística, pero sin horas de vuelo en materia de entretenimiento infantil. Inexperiencia que podría llegar a superarse.

A su alrededor fue formándose un grupo de gente joven con ganas de trabajar y de crecer. Por aquel entonces gracias a Power Rangers, X-Men y Spider-Man, el canal pronto se transformó en la señal infantil que todos veían y la empresa no podía creer la de plata que entraba por el departamento comercial del Magic: la suficiente como para bancar los nuevos emprendimientos de Promofilm, la productora del canal, que en aquellos años hacía Sorpresa y media, Tiempo de Siembra, Causa Común y luego Expedición Robinson entre otros contenidos principalmente para la pantalla de Canal 13. Nacida como empresa de publicidad, había transformado a la televisión en su nuevo blanco.

La idea siempre fue contar con “enlatados” (término usado en la industria para referirse a series compradas, se basa en que al comienzo las series venían en latas similares a las películas), pero también con una producción nacional de contenidos. Programas para el público infantil que posicionaran al canal de otra forma. Además, el hecho de que fuera una señal local le posibilitaba adaptarse rápidamente a los gustos de sus televidentes, cosa que los canales panregionales (aquellos que con una única señal llegan a varios países a la vez) no lograban asimilar aún.

Así es como Magic tuvo: “A jugar con Hugo” que arrancó al año posterior al debut y permaneció hasta su cierre. “Nivel X”, el programa de videojuegos que arrancó con el cantante de El Símbolo y más adelante lo suplantaría Bobby Gomalo hizo al año siguiente y el tercero en aparecer, en 1999, fue “El Club del Anime”. Le siguieron “Throut & Neck”, otro juego interactivo tipo Hugo pero para dos participantes simultáneos, conducido primero por Mariano “Gran Hermano” Peluffo y luego por un ex participante del reality Expedición Robinson (¿alguien se acuerda del salame de Chopper?). Este duró muy poco pero hizo algo de ruido. Con Magic panregional habrían de sumarse “Zona Virtual” (reciclando a Chopper) y “Kito Pizzas”, de lo cual hablaremos más adelante.

Increíble: Gaby condujo más de seis mil programas de Hugo (Apretá cinco para entrar al psicólogo) www.emulatronia.com Nivel “Espero que les haya gustado” X

En definitiva, son diez años los que hay que recordar a la hora de hacer un análisis de lo que fue el canal, pero más precisamente de lo que significó para aquellos que gustaban y gustan hoy de la animación japonesa. Hay que pensar que a mediados de los noventas en Argentina el anime no se conseguía fácilmente. Mazinger y Robotech pertenecían a un pasado glorioso e inalcanzable y, si bien el Big Channel había dado una enorme alegría al pasarlos antes de apagarse ante la sombra de Magic (en el caso de Mazinger más bien fue una de sus derivadas: Grendizer), había mucha ansiedad si aparecía un anime nuevo en la tele en algún ignoto canal de cable.

Hoy resulta tragicómico el trajín desenfrenado de zapping y llamadas telefónicas dando cuenta de los hallazgos. Pero en verdad esto sucedía, era la regla y no la excepción. El anime en esa época se sufría, además de disfrutarse.

Pero hoy es distinto: no hay que buscarlo mucho, es cosa de todos los días y de todos los canales, el anime está allí nomás. Por eso, más allá de la bronca por lo que sucedería después con las series japonesas en el canal de la estrellita, existe una buena cuota de nostalgia. Magic dio la posibilidad única de disfrutar series como Caballeros del Zodiaco, DragonBall, Sailor Moon o Guerreras Mágicas. Enteras, o casi, y todos los días en múltiples horarios que las hacían muy fáciles de seguir. Quienes ya las conocían no pudieron creer su suerte y quienes no entendían lo que era el anime tuvieron con ellas la oportunidad de meterse en el inquietante mundo del cómic. Así que después de todo, la generación que promediaba la infancia y la adolescencia a finales de los noventas le debe mucho al ahora extinto canal.

Pero nada dura eternamente y el Magic no fue la excepción. No era un canal con abultado presupuesto en un país rico. Fue un canal pequeño en un país de economía tercermundista a pesar de lo bien que se disimulaba eso en la primavera menemista.

¿Cuándo fue el principio del fin? La debacle comenzó lentamente cuando otras señales, esta vez sí internacionales, se hicieron presentes en la grilla de programación de los cables argentinos: Nickelodeon, Fox Kids y, especialmente, Cartoon Network desembarcaron con todo.

Antes, Magic Kids pasaba una variedad de series de distinto origen, un mix que mermó considerablemente cuando las grandes productoras norteamericanas decidieron no vender más a terceros y empezar a pasar sus series solo en sus propios canales. De esta forma X-Men y las series de Marvel junto a los exitosísimos Power Rangers terminaron en manos exclusivas de Fox Kids. Según Jorge Contreras, la situación de encontrarse sin tanto material animado disponible fue un arma de doble filo: por un lado la oferta se redujo sensiblemente, pero por otro un nuevo mundo estaba ahí para ser descubierto: la animación japonesa.


Pero, ¿sabía Magic lo que era el anime? Probablemente no. Habría que imaginarse algo así como Cristóbal Colón el 12 de Octubre, descubriendo algo sin saber qué. ¿Estaban ante un éxito asegurado? Podría ser, aunque no lo sabían con certeza. No se conocían las peculiaridades de la animación japonesa, mucho menos la densidad argumental que podían traer algunas series. Sin lugar a dudas, de saberlo, hoy no existiría esta nota porque el anime le supondría al canal más de un dolor de cabeza.

Las razones son muchas y obvias: los desnudos y la violencia, por nombrar las que más sobresalieron en los medios. Torsos desnudos y supuesto travestismo en Ranma 1/2, sumado a un viejo verde coleccionista de bombachas, otro viejo verde en DragonBall, algún culo por ahí que no debía verse en Zenki, etc.

La respuesta al problema fue la censura: cortes aquí y allá no sólo de tetas y culos sino también partes de la trama volviendo incongruentes capítulos enteros. La palabra “censura” suena fuerte pero fue la palabra usada por los fans durante años. Técnicamente se trató de recortes, sí, pero el canal tuvo sus excusas: el target no permitía mostrar tales escenas y la única forma de poner las series al aire era pasándolas por la tijera. Claro que también la negativa total de segmentar al canal en franjas horarias por edades influyó en esto. La propuesta existió, pero fue rechazada.

Hay una cosa cierta: los nenes argentinos no ven en TV lo mismo que sus pares japoneses. Partiendo de la idea de que la animación no es un terreno exclusivamente infantil en Japón, hay un mar de diferencias entre aquí y allá. Llamando la atención la doble moral local donde lo que es aceptable que un mismo chico vea en series actuadas argentinas no es aceptable que lo vea en dibujos animados japoneses (ej: chistes verdes y culos). Choque pequeño de culturas que determinó el “recorte funcional” de las series para algunos, la “masacre”, según otros. Pero habría que preguntarse: ¿acaso era preferible no ver ninguna serie a verla con cortes? Es que las críticas aún hoy no cesan y se ignora que la televisión como medio es un negocio que debe dar sí o sí un rédito económico por sobre el entretenimiento. En Argentina los que ponen plata en publicidad infantil no quieren verse metidos en debates sobre la violencia, los desnudos, los chistes verdes, lencería infantil, voyeurismo u homosexualidad. Para ellos el mundo infantil es puro, níveo y algo pelotudo si se quiere, pero nunca debatible.

El resto de la historia es conocido: tras haberse nutrido de exitazos del mundo del anime (Escaflowne, Detective Conan, Slayers, DragonBall Z, Caballeros del Zodiaco, Ranma 1/2 y Slam Dunk llegaron a compartir espacio en un mismo mes), se llevó a cabo el proyecto de convertir a Magic en panregional para salir a competir de igual a igual con las otras señales. No obstante, para ello tuvieron que relegar toda su programación de entonces ya que no pudieron negociarla para emitirse fuera de Argentina. Es así como volvieron viejos conocidos como Estás Arrestado, B’t X y Voltron sumándose a novedades como Orphen, Mikami, Dr. Slump y Yamazaki. La fórmula parecía funcionar pero, ¡oh, sorpresa!, Argentina devaluó. La paridad uno a uno entre el peso argentino y el dólar pasó a la historia, triplicando los costos de las cosas importadas (como en este caso, programación). La grilla del Magic se paralizó casi totalmente, y en un año solo se pudo contar con Koni-chan y Captain Tylor como novedades fuertes. Para paliar un poco esto, se decide la creación de una segunda señal que sólo sea vista en Cablevisión y Multicanal de Capital y Gran Bs. As. Esto posibilitó el regreso de algunas viejas glorias del canal y la llegada de nuevas series, como ser Doraemon, Bucky, Hunter X Hunter y hasta el Captain Tsubasa viejo (¡por primera vez promocionado con su nombre real!). Luego esta señal se expandiría a toda Argentina, Uruguay y Paraguay conjuntamente con el estreno de Detective School Q y Webdiver. Justamente los últimos estrenos fuertes del canal, que de ahí en más iniciaría su progresivo acabose devorado por la competencia internacional y la economía antiempresa de la era Duhalde-Kirchner…

“No te asustes, sólo con el hip—o se me para”


Necrología del Magic

1995 / El nuevo emprendimiento de la distribuidora de canales Pramer y Cablevisión (que por entonces eran del mismo dueño: Eurnekian) consistía en un doble proyecto de Magic Kids y Magic Club, pero el segundo fracasó y al poco tiempo fue reemplazado por… ¡The Big Channel! Cuyos dueños le vendieron el canal a Pramer (que tiempo atrás se los había vendido por mucha más guita), y pasó a ser la “papelera de reciclaje” de Magic, ya que las series que ellos consideraban chotas (entre ellas algunas joyas como el anime Ninja Robots) iban para el Big.

1995-Junio / Se estrenó Caballeros del Zodiaco.

1996-Abril / Se estrena Sailor Moon. En simultáneo tanto por Magic Kids como por Big Channel. Aunque el único canal que la pasó completa de principio a fin fue Magic. Las etapas R y S llegaron en Junio de 1997, Sailor Moon Super S en Abril de 1998 y Sailor Stars en Julio de 1998.

1996 / Magic pone de relleno a… ¡COCOMIEL!


LAZER…

Magic Magic, la gaseosa a tu medida! No vale ni un eructo


1997-Abril / Llega DragonBall. Es la primera serie que Magic tijeretea despiadadamente.

1998-Mayo / Se estrena DragonBall Z, lo que logra posicionar al Magic entre los canales más vistos del país.

1998-Junio / Aprovechando la fiebre mundialista, Magic estrena “Goleadores”. Magic la saca del aire pasando solamente 30 de los 39 capítulos que posee la serie (¡cualquiera!).

1998-Agosto / Tras su paso por Canal 13, llegó Captain Tsubasa a Magic.

1998-Septiembre / Por obra y gracia de TMS (Tokyo Movie Shinsha), llega a la Argentina por primera vez una serie de las CLAMP: Guerreras Mágicas (Magic Knight Rayearth). Indiscutido éxito.

1998-Diciembre / Se estrena El Club del Anime conducido por Leandro Oberto. Tras hablar mal de Magic en Lazer #12, es reemplazado por Mariela Carril. El programa comenzó como un bloque maratónico de Magic, emisión de series para años más tarde pasar a un formato clásico de media hora, que incluía más producción y mejor realización (sin exagerar).

(Imagen: Logo de Magic panregional)

1999-Marzo / Llega recontra censurada Ranma 1/2. Otras series que llegaron en los meses siguientes fueron Zenki -también tijereteada-, Virtua Fighter (ambas en Abril), Pokémon (Mayo) y B’tX (Agosto).

2000 / Camada de estrenos en el Club del Anime: Detective Conan (Junio), Slayers (Septiembre) y Candy Candy! (Noviembre). En Septiembre se estrenó DragonBall GT en rotación diaria.

2000-Octubre / Magic no recibió a tiempo los últimos episodios de Slayers para pasarlos (¡cáguense por quemarla de a ocho capítulos semanales!), ¿y qué se les ocurrió para tapar el hueco? ¡PONER A HELLO KITTY! La recepción fue totalmente nefasta y el canal decide borrar a Kitty del mapa.

2001 / Más anime: Slam Dunk (Febrero) y Estás Arrestado (Abril) en El Club del Anime. También el impactante estreno de Escaflowne en Mayo.

(Imagen: Cocomiel: el icono gay de la niñez argentina.)

2001-Septiembre / Magic Kids se vuelve panregional. Se estrenaron de un saque Dr. Slump, Orphen, Mikami, Yamazaki y Voltron.

2002 / En Marzo se estrenó Koni-chan y en Octubre, Captain Tylor. Para poder renovar un poco con la menor inversión posible, abrieron una señal para Capital y Gran Bs. As. donde estrenaron Bucky (Septiembre).

2003 / Se suman Doraemon (Junio) y Hunter X Hunter (Octubre) para Capital y Gran Bs. As.

2004 / Pudieron reflotar el Captain Tsubasa clásico para Capital y Gran Bs. As. que como bonus esta vez tenía el opening y el ending original pero doblado.

2005-Enero / Los últimos estrenos del canal: Webdiver y Detective School Q.

2006-Mayo / Con una programación congelada desde hace más de un año, y habiendo dejado de emitir sus programas propios desde año nuevo, Magic Kids exhala su último suspiro catódico.

SIETE AÑOS DE LUCES Y SOMBRAS La visión subjetiva de Mariela Carril

La verdad es que después de siete largos años en el Magic, en mí no hay lugar para el odio o la bronca. Yo empecé siendo estudiante de Comunicación Social y me echaron ya como licenciada con currículo, así que de la experiencia no puedo quejarme. Trabajé durante siete años en un clima laboral muy bueno, hice amigos, novios, amantes, finalmente encontré esposo (¡sí!), aprendí, gané experiencia, me junté la plata para ir a Japón y cumplí el sueño que tenía de pendeja de participar en un programa que hablara de mis dibujitos preferidos. Porque, les cuento, todo comenzó así, con un deseo que quedó impreso en un viejo fanzine, un ciclo de anime en Fantabaires ‘99 y una llamada telefónica que a la larga fabricó el presente: esta nota que nos junta a ustedes y a mí.

Escribiéndola, yendo atrás en el tiempo y explicando un poco los pormenores del canal, me doy cuenta que un gran punto de debate existe. Ante esta realidad que acabamos de comentar acerca del nacimiento y desarrollo del Magic y esos “sentimientos” hacia la animación japonesa, ¿por qué el canal pone al aire en 1999 un programa especialmente dedicado al anime? Sí, ya sé, para muchos la pregunta es más bien: ¿por qué pusieron a ESA en lugar de Oberto? Pero bueno, paso a paso, hay partes de la historia que ustedes ya conocen: el alejamiento de Leandro es uno. Hay otros.

Es Enrique Gramajo, productor sui generis, quien sugiere la idea de producir un programa dedicado por completo al anime. Dice él que pensó que, siendo DragonBall un éxito y Sailor Moon también, se perfilaban nuevas series que iban a romperla. En cada feria internacional estaban las compañías japonesas ofreciendo sus productos y “ahora que los yankees ya no nos ofrecían los suyos… ¿por qué no?”.

Hay un campo por explorar y un mundo que mostrar. La historia posterior es conocida. Leandro ya lo relató en su oportunidad: un programa incierto que terminó frustrándolo. Releo los comentarios que escribió en la Lazer #12 y asiento con una carcajada. Lo increíble es que en esa precariedad estructural estuviéramos al aire ¡siete años! Y me refiero a muchas cosas: ahí pocos entendíamos lo que era el anime y el resto fue aprendiendo sobre la marcha y con muchos errores, si aprendía. Al principio teníamos ese croma violeta espantoso y la gráfica del programa no tenía nada que ver con el anime, después corregimos algunas cosas hasta que ganamos una escenografía con toda la fuerza de nuestros pulmones. Sí, precaria, pobre, con una computadora del año del pedo, un atril enclenque y dos sillones y una mesita afanadas del ex Sorpresa y media. Y no saben lo que era la alfombra y la cantidad de veces que antes de grabar me puse la cofia y a barrer para que no se notara la mugre. Hacía frío en invierno y mucho calor en verano, tanto que alguna vez nos divertimos tomando helado mientras el camarógrafo grababa en calzoncillos. Además, los nombres en japonés confundían a los editores, lo dicho en el informe no era acompañado por imágenes que lo apoyaran, me decían que iban a pasar una cosa, tal ending u opening original y resultaba ser la versión norteamericana con los títulos en inglés. Ese tipo de cosas que, primero me hacían largar una puteada el sábado a la noche desde el sillón del living, y después ya ni siquiera querer ver el programa. Sin contar que cuando pusieron Boca TV y El Garage en Cablevisión ya ni siquiera tenía esa opción y no veía ni uno de los errores.

De todas formas, para ese entonces absolutamente todo había cambiado en los que hacíamos el programa: las ganas ya no eran las mismas y el ánimo estaba mortalmente herido.

Pero yo sé que se acuerdan de mi moco más grande, uno antológico que me valió el odio de muchos por años: ¡confundir a las chicas Clamp con Chiho Saito! (¡No, gente, Utena NO es de Clamp! ^^) Bueno… ¿puedo excusarme diciendo que mis amigas Florencia y la ahora reconocida Pato Leonardo (la autora de Reparaciones Fina) me taladraban el cerebro con estas artistas y yo ya ponía los ojos en blanco y seguía tomando cerveza en algún bar del Bajo perdiéndome en la charla? ¿Puedo decirles que a partir de Diciembre siempre grabábamos como cuatro o seis programas por lunes para cubrir todo el verano y que el día que me confundí venía hablando sin parar desde las diez de la mañana y lo más probable es que el error lo dijera promediando las cuatro de la tarde sin detenerme a pensar? Puede que no lo acepten y sinceramente, hagan como quieran, para mí ya pasó mucha agua bajo el puente (aunque nunca falta quien me lo haga recordar clavándome un puñal ^^). Ni hablar cuando decía que Detective Conan era una divertidísima comedia…

Así sucedieron muchas otras cosas, errores que seguro ustedes recuerdan más que yo y que son válidos y estuvieron mal, así que aprovechando el espacio, vayan mis más sinceras disculpas. Sé que les di tela para cortar y verduguearme lindo.

Más allá de las faltas, mis mejores recuerdos están ligados a ese programa, al backstage, a los camarógrafos divertidos que me tocaron, a mi productor Quique, las convenciones que cubrimos, a las Noches Japonesas en el shopping de Caballito, las tardes en el Jardín Japonés o los invitados que tuvimos en todo el ciclo, muchos, sino todos, personas buenísimas. Fue sí, y no hay que perderlo de vista, un programa en un canal organizado por y perteneciente a dos megaempresas mediáticas. Como se dijo, hay que encajar un cuadrado en una estrella y muchas cosas deben sí o sí quedar afuera.

Si se hace un programa sobre anime entonces el abanico es infinito y todas las series se reducen a simples aventuras o romances o combates. Hay que hablar de mangas, de autores, de revistas de historietas, de riqueza argumental, de temas ya no tan infantiles y simplemente, no se pudo. Y he ahí el problema, grave y eterno, que se observó siempre en El Club del Anime. Quiso ser algo y terminó siendo “algo” que no encajó en ningún molde y perdió la forma en la lenta cocción de siete años al aire.

Lo bueno: atrajo gente nueva al “palo”. Lo malo: dejó fuera a muchos. El equilibrio no existió. Entiéndase: era imposible definir áreas de target diferenciado (mañanas infantiles, trasnoches adultas) en un canal con target y mentalidades rígidas. Era imposible emitir OVAS o películas por los precios exuberantes de los derechos y por el cero respaldo cuando propuse la idea. Era imposible también no repetir los primeros episodios de DragonBall antes de pasar la segunda tanda o bloque de capítulos sin romper el contrato con la compañía japonesa. Había cosas sencillamente imposibles de hacer que eran solicitadas a gritos, pero no por los más chicos (EL público al que sí habrían escuchado), sino por el grupo más numeroso y variopinto de espectadores del que el Magic no quiso hacerse cargo y que posteriormente sí tomaron señales como Locomotion o Cartoon Network.

Pero vieron cómo es el ser humano: un ser de costumbres. Y nos acostumbramos todos los días y un día el hacer el programa mejor dejó de ser prioritario y nos agarró primero la inercia y después las ganas de crecer, de hacer algo distinto, de no perder el laburo y todas esas cosas que tienen todo que ver con la realidad del país en que vivimos.

¿Pueden acusar al canal de no modificar su pensamiento en siete años adecuándose a la realidad? Sí, desde mi punto de vista se coartaron todos los intentos por renovar la señal. No había plata para comprar nuevas series pero tampoco hubo apoyo para que el único programa sobre animación japonesa pudiera explayarse a gusto sobre el rico campo que pronto otros saldrían a buscar. Con esto subrayo la falta de apoyo para no viajar al interior a cubrir convenciones, profundizar en informes brindando información seria, el desinterés por ir a eventos, hacer entrevistas a artistas nacionales, dar clases de dibujo y animación y organizar concursos, entre muchas otras cuestiones. Tanto edulcorante marca “infantil” terminó con un público al que en principio no se quería desatender y terminó a la larga con la señal.

Pero volviendo a la pregunta inicial, ¿pueden acusar? Desde el punto de vista del canal el anime fue un mal necesario en su captación del público infantil, el más fiel y consumidor de todos. A eso se reduce la cuestión. Nunca fue un objetivo, una meta, algo digno de ser conocido y mucho menos un placer.

¿Alguien del Magic pensará que tal vez estuvo equivocado? ¿Que pudieron hacerse otras cosas? Otros caminos fueron posibles en este largo tiempo que fue perdiendo brillo y destiñéndose año tras año hasta su último estertor precisamente en Diciembre. Los meses que el canal siguió al aire fueron fantasmales y sombríos. Un lento y agónico adiós en el silencio más solitario, sin público y sin programas. Así murió el Magic.

Pero reflexionemos sobre algo que nos va a ayudar a no esperar aquello que no pueden darnos: de la televisión nunca obtendremos TODO, tan sólo partes, momentos, instantes de gozo. El verdadero descubrimiento del inmensamente rico mundo del manga y el anime, lo debemos hacer solos, por afuera, no le pidamos nunca a un medio como la tele latinoamericana judeocristiana culposa y restrictiva que contemple la condición de un fanático. Se dice que no hay gloria en la victoria sin riesgos en la batalla. Sinceramente, ¿no es mejor así?