Battlestar Galactica

Quilombo en las estrellas

Por Leandro Iraizoz 8 min de lectura

A finales de la decada del ‘70, GLen A. Larson ya se encaminaba a ser una de las figuras más prominentes de la industria televisiva yankee. Dueño de brillantes ideas que lo terminarían de catapultar durante la siguiente década con “Knight Rider” (El Auto Fantástico), “Manimal” y “Magnum P.I.”, por ese entonces se ocupó de crear la serie con mayor presupuesto hasta el momento. Se trataba de Battlestar Galactica, una obra de culto que intentó aprovechar el furor de la época por la ciencia ficción.

El ambicioso proyecto tuvo varias características destacables. Originalmente iba a llamarse “Adam’s Ark”, pero el piloto que mostraba la destrucción de la Tierra y cómo la raza humana se iba a buscar un nuevo hogar fue modificado —en varios aspectos— y reciclado hasta transformarse en Battlestar Galactica. El presupuesto que le brindaron ABC (la cadena por la que se emitía) y Universal Studios para cada capítulo era abismal: un millón de dólares, volviéndose la serie para televisión más cara de la historia. Al comienzo, se popularizó apoyándose en el incipiente boom mediático que creó Star Wars.

La acción toma lugar en una distante galaxia en la que existen doce asentamientos humanos llamados “las doce colonias de Kobol”. Cada una de ellas un planeta en sí, lejos de vivir pacíficamente, se encuentran en guerra con una raza cibernética llamada Cylons. Pero parece que la disputa —que lleva más de un milenio— está a punto de acabar porque ambas partes están cerca de firmar un pacto que termine con la violencia. Bastante ingenuos o boludos (hablando en criollo), los habitantes de las colonias son emboscados justo cuando estaban escuchando “We are the World… We are the Children…”, próximos a fumar la pipa de la paz con los robottos.

Izq: el comandante Adama Der: El Capitán Apollo y el Teniente Starbuck

La traición de los Cylons desata el caos y trae consigo el exterminio de las doce colonias, dejando un puñado refugiados en la nave de guerra “Battlestar Galactica”. Existe la leyenda sobre una decimotercera colonia oculta en algún lugar del espacio sideral. Se trata del planeta Tierra.

Inicialmente, Galactica nació como una película para televisión. En realidad es como si hubiesen emitido los tres primeros capítulos de un saque para ver qué onda. Algo muy común en esa época. Incluso en algunos países, como España, fue proyectada en cines. La misma narraba el primer tramo planteando la guerra y la traición de los Cylons para que la serie de TV continuara con el viaje hacia la Tierra a lo largo de sus 21 entregas de una hora promedio. Entre los protagonistas, todos actores con mucha chapa, se encontraban Lorne Greene (Bonanza); Richard Hatch (Las calles de San Francisco); Dirk Benedict (Face en Brigada A) y la joven Jane Seymour, futura estrella de la Dra. Quinn.

Por aquel entonces, Israel y Egipto se encontraban en medio de un conflicto bélico que decidieron solucionar con la mediación del presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter. El día que se estrenaba el primer capítulo, fue cortado por un último momento contando los pormenores de la noticia internacional. Ahora había judíos y árabes cantando… “We Are the World…” Con un arranque en falso, el augurio no sería el mejor. Tuvo una buena audiencia al comienzo pero la trama no iba para atrás ni para adelante, lo que implicó que la gente se aburriese más que viendo dormir a 20 monos en la casa de Gran Hermano. El rating, en descenso, no alcanzaba para costear la fortuna que valía producir cada entrega.

Con la historia inconclusa, varados en medio del espacio, los tripulantes de Battlestar Galactica anclaban en la primera YPF interespacial que encontraron para atracar ahí por un rato. No obstante, las competidoras CBS y NBC, después de su cancelación, quisieron contratarla para emitir como relleno en sus midseasons. Todo quedó en la nada.

Una de las grandes polémicas generadas por la serie fue cierta disputa que Larson tuvo con George Lucas. Al ver cómo venía la mano, el padre de la franquicia galáctica más próspera puso el grito en el cielo. Carlitos Monti, haciendo trencito con la Rocasalvo de la época junto a los gossip show hacían correr el rumor que Lucas iniciaría acciones legales porque se sentía altamente choreado. Todo quedó en la nada, ya que era inviable cualquier tipo de juicio. La reacción fue muy exagerada, no obstante “Battlestar Galactica” anduvo caminando por los límites provocando suspicacias. El papel del Comandante Adama, uno de los principales, fue ofrecido a Mark Hamill, el actor que encarnó a Luke Skywalker. También modificaron la denominación del jefe de los Cylons. De “Imperial Leader” a “Imperious”, porque sonaba muy a Star Wars y obviamente se iban a dar cuenta del afano. Otra cuestión fundamental son las moralejas dejadas al final de cada emisión. Debido a las creencias Mormonas de Larson, se puede ver una gran influencia de su prédica. La terminología empleada en muchos casos también tiene esta procedencia.

Ya en 1980, Larson y compañía intentaron revivir esta joyita a la que tanto ímpetu habían puesto y tanto cariño le tenían. Lamentablemente, resultó en otro bodrio aún peor que el primero y fue levantado con solamente 10 capítulos al aire. No es para menos, ¡los actores de 1980 ni siquiera eran los mismos de la primera temporada! A líneas generales, lograban llegar a la Tierra para encontrarse con una tecnología muy antigua comparada con la de:

  • “Estuve probando un nuevo acondicionador”
  • *“Le corto el pasto, jefe? Baltar Lee “Apollo” Adama

las colonias. De hecho, en la primera serie se da a entender que los egipcios fueron los que llegaron, se estrellaron con una nave y tuvieron que asentarse… Poniendo en peligro a los pobres habitantes de la Tierra, que nomás quieren bailar música ochentosa, hacerse peinados batidos, y escuchar al Puma Rodríguez. Ahora deben evitar que los Cylons hagan percha nuestro planeta. Esta secuela llevó como nombre “Battlestar Galactica 2” y fue mejor conocida aún como “Galactica 1980”. Según los fans, el único capítulo zafable es “el retorno de Starbuck” donde se narra en flashback cómo el protagonista de la primera temporada se estrella en un planeta desierto, con un Cylon de única compañía (muy al estilo Enemigo Mío).

El fracaso mantendría congelada la saga por un buen tiempo. Ambas temporadas se vieron en Argentina a comienzos y mediados de los ochenta con cierto éxito. En Buenos Aires las emitió Canal 13.

La siguiente entrega “Battlestar Galactica: The Second Coming” se dio recién en 1999 pero no se trataba de ningún proyecto televisivo ni para cine. Era el esfuerzo de Richard Hatch por mantener en la memoria popular uno de sus papeles más recordados mediante un corto que mezclaba imágenes de la serie original con algunas animaciones en CGI. El tipo puso la guita de su bolsillo!!! Fue furor en cantidad de convenciones de sci-fi pero fue prohibido que se exhibiese por televisión o por Internet. Esto avivó giles pensando en un relanzamiento a futuro. De hecho, el fenómeno de culto tendría una película en 2001, pero la idea fue abortada a último minuto.

Battlestar Galactica durante el año 2003 regresó a las pantallas estadounidenses tras estar guardada en el freezer (oficialmente) por años. Ronald D. Moore (Carnivàle), su actual productor y guionista, decidió retomar la historia luego de participar en varios proyectos del rubro. Para tantear el producto, nuevamente se emitió primero una miniserie de cuatro capítulos de aproximadamente una hora y media, que arrancan la historia igual que la serie del ‘78, con algunos pequeños retoques sumados a una trama más actual, adulta y compleja. El ambiente de por sí ya es mucho más oscuro. En este caso, la guerra con los Cylons lleva 40 años, resultando vencedores gracias a un virus informático que plantan en el sistema de defensa humano. Sin chance de réplica, las colonias son devastadas. Pero el comandante William Adama, repliega lo que queda de la población en la Battlestar Galactica que, siendo una nave antigua, estaba funcionando como museo sin conexión a la red. Aparte, muchos personajes fueron rediseñados cambiándoseles el sexo. Algo que inquietó a los fans más cerrados.

Las trolas Cylons “Número Seis” y “Número Tres”

La repercusión obtenida por la miniserie logró que 2004 fuese EL momento de esplendor. El mismo cast se hacía partícipe en la primera temporada saliendo al aire de la mano de The Sci-fi Channel en Estados Unidos. Los roles principales del comandante Adama, capitán Starbuck y el capitán Apollo recaen en: Edward James Olmos (Miami Vice); Jaime Bamber (Ultimate Force) y Katee Sackhoff (Max Bickford). Esta vez, el buen gusto, los geniales guiones de Larson y Moore fueron ajusticiados por muy buenas actuaciones, escenarios y efectos. En 2005 -año que coincidió con su segunda temporada- fue considerada la serie del año por varias revistas especializadas y por la mismísima audiencia. Hoy en día, a la mitad de su tercera tanda, se confirmó que durante 2008 se contará con otro bloque de episodios. Lo más lógico, debido a que sigue siendo una de las series pico en su país natal.

Kara “Starbuck” Thrace y Sharon Valerii o Sharon Agathon o Number Eight

En Argentina se ha podido ver íntegramente por las pantallas de TNT, que incluso ha adquirido su tercera temporada, comenzando a emitirla desde el corriente mes. Por último, todavía en forma de piloto, se está especulando con la aparición de Caprica, un spin-off de Galactica. El mismo está situado 50 años antes de los eventos originales. La idea a líneas generales de esta precuela es contar el inicio de los Cylons, donde dos familias crean esta nueva vida artificial para ponerla al servicio del hombre en un pacífico planeta. Inicialmente, iba a ser una serie independiente que cayó en manos de los productores de la NBC. Ágiles, invitaron a su creador a encontrarse con Ronald Moore con quien, al cabo de unos meses, dieron vida a Caprica. Sin fecha de estreno aún, se espera que se ponga al aire luego de una posible película de Galactica que saldría solamente para video y DVD.