Diez años
La vida de los seres humanos es algo extraño, curioso e ininteligible. Nos pasamos años tratando de comprender cuál es la razón por la que estamos aquí, incluso intuyendo con cierto miedo que probablemente no haya tal razón.
De hecho, en el fondo, intuimos que conceptos en los que basamos nuestras vidas como razón, moral, orgullo, bien, mal, justo, injusto no son más que inventos de nuestras mentes humanas y cosas inexistentes en el plano objetivo del universo que nos rodea.
Ante un panorama tan complejo de digerir para nuestra inusual mente humana (víctima de su propia maduración y toma de conciencia de la existencia) no es de extrañar que se haya buscado desde tiempos inmemoriales —y cada vez con más fuerza— encontrar formas de alejarnos de nuestra conciencia racional. Formas de dejarnos llevar por nuestras emociones, nuestras descargas químicas más animales.
Las fiestas, en este contexto, es fácil comprender que son vitales para nuestra existencia. Hace pocos días una organizada por nosotros me lo recordó muy claramente. Lazer Maniacs, especialmente en su sección Night, estuvo de la reputa madre.
La fórmula era vieja como el mundo: una sala con música, alcohol y ganas de divertirse. Pero tenía un condimento adicional: sinceridad. No estaba el triste caretaje que tantas fiestas caga. Era como estar en una fiesta de amigos, solo que… ¡había 1500 amigos!
Desde los ochetosos temas de Robotech y Saint Seiya, pasando por los Narutos y Death Notes hasta llegar a ese final, pogueando todos en la pista con Pink Floyd y coreando Queen, Lazer Maniacs transpiró una energía y positivismo que hacía mucho no sentía. ¡Gracias a todos los que vinieron, gracias por bancarnos estos 10 años! Miraba esa pista, esa gente que a las 6 de la matina seguía bailando y pedía más y me maravillaba de saber que habíamos conseguido hacer algo distinto, algo que no sucedía con eventos de anime en ningún otro lugar del planeta.
A lo largo de estos 10 años de Lazer han habido muchas alegrías, pero también muchas pero muchísimas broncas, angustias, frustraciones, stresses… Esa noche, sin embargo, sentí que todo había valido la pena para llegar a ese punto, a ese momento. ¡Gracias gente, gracias equipo, no cambien!
(che, les debo el lazermail de este número! Perdón, es que estoy hasta las manos, en la próxima Lazer vuelve).