Lazer Mail
Tarde de sábado, poco inspirado y corrido por los tiempos me siento a escribir este Lazermail. Es irónico cómo uno en realidad da lo mejor en cuanto a escritura cuando tiene tiempo libre (y por tanto no le están pasando demasiadas cosas interesantes) y lo peor cuando está sobresaturado de cosas copadas de todo tipo. En una época recuerdo que llevaba diarios personales de mi vida y había llegado a la conclusión de que esta realidad ineludible generaba que quedaran extensamente redactados los días aburridos y mínimamente reseñados los días más fantásticos. Dando así la impresión —si se los leía tiempo después— de que la vida en ese momento había sido bastante un embole… jaja, puta vida y sus ironías.
La verdad que este último mes ha sido exageradamente delirante en mi vida. Emprendí un viaje de negocios a Japón y Corea acompañado por primera vez por mi viejo amigo y compañero de demencias, Eduardo Di Costa; pensando en este viaje como el cierre de una etapa, el fin de un círculo y hasta evaluando dejar Ivrea tras eso. Sin embargo, una tarde veraniega en la zona de Odaiba (la bahía de Tokyo) tuve una especie de revelación… unas palabras se formaron en mi mente de forma clara y nítida, y emitieron dentro de mi cráneo un sonido ensordecedor: “¡¡¡¡PERO QUÉ PELOTUDO!!!! ^_^”. Sip, caí en la cuenta que estaba haciendo cualquiera, esto no era el fin de nada. ¡Era el comienzo de todo! Nunca iba a dejar Ivrea, yo amo esto y lo haré hasta el fin de los tiempos. Esto era solo una más de mis cíclicas crisis.
A partir de allí todo tomó un aire surrealista… un día Takehiko Inoue estaba haciendo la seña de “metaaaal” tan típica de Edu; al otro estaba comiendo un asado con chimichurri y chorizos en Jiyugaoka en una mega fiesta con gente de todo el mundo celebrando el cumple de una amiga de infancia que no veía hace años y que ahora está viviendo en Tokyo; otro día estaba a las 3am en un Shopping reheavy en plan “consti” de Seoul escuchando cómo bardeaban todos los comerciantes a Edu diciéndole “¡Eh! Kenny G, come here!”; otro me encontraba totalmente borracho volviendo en subte hacia el hotel en Shinjuku tras irme de “tapas” en… Roppongi; en algún momento estaba cantando re-posicionado “Only you” de The Platters (Los Plateros) en un karaoke koreano… Recuerdo también una tarde estar discutiendo sobre el tamaño de los penes occidentales en comparación a los orientales con una koreana de una editorial en un asquerosamente elegante bar de un hotel 5 estrellas; otro día pasear por Akihabara de traje con 15 bolsas de Transformers recién comprados; un bar atendido por minitas cosplayers que cantaban y gente que les seguía el juego. Aeropuertos, valijas, fronteras, pasajes y gente de lo más variopinta cambiando una y otra vez la realidad del entorno hasta no entender más de dónde venía y hacia dónde iba… Hasta un día de la semana pasada terminar despertándome en un auto al lado de un enoooooorme y majestuoso lago en pleno corazón de Finlandia, salir descalzo, mirar esos bosques agrestes de verdes nunca vistos, de reojo una entrada para el recital de Genesis que debía ver al día siguiente en Helsinki y a mi quasi ignota compañera de viaje Mikaela durmiendo en el coche (hoy gran amiga y la más atenta y orientada copiloto que tuve nunca en un viaje) y pensar… “¡¡WOOoohh????” (¿qué esperaban? ¿algo profundo?).
Bueh, pero lo profundo (si se puede decir así) se los digo ahora: nunca tengan miedo de vivir, hagan cosas… para eso estamos acá, ¿no?
Hola, sí, ¡para la chica de 17 añitos del Lazermail! ¡No temáis princesa que yo en mi cierre poseo la gran espada, que os protegerá de todo mal, manteniéndoos alejada de toda bestia humana varonil, que sea capaz de dañar a tierno capullo. Para ello he de estar con mi espada en la mano día y noche!!! Bueno, dicho esto me presento: soy Néstor de Isidro Casanova, el motivo de este mail es para dejar mi opinión de varias cosas! ¡Primero putearte a vos, don señor Leandro Oberto! ¡Por muchas razones de las cuales no doy cita!
Empiezo: si me pongo a pensar, el tiempo que pasó, desde que compré mi primera Lazer (la #17), la verdad que han pasado muchas cosas que marcaron mi vida para siempre. Recuerdo que cuando la compré, mi vida era muy tranquila (en comparación con ahora!), aunque nunca con problemas. Pienso que uno siempre los busca cuando no los tiene. Yo era bastante pendejo en aquel entonces, tenía 17, era el año 2000 y empezaba a enamorarme por primera vez (una gorda que siempre vivía contando a mis compañeros cómo cogía con su novio). Yo la amaba; estaba obsesionado con ella! En fin… me acuerdo que me repajeaba con los dibujitos obscenos que pusieron en aquel polémico número. ¿A qué quiero llegar? Hoy tengo 22 años, en todo este tiempo la vida me dio muchas vueltas: hoy soy padre soltero de gemelos (¿castigo divino o bendición? No lo sabré hasta que muera), por el momento sin empleo fijo, ¡haciendo changas! Yo ahora pienso en esa piba del correo que dice que es virgen y tiene miedo. ¿Qué dirá cuando tenga 23 y esté toda rota? En aquel año yo les mandé una carta reinocente felicitándolos, ahora los felicito pero más quiero compartir con vos Leandro, el pensamiento de cómo nos trata, y trató, la vida. Yo creía, cuando era más pequeño, que cuando tuviera hijos iba a tener una esposa hasta que me muera. Ahora veo que no suele suceder lo que uno espera o imagina. Cuando mi ex estaba embarazada creía que me iba a casar… ¡¡¡las bolas pasó!!! Se fue a vivir lejos. Se llevó a mis hijos… No consigo un buen empleo, y todavía la sigo luchando. Jamás esperé que me sucediera esto, pero así es. ¡Y todavía sigue! Debo decir que mi situación económica fue muy inestable en los últimos tiempos. Hubo un tiempo que la Lazer no la pude comprar, y soy uno de los causantes de que vean a la revista en Parque Rivadavia. ¡Perdón, necesitaba la plata! ¡Perdón! ¡No, Leandro noooooo!! Me dolió mucho! Me sentí humillado, pero bueno… pienso que ayuda a crecer y sí que ayuda, pero no hace bien. La vida es dura, y muchas veces te da cachetazos que vos no sabes por qué. ¡Pero espero, como vos dijiste, que haya veces que te dé recompensas! O como dice un tema: “Tu vida siempre fue así, te da y te quita por nada!”.
Bueno, cambio el tema. Yo nunca me hice presente en algún evento de ustedes, pero esta próxima fiesta quiero estar. Así que pasen más metal, yo soy muy powermetalero; háganle un espacio digno, aunque sé que es un boliche y no puedo exigir demasiado. Espero hijo de puta que leas esto. ¡Contestame con un “puto”! O algo. Si es así te escribiré con mejor onda, y ojalá puedas publicarme para que los guachos se rían! No escribo más, es muy largo. ¡Adiós!!
Mmmm… a ver, ¿qué más puedo contarte?… ¡Sí!… Quiero desmentir una leyenda urbana que lleva tiempo circulando… ¡¡¡Los alemanes no son todos unos cerrados y fríos de mierda!!!! Obviamente que hay tipos y tipos… pero la mayoría son re buena onda. Por ejemplo, yo me llevo rebien con mis compañeros de colegio (y solo los conozco desde hace 3 meses)… también me metí en un equipo de rugby y la gente es re buena onda… aunque son todos un poco más grandes (lo bueno es que como la mayoría tiene trabajo, después de los partidos la cerveza la pagan ellos… ¡yupiii!). Y llegamos a la cerveza… jeje. Quiero confirmar que la cerveza alemana es, sin dudas, superior a la argentina (¡y tiene casi el doble de alcohol!). Pero, comparada con la cerveza de acá, la Quilmes no está tan lejos. (¡viva el sabor del encuentro!). Otra cosa que quiero comentar… si alguno de los lectores está a punto de empezar a aprender alemán, ¡¡¡que ni lo intente!!!… ¡¡¡Es el puto idioma más complicado del mundo y la puta madre que lo re parió!!!… Antes, que se ponga a estudiar chino mandarín, japonés o taiwanés… que lo parió… estos son unos complicados de mierda pero de a poco lo voy asimilando… jeje (como si me quedara otra… si no llego a aprender alemán, cuando vuelva mi viejo me va a colgar de las pelotas desde la punta del obelisco)… que se le va a hacer… fui yo el que quiso venir acá (y no me arrepiento). Bue… voy a terminar acá con este mail kilométrico porque si no no salgo publicado ni en pedo… jeje.
Cuidate loquito, ¡que sos mi ídolo!
P.D: Marce, ¡sos un HDP!… me debes los scans de la Lazer que te pedí, ¡forro! Que acá no la puedo conseguir (¡igual te las banco todas man!… ¡sos mi BF ever!).
P.D.D: Seba, ¡vos lo que me debes son los mangas de Ranma, guachín! Más vale que los tengas listos para cuando vuelva. (¡igual también te banco cualquiera!… ¡sos mi otro BF!).
P.D.D.D: No fumes, no te drogues, no tomes sandía con vino… ¡pero si lo haces, hacelo con amigos!
P.D.D.D.D: Si no me lo publicás mirá que te mando a mis amigo’ lo’ nazi a que te recaguen a palo!
11 de septiembre de 1986: llego al mundo. En 20 años de existencia he tenido tantos triunfos y fracasos que uno difícilmente puede comprender cómo caben tantas anécdotas en tan ¿corto? tiempo. Si uno hiciese un repaso de lo que ha sido mi vida hasta ahora, lo bueno y lo malo por igual, sin dudas podría decir que no tengo nada de qué quejarme. Crecí en un buen entorno, fui a un buen colegio primario donde hice buenos amigos, y a otro buen colegio secundario donde, entre buenos amigos, también hice un par de enemigos y me llevé un muy buen recuerdo; estuve de novio cuatro veces y me dio bola esa que todos querían y nadie podía tener; estuve donde todos quisieran estar, al menos, una vez en la vida (sí, en Tokyo) y vi al Papa (Juan Pablo) de cerca; una sola mina llegó a cagarme cuatro veces en un solo mes, llegó a arruinar mi relación con dos de mis “mejores amigos”, y yo me enteré por intervención de un brujo; salí con la más santa y con la más puta; he estado involucrado en más de un insólito accidente y vivido para contarlo siempre sin lesiones; he hecho cosas de las que no estoy orgulloso, como comerme a la mina que le gustaba a un amigo (mi código moral se ha fortalecido exponencialmente desde entonces), y otras que me llenan de orgullo, como haberle dicho que no a la mina que me había gustado por años cuando estaba yo de novio (y no en los mejores términos); viví para ver tocar en vivo a Iron Maiden y Dream Theater y nunca vi ni voy a ver a Metallica; incluso soy de una generación que puede jactarse de haber crecido mamando cultura de los 80’s; empecé una carrera y la dejé para cambiarme, no sin antes irme a pasar tiempo con un primo que vive afuera; me gusta el cine, la literatura, la televisión, la música y todo el arte en general; no fumo, no me drogo, soy divertido, hago ejercicio, estudio y no tomo… tanto… tan seguido. Ejem.
Un breve pantallazo. Cuán nostálgico podría ponerme (pues estoy en edad) y empezar a contar tantas anécdotas; particularmente empezando a los 13 ó 14 años, pues es cuando, habiendo pegado el estirón, empiezan a entrar mujeres en la vida de uno. Y sí, nos guste o no, por lo general todas las anécdotas importantes/interesantes que tenemos para contar empiezan y terminan con nombre de mujer.
Luego de tantas cosas vividas, tanta experiencia, tantas emociones y lecciones aprendidas, uno creería que hay cosas que ya deberían haber quedado atrás; cosas que no deberían ser más que anécdotas. Esto nos trae a mi ridícula situación presente. No niego que podría ser mucho más divertido contarte la anécdota del brujo y las injurias que me fueron practicadas (así como un amplio catálogo de cagadas de autoría propia), o tal vez de cómo carajo hice para llegar al otro lado del mundo; cómo eran mis peleas de secundario, o algunos de mis fatídicos romances que fueron y no llegaron a ser (que no son pocos), o uno de los miles de puteríos en los que me he visto involucrado; incluso, tal vez, qué tal estuvo el recital de Iron Maiden y cuánta bronca le tengo a Metallica por haber dejado un hueco tan grande en mi adolescencia.
Me intimida una mujer. Helo ahí. Me siento el doble de estúpido al leerlo, pues seguramente no llega con la misma dosis de comedia con que entono la frase en mi cabeza. Es sencillamente ridículo. No tengo problemas de autoestima. No demasiados, al menos. No tengo problema en hablar con una mujer. Hasta hace unos días no sabía qué era lo que sucedía, pero finalmente me di cuenta, charlando con un compañero, que me intimida una mujer. Es compañera mía en una sola clase. Al principio, me llamó la atención y sencillamente comencé a mirarla porque bueno, eso es lo que hacemos, ¿no? Eventualmente, sin embargo, me di cuenta (o me maquiné y quise creer, a esta altura ya no estoy seguro qué es realidad qué producto de mi neurótica imaginación) que me devolvía las miradas. Y entonces sucedió lo impensado: comencé a perder los duelos. Sí, esos clásicos duelos de miradas. Estoy seguro de que los has tenido. Claro, el problema es que no puedo saber si no está pensando en realidad: “¿qué mira este cara de zapato?”. Creo que si no hubiese pasado de eso, bueno, podría haber seguido siendo una situación divertida, anecdótica. No, claro, el problema es que hace unos días se me ocurrió sentarme al lado de ella y cuando terminó la clase, con cara de piedra, proferí el infame, clásico y ocasionalmente efectivo “¿Che, sabés cuándo es el parcial?”. Error. Terminé pidiéndole unas fotocopias que necesitaba (en serio), y cada vez que he hablado con ella desde entonces, sólo siento mala onda (a saber indiferencia) en las pocas palabras que cruzamos. O algo así. Esto me pone nervioso, pues me he dado cuenta que todo esto, sumado a cómo se ve y la puta mirada que tiene, me resulta sumamente interesante, terriblemente atractivo. Y yo, que teóricamente no me paralizo ante nada (creo haber olvidado mencionar mi desconmensurado orgullo), me vuelvo un idiota, me siento como en la secundaria, como en mis peores épocas, cual Ichitaka Seto, cual Peter Parker… no hago nada bien. Te juro que es una paja. Pero también es un poco divertido (para mis amigos, sin duda). Es particularmente interesante cómo me hago la cabeza con cosas como “Es obvio que tiene novio” o “Mirá si me va a dar bola” (manera de pensar que me ha hecho perderme grandes cosas en el pasado). Y es particularmente molesto para una persona que piensa que “es preferible arrepentirse de lo que hiciste que de lo que no hiciste”.
En fin, no hay mucho más que contar, pues lo más anecdótico no sucede en la realidad, sino en mi retorcida mente. Hoy le devolví lo que me había prestado con un simple “gracias” (para evitar decir o hacer pelotudeces) y finalmente tiré la toalla. ¿Lo cómico? Yo estaré loco, pero puedo jurar que me sigue mirando, si es que alguna vez lo hizo. Y, por supuesto, me cuesta más que nunca devolver la mirada. Pero aún hay esperanzas. Sí, claro, habiéndome dado por vencido, empecé a hablar con una de sus compañeras que está bastante bien y al menos es un poco más simpática. Y bueno. Tampoco para guardar luto, viste. Los 20 no me los devuelve nadie. Si esto llegara a ser publicado, espero de todo corazón que nadie relativamente cercano lo lea (a excepción de una que otra persona), y si es así, pues bueno, estoy acostumbrado a que mi vida sea el espectáculo de otros. Y mío propio, sin duda. Un saludo y espero poder asistir a la próxima Lazer Night, ya que veo que me anduve perdiendo bastante fiesta. ¿Y para qué estamos en esta vida si no para divertirnos un poco cuando podemos?
P.D.: Nada de lo que dije arriba es mentira.
Punto final a este Lazermail, será hasta el próximo…
Acuérdense que el 8 de Julio es la gran fiesta gran por los 10 años de Lazer. Ahí estaré para gritar, bailar y conducir cosplays sobrio y/o borracho hasta que salga el sol. Cópense y dense una vuelta. Todos los datos Lazer ManiaX especial de 10 años de Lazer (con segmento Lazer Day y Lazer Night) y cómo comprar entradas están en nuestra web y en la publicidad que sale en esta Lazer.
Abrazo grande gente, gracias por leernos y bancarnos tanto tiempo.
LEANDRO OBERTO