Seres humanos

Por Leandro Oberto 2 min de lectura

Viendo desde la ventanilla de un avión, en esa especie de trance que se alcanza contemplando cuando ya llevás muchas horas de vuelo, muy seguido me intriga ver lejanas luces perdidas de ciudades que seguramente nunca conoceré, playas blancas solitarias y ventosas aparentemente casi inaccesibles, desiertos que parecen ser de nadie y que sin embargo son caminados por gente a diario, pueblitos nevados en las laderas de montañas que parecen inmóviles… cuántos lugares que probablemente no haya tiempo en una vida de recorrer… Y todos y cada uno de ellos son la cotidianeidad más obvia y tradicional de alguien. Todos tienen la historia, los sueños, amores, frustraciones y alegrías de alguien.

Cuanto más viajo y más lejos me voy; más veo cuán iguales somos todos los seres humanos. Apenas rascando la pintura de cada sociedad se encuentra siempre lo mismo. Las mismas pasiones, problemas, dudas, confusiones, miedos, alegrías y calor humano en todos.

Viajar te hace comprender y mantenerte consciente de que nuestra realidad y cotidianeidad es solo una realidad más entre muchas otras igual de válidas; te abre la mente como ninguna otra cosa. Nada de lo que nos rodea sea probablemente mejor o peor, superior o inferior a lo que hay en otros lugares, simplemente es aquello que le tenemos cariño por la fuerza de haber crecido rodeados de ello.

Ahí afuera hay muchos sabores, aromas y sonidos nuevos esperándonos, hay imágenes tan majestuosas y sorprendentes que la más cara cámara digital nunca hará justicia, hay labios desconocidos que esperan besos, lenguas que quieren contar sus historias, manos y cuerpos que se moverán de formas que no vimos antes.

Hay seres humanos. Por encima de toda estúpida división hay seres humanos apasionantes.

En las cercanías de Pulkkila, una mañana de domingo cumpliendo 24 hs. despierto — Finlandia, junio de 07.