Gokinjo Monogatari

Glamour desde el barrio

Por Brenda Figuerola 6 min de lectura

Se sabe que Yazawa la peleó desde abajo, que a los 18 años publicaba historias cortas en la Ribon de Shueisha y más de una vez tuvo sugerencias para que dejara el oficio, por su insistente aspiración a convertirse en diseñadora de moda paralelo al ‘hobbie accesorio’ como mangaka amateur… Le costó mucho hacerse de un respeto y más aún de una fama como la que tiene en la actualidad, y el primer escalón a todo este reconocimiento lo dio en 1991, con una historia llamada Tenshi Nanka Janai! (¡No Soy Un Ángel!), que esboza las líneas generales de la mayoría de sus historias: la vida cotidiana —y no tanto— de jóvenes que debaten muy ligeramente temas existenciales en el singular ambiente de colegios/universidades particularmente liberales.

Pero el hitazo, digamos, lo dio recién en Febrero del ‘95, con el preludio de la todavía impensada Paradise Kiss. Estamos hablando de Gokinjo Monogatari (El cuento del vecindario… así suena terriblemente grasa, pero hay que añadirle plumas, brillantina y los delirios de diseñador típicos de la autora), el primer manga de su autoría que se ganó una invitación al prometedor mundillo de las historias animadas. Serializada por el lapso de cuatro años (1995 a 1998) en la citada Ribon, y recopilada más tarde en siete tomos.

Gokinjo Monogatari se abrió paso narrando el camino de Mikako Koda en el ya conocido Instituto Yazawa, una especie de terciario especializado en diseño, y la eventual creación de ‘Akindo’ (comerciantes), un grupo que busca materializar la gran variedad de diseños de los protagonistas, y venderlos en una feria artesanal en Tokyo. Mikako es una especie de imagen especular de la autora, podríamos afirmar, porque su mayor aspiración es convertirse en diseñadora de ropa (tiene el nombre de la marca que va a producir y todo, ‘Happy Berry’) mientras que su madre es mangaka, y cada tanto la insta a que siga el oficio. Curioso eso. Como ya se habrá notado, esta Mikako no es sino la hermana mayor de Miwako (ojo con la w), que en ParaKiss se enorgullece unas cuantas veces de la consagrada diseñadora que tiene en la familia, y le ofrece a Yukari modelar en la pasarela de ‘Happy Berry’.

Con esto ya tenemos spoileado parte del final de Gokinjo Monogatari, pero la esencia de esta historia pasa por otro lado. A diferencia de Paradise Kiss, hace hincapié en un complicado pentágono amoroso que en la secuela no existe. Asimismo, la problemática no está en qué hará Mikako con su vida sino en cómo lo hará; ella tiene clarísimo que quiere ser diseñadora, pero no sabe si cuenta con el talento necesario; la madre es un desbole y reincide en desalentarla, y para colmo se encuentra con que le preocupa —mucho más que el destino de su futuro— el que un viejo amigo de la infancia, Tsutomu Yamaguchi, le empiece a gustar unilateralmente. A este punto, Gokinjo Monogatari plantea un dilema común a muchos mangas —y común a la vida—, que es el de descubrir a quien realmente se ama en el exacto momento en que se lo cree perdido. El manga, en efecto, se inicia con ese planteo: de repente, Mikako ‘redescubre’ cuán atractivo está el amiguito Tsutomu (luego de que medio instituto señale que el pibe es parecido a Ken Nakagawa, un cantante idolatrado del primer trabajo de Yazawa, ¡No Soy Un Ángel!), pero como toda la vida suprimió la posibilidad de verlo de esa manera… Deja escapar la oportunidad de confesarse, y Tsutomu entra a salir con una adinerada senpai, Mariko Nakagasu (que es conocida en el Yazawa como ‘buen-cuerpo-Mariko’). De todas formas, por mucho que Mikako se torture en silencio, la relación no dura, en parte porque Tsutomu está igualmente enamorado de ella, y con el tiempo y unos cuantos avatares (en el que está metido Yuusuke, el mejor amigo de Tsutomu, también estudiante del Yazawa) empiezan a salir promediando el tomo tres. Pero resulta que en este momento entra en escena Ayumi Oikawa, también futura diseñadora del Yaza, que viene a ser algo así como la chica perfecta (bella, dulce, comprensiva, inocentísima… y, encima, dueña de un mini atelier recauchutado como el que el grupo necesita).

En el marco del desarrollo profesional y la preparación para la vida, Gokinjo Monogatari cuenta una bella historia cuyos nexos con ParaKiss no se agotan en el origen de la protagonista. Nos enteramos, por ejemplo, del porqué del logotipo de ‘Happy Berry’ (el ángel con labios remarcados) que abunda en ParaKiss (es el resultado de un pedido de Tsutomu a Ayumi, la encargada del diseño, de que copiara los labios de Mikako); se exhiben algunas de las manías neuróticas de conocidos profesores del Yaza (la profesora Hamada o Seiji Kisaragi) o se expone la tirante relación de las hermanas ‘Kouda’ con su padre, del que Miwako en Parakiss recuperará el apellido ‘Sakurawa’. Una referencia más exacta nos dará el personaje de Hiroaki “Toku-chan” Tokumori (vecino de los protagonistas y mediador de sus frecuentes peleas pseudoamorosas), que será el padre del Hiroyuki Tokumori que completa el triángulo en Paradise Kiss, o los también futuros padres de Arashi Nagasi de ParaKiss, los punks Risa y Takeshi.

Gokinjo… contó no solo con un anime de 50 episodios que fue producido por Toei (emitidos por TV Asahi del 10-09-1995 al 01-09-1996), sino también con una (ladri) película de 30 minutos, también producida por Toei en Marzo del ‘96, que básicamente ofrece otra versión del inicio del manga y del anime en la historia, sin grandes consecuencias. La calidad de animación de ambos productos es bastante representativa de la época (poca fluidez en los movimientos, super deformed por doquier y escasos detalles en los primeros planos), lo que contrasta con los cuidados diseños de Yazawa en el manga, su uso de la fotografía en los entramados y esos personajes flacos muy flacos que ha convertido en su marca distintiva. No obstante, el anime obtuvo una notable popularidad, preparando el camino para Paradise Kiss, y sobre esto podríamos comentar un dato interesante: en el 2005 —oh, qué casualidad, en mitad de la emisión del anime de ParaKiss y justo después de la primera película de Nana—, Gokinjo Monogatari se reedita, en versión deluxe.

Los estudiosos de Yazawa aseguran que el alma de su trabajo está en Gokinjo Monogatari, lo que no sería tan desacertado: durante el transcurso de esta historia la perspicaz mangaka hizo a un lado sus sueños de triunfo en el mundo de la moda y se erigió un lugar como artista del manga; algo de esa transición habrá dejado en Gokinjo…, siendo que la mayor parte de los tomos están integrados por capítulos que se llaman ‘Lo llamado amor / felicidad / triunfo / desafío…’, etc. La misma Mikako, en un momento clave del relato, se dice a sí misma: “Sentí que el principio de mi vida estaba terminando. La verdadera lucha empezaba de aquí en más…”.