Suzumiya Haruhi no yuutsu

¡Se escapó una loca del Moyano!

Por Maximiliano Ferreira 8 min de lectura

Pero cuando uno se cruza con una de esas excepciones, estas mismas condiciones hacen que brille como el oro mismo. Algo así pasa con Suzumiya Haruhi no Yuutsu, o “La Melancolía de Haruhi Suzumiya”.

Nacida de las letras de Nagaru Tanigawa, y de los diseños de Noizi Ito (Shakugan no Shana), esta obra surgió en forma de “ranobes” (novelas con ilustraciones estilo manga orientadas a jóvenes-adultos, similares a las de Full Metal Panic y Slayers) en las páginas de The Sneaker, revista japonesa de la editorial Kadokawa Shoten dedicada a publicar este tipo de historias; y tuvo su primera recopilación de capítulos en Junio de 2003. En la actualidad, las historias de Haruhi se publicaron en un total de nueve de estas novelas, con una décima anunciada para este mes. Pegaron tanto que recibieron varios premios importantes en su país natal, y ello originó una serie de adaptaciones a diversos medios.

En Septiembre de 2004 vio la luz el primer —y único— tomo recopilatorio de lo que sería el primer manga de Haruhi, con nombre homónimo al de la primera novela y realizado por Mizuno Makoto. Pero a Kadokawa Shoten le pareció una mierda y canceló el proyecto, descatalogándolo de inmediato. Después de esto, los de Kadokawa se tomaron un par de sakes, pasaron el mal bocado, y decidieron volver a intentarlo. Esta vez de la mano del no tan conocido diseñador Gaku Tsugano, y en las mismas páginas de la revista Shonen Ace (punto de partida de famosísimas series como Evangelion y Blood+), oootra vez bajo el mismo nombre, volvería Haruhi al campo del manga, lanzando su segundo primer tomo (?) el 22 de Abril de 2006, extendiéndose hasta la actualidad con tres tomos recopilatorios en su haber.

La historia de Suzumiya Haruhi no Yuutsu (de ahora en más Suzuharu, por favor) nos mete en la piel de Kyon, un pibe común y corriente, algo despreocupado y que hasta el momento llevaba una vida de lo más normal. Hasta el momento, bien dicho, porque a partir de su primer día de clases en el instituto, día en el que conociera a Haruhi Suzumiya, los mismos serán de todo, menos normales. Haruhi se presenta ante el resto de la clase afirmando que no está interesada en los humanos comunes y corrientes, y que sólo busca aliens, viajeros del tiempo, o gente con poderes paranormales. Después de esta bizarra presentación (y de avisarle a los del Moyano que se les escapó un paciente), el que se puede alejar de ella, lo hace y el que no, de seguro liga alguna puteada o bajada de mambo por el sólo hecho de ser un simple humano. Por supuesto, el único que logra entablar una conversación con la histérica de Haruhi es nuestro protagonista, Kyon, quien, al hacerlo —y sin saberlo— está desencadenando una serie de sucesos que en su puta vida se hubiera imaginado protagonizar. Con el pasar de las semanas, en base a distintas charlas cortas y visto que Haruhi no se decide por ningún club de la escuela ya que todos son demasiado normales, Kyon inconscientemente le tira la idea de armar su propio club, a lo que Haruhi responde con la creación del SOS Dan (Brigada SOS), sigla de “Sekai wo Ooini Moriagerutame no Suzumiya Haruhi no Dan” (algo así como “Para salvar al mundo con una sobredosis de diversión, la brigada de Haruhi Suzumiya”), y cuyo objetivo es el de encontrar seres sobrenaturales y pasar un buen rato con ellos (con carpa, pero en realidad se rascan las bolas a cuatro manos). Una vez establecido el club, pero sin saber aún qué actividades realiza el mismo, Haruhi se encarga de reclutar a los tres miembros que completarían el elenco protagónico de la serie. Mediante “arrestos voluntarios” como ella suele llamarlos (con carpa, siempre con carpa), terminan siendo literalmente arrastrados al club la inocente y tímida Mikuru Asahina, la inexpresiva y de pocas palabras Yuki Nagato, y el simpático y despreocupado estudiante de intercambio Itsuki Koizumi. Lo más loco de todo esto es que justamente estas características tan comunes son las que hacen que Haruhi se fije en ellos. Pero no todo es lo que parece y poco tiempo después de fundado el club, Kyon se entera que sus miembros son cualquier cosa menos personas normales. Mikuru se revela como una viajera del tiempo que fue enviada para estudiar una extraña distorsión espacio/tiempo que parece haber sido provocada por Haruhi. Por otro lado, Yuki resulta ser una forma de vida orgánica construida por La Entidad Responsable de la Integración de Datos (acá se mandaron una carpa demasiado compleja), seres sin materia que creen haber encontrado en Haruhi la clave para superar la auto-evolución. Finalmente, Itsuki dice formar parte de una agencia especial de gente con poderes paranormales quienes ven a Haruhi como un dios.

Traducido: Mikuru viene del futuro, Yuki es un alien, y el galán de Itsuki es un chabón con poderes. Si bien los tres tienen teorías diferentes, coinciden que interactuar en forma directa con ella sería muy peligroso y, por sobre todo, que la persona más extraña en el grupo es Kyon quien, por ser el único totalmente normal, podría ser la clave de todo. Lo irónico de esto es que Haruhi, quien ve fenómenos paranormales en las cosas más comunes, jamás sospecha nada de estos tres, y es Kyon quien se ve afectado por todos los hechos extraños que suceden a lo largo de la historia, sin que su compañera jamás se entere. A partir de entonces, más que develar todos estos misterios, la historia se centra en las aventuras del club y cómo Kyon ve que lo que alguna vez llamó realidad parece derrumbarse frente a sus ojos, mientras que la falta de sentido común y de lo que es capaz de hacer Haruhi por conseguir sus fines parece no tener límites. Al ser Kyon narrador protagonista de la historia, el espectador tiene acceso a todo lo que él ve y todo lo que él piensa, dejando a relucir el lado humano de un pibe que no entiende absolutamente nada de lo que está pasando, sin mencionar que estos pensamientos son un verdadero cago de risa y aportan la mayor parte del aspecto cómico de la historia, siendo el resto una extraña mezcla entre ciencia ficción y bizarrez absoluta.

La adaptación animada que refleja el mundo de Haruhi es, indudablemente, a la que debe la mayor parte de su rotundo éxito. Llevada a cabo por Kyoto Animation, bajo la dirección de Tatsuya Ishihara (Air, Kanon), con diseño de personajes de Shoko Ikeda, y contando con una espectacular banda sonora dirigida por Yota Tsuruoka (Vandread, Stratos 4, Hellsing y un largo etc…), se estrena en Japón el anime de Haruhi que se extendería a lo largo de 14 episodios desde el 02-04-2006 al 02-07-2006. Su adaptación contempla el argumento de la primera novela, y distintas historias cortas sacadas de la tercera, quinta y sexta. Más allá de lo bien adaptada que resultó, esta versión cuenta con una calidad superior al promedio. Hay un rasgo bastante peculiar que la convierte en la serie más innovadora de su temporada, y es el hecho de que los capítulos fueron emitidos en un orden completamente diferente al de las novelas. Si bien hay un orden cronológico que deberían seguir, por alguna razón —o porque el que tenía que ordenar los capítulos se puso en pedo la noche anterior— los episodios se transmitieron completamente desordenados. Por poner un ejemplo, el primer capítulo vendría a ser el onceavo, y último, el sexto (!).

Igual, esto es “disfrazado” ya que en el avance del episodio siguiente, Haruhi y los demás se pelean por ver qué episodio poner antes de anunciarlo.

Es lógico pensar que innovar en tantos aspectos es una tirada de cabeza a la pileta por parte de la productora, pero la pileta vacía se transformó, en un abrir y cerrar de ojos, en un mar de yens, dólares, y euros. Es increíble la cantidad de fanáticos que surgieron gracias al anime de Haruhi. Fue una explosión de adictos que se expandió cual incendio en maderera, y que en la actualidad sigue reclutando fieles. A meses de su finalización, se convirtió en el anime más popular en su país natal y automáticamente formó una pseudoreligión bajo el nombre de Haruhiism, donde Haruhi es el Dios de todos los que deciden unirse a ellos, los autodenominados haruhistas. El fandom mundial se llenó de estos Haruhi-religiosos, y los cosplays de los personajes de la serie empezaron a copar las convenciones. La comunidad animera de internet dio un giro de 180 grados; todo el mundo quería saber quién era ese pintoresco personaje que figuraba en cada sitio relacionado, y actualmente, más de uno debe estar preguntándose cómo hizo para que Google le tire más resultados a ella que a Sailor Moon! (y no es joda).

En menos de un año, este ciclotímico e infantil personaje logró lo que muchos nunca podrán lograr: éxito y reconocimiento. Aun así, con toda la presión que este éxito le significa a cada uno de los responsables del “efecto Haruhi”, una segunda temporada del anime fue anunciada para la primavera de este año. Todas las fichas están puestas en esta nueva serie de aventuras, y las expectativas son múltiples. Ella puede elegir el camino que sea, porque tiene la llave de todas las puertas, y el seguir comprando fanáticos no va a ser problema de dinero.

Con su carisma es suficiente porque Haruhi, como pocos, brilla como el oro mismo.