Lazermail
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La soledad es un concepto ciertamente difuso. Más de una vez he oído y comprobado cómo se puede estar en medio de una habitación llena hasta las bolas de gente y sentirse solo. También he oído y comprobado cómo en el medio de algún inhóspito lugar sin un solo ser humano en kilómetros a la redonda uno puede sentirse acompañado.
A veces por voluntad propia, otras por devenires de la vida, nos alejamos de todos y nos sentimos solos.
Uno de mis instintos más básicos durante la mayor parte de mi vida probablemente fue la necesidad loca e imperiosa de escaparme de mi hogar y emprender un nuevo viaje, una nueva aventura. Pero (¡qué contradicción!), para disfrutar de esas aventuras necesitaba saber que tenía un hogar, una vida a la que regresar.
Ya alrededor de mis treintas llegó una época en la que tuve que enfrentarme sin querer a la situación más temida: a que no hubiera nada demasiado sólido a lo que regresar. Una y otra vez las puertas de donde se recogen las valijas en los aeropuertos se abrían, era siempre de noche; una multitud de gente se sacudía delante de mí examinando mi cara en busca de reconocer en mis rasgos a quien esperaban, otros levantaban carteles con nombres escritos en distintas lenguas y caracteres. No miraba hacia nadie de todos ellos, me dirigía absorto en mí mismo a la cola del taxi, sabía que no había nadie esperándome. El taxi me llevaba hasta casa, y por supuesto no había nadie para recibirme dentro. Me tiraba en un sillón, ponía música y miraba de reojo mi cuadro de neón. Había vuelto de otro país, de otro continente, de lo que fuera en esa ocasión… no había nadie a quien tuviera demasiado sentido llamar a esas horas para decírselo.
Y tampoco había familiar alguno en esa ciudad.
Los días se convirtieron en meses, los meses en años, la vida cambió una y otra vez. Amigos, amigas, amantes, novias fueron y vinieron. Pero llegó el momento donde me había convertido en una criatura adaptable. La soledad era fantástica por la libertad que te daba, la compañía era fantástica por el calor que te transmitía. Cualquier situación era buena. ¿Era éste el objetivo de la vida? ¿Ser capaz de llegar a poder disfrutar de ella en todas sus variantes? Tal vez. Sin embargo, como todo en este mundo, es complejo y su respuesta dista de ser básica. Lo reconozcamos o no, todos somos adictos. Ser adaptable significa que tarde o temprano vas a extrañar eso otro que también te hizo feliz. Todo aquello que nos transmite felicidad o nos genera emociones profundas se las ingenia para aferrarse a nuestras venas y generarnos adicción. Tal vez lo fácil sea hablar de adicciones al alcohol, drogas de ocio o drogas recetadas, pero lo cierto es que principalmente somos adictos a millones de otras cosas mundanas que van desde nuestras costumbres diarias a sensaciones intensas que queremos repetir. Y por encima de todo ello está el amor. El amor es ciertamente la droga más adictiva de todas, y el síndrome de abstinencia de él, el más grotesco y horroroso de cuantos haya (particularmente la abstinencia del amor pasional -el de pareja-, pero no exclusivamente). No obstante, la libertad le está siempre pisando los talones en nuestra lista de adicciones.
El problema es que lograr que estas dos adicciones coexistan pacíficamente es probablemente la tarea más titánica a la que nos enfrentamos en nuestras vidas. Horas de pensamientos, infinitas salidas de bar, charlas interminables de teléfono o MSN, diarios personales, cigarrillos y bebidas solitarias; parecen estar siempre y eternamente inundadas en una u otra encarnación de este conflicto. Un conflicto de proporciones dantescas cuya solución, muchas veces, se siente que roza la utopía. Pero el problema es que nuestra felicidad depende en un grado demasiado alto del talento que tengamos para identificar las fronteras de esta coexistencia, de aceptarnos a nosotros mismos y hacerle entender al mundo lo que anhelamos que sea esa coexistencia.
Hay madrugadas que llegás a tu casa cargado de energía positiva de una fiesta, de una salida, y por un instante efímero te parece haber comprendido el mundo. La coexistencia pacífica entre nuestras adicciones se siente muchas veces igual de efímera.
¡Cartas, damas y caballeros, comienza el Lazermail!
¡Bueeenas…! ¿Así que los cosplayers somos una tribu urbana ahora? ¡Mirá vos, hago cosplay hace como 7 años y recién ahora me vengo a enterar! Pero déjense de joder, ¡qué sarta de pelotudeces que se están diciendo últimamente por ahí. Tribu urbana, por ¡Diooossss! Sinceramente, escribo este mail bastante indignado, primero para darles mi opinión al respecto, y segundo para pedir la opinión de ustedes y de los lectores, porque tal vez yo estoy pensando en caliente y no estoy en lo correcto enteramente. Como todos ya habrán visto, estos últimos tiempos los programas de televisión y las revistas se empapan con notas y más notas sobre las denominadas “tribus urbanas”. Que Emos, que Floggers, que Heavies, que Altos Cumbieros… y no sé a quién se le ocurrió la brillante idea de incluir dentro de esta categoría a los Cosplayers (muchas veces mal llamados “Otakus”). Esto, para mí, es algo totalmente fuera de lugar, y tengo mis razones para pensar así. Primero, el cosplay existe en Argentina hace bastante más de una década, por lo tanto no somos una “novedad”, y menos una “nueva tribu”. Estamos desde mucho antes que los “brand-new” Floggers y Emos (en mi época les decíamos Chetos y Darks, ¡ja!). ¡Salgan del termo, periodistas “cool”! Segundo, uno supuestamente no puede pertenecer a 2 tribus urbanas: un Emo no puede ser también Alto Cumbiero, un Rockabilly no puede ser al mismo tiempo hip-hopero, y así. Si yo pertenezco a una tribu, en todo caso me considero Rollinga, pero hago cosplay, y la mayoría de mis amigos o conocidos dentro del fandom son Emos, Floggers, Rollingas, Heavy, Dark, Cumbieros, Rastas, Otakus o lo que se les ocurra, y también hacen cosplay. A lo que voy es que el cosplay es un hobby que nos une, sin importar cuál sea nuestra onda, no nos diferencia del resto de los seres humanos, cosa que sí llega a suceder con las verdaderas tribus. Y esto me lleva al tercer punto.
La mayoría de las tribus tienen una tribu o más enemigas, incluso pueden llegar a armarse bardos muy jodidos con sólo cruzarse por la calle. Emos versus Floggers, Rollingas versus Cumbieros, neonazis de borcegos con cordón rojo contra neonazis de borcegos con cordón negro… ¿Cuáles serían nuestros enemigos? ¿La gente que va de civil a los eventos? -"¿Así que no te disfrazaste? ¡Tomá, guacho! ¡Te cago a trompadas! ¡Te tiro un Meteoro de Pegaso!" ¡jaja! Y por último, pertenecer a una tribu es supuestamente una forma de vida, es decir, uno es hip-hopero, Flogger o Rollinga las 24 horas del día. Pero ni yo ni ningún cosplayer que conozca va al laburo o la facu con la peluca de Goku o el casco de Power Ranger, ¿no? Por eso repito, el cosplay me parece sólo un hobby sano, divertido y que nos une sin importar qué otra cosa hagamos de nuestras vidas. Y por eso me calienta que nos encasillen en algo que no creo que seamos, y me gustaría que los chicos que van a representarnos a los programas de Susana Giménez o Chiche Gelblung, si están de acuerdo con algo de lo que digo la próxima vez se lo hagan saber a la gente, en vez de quedarse calladitos ante la ignorancia y dejar que nos hagan ver como pelotudos o enfermitos. Bueno, listo, ya me descargué, gracias por leerme, un gran abrazo para todos y espero verlos pronto.
¡Exclusivo! Oberto confiesa “Me enamoré de una vampira”. ¡Imágenes ya! Te felicito, Leandro, me alegra que estés feliz, y gracias por compartirnos algunos pantallazos de tu historia en el prólogo del último Correo (Lz55).
Felicitaciones también por la publicación de Dragon Ball, luego de tanta lucha y laburo. ¡Aguante Lazer y todo su equipo, que está cada vez más arriba!
(sí, el mismo de Lz-52-03, y de varios otros mails solo leídos por tus ojos pero esta vez con nueva dirección de mail). ¡Un abrazo a todos/as!
¡Maldito Leandro Oberto! ¡No pusiste a Bulma en pelotas! Era lo que estaba esperando de la Lazer, jeje (re paja). ¡Sé que muchos de los lectores me darán la razón!
Bueh, eso nada más, ¡te quería decir que sos un forro! Gracias por leer el mail (si lo leíste) y espero algún tipo de respuesta (o que me publiques) y que expliques por qué ilusionás a tanta gente jeje.
Desconozco cuán a menudo leen correos como este pero allá voy… Desde la salida de la Lazer #34, que fue antecedida por una tragedia conocida por todos, hasta el día hoy, estuvo pasando por mi cabeza el escribir sobre mi parecer de la metamorfosis de la revista. El disparador para que finalmente me haya puesto a escribir fue algo que leí en un foro que no me acuerdo cuál es, en el cual metido en la discusión estaba un odio hacia la editorial que yo no conocía. No me inquieto, no soy boludo, sé que uno escribe lo que se le canta en Internet y muy pocas veces recibe una respuesta que abra un auténtico debate, especialmente cuando todos los interlocutores opinan lo mismo y se expresan de la misma manera. Obviamente todo esto tenía que ver pura y exclusivamente con la cuestión “precios que suben”, la cual me toca como consumidor de Lazer, Eva y Vagabond. Pero como lector de Lazer me preocupa otra cosa; no sé si la palabra es “preocupación”, no me sale otra. Leo “la” Lazer desde que tengo 11 años, allá por el ‘99 empecé con el #12, el Kenshin. Esta revista tuvo un protagonismo esencial en mi vida por diversas razones, la más importante fue que me hacía divertir. Sí, tan boludo y esencial como eso. Había un humor e ingenio que me re enganchó, junto con información que también me interesa leer. Me acuerdo que leía el No Podés! de la #16, el de la revista de Beta X y de la Cosmopolitan, cada vez que quería cagarme de risa. No recuerdo en cuál número fue (después compré los anteriores al 12) pero siempre tengo presente el “dejá la revista y andá a decirle lo que sentís a la persona que amás”, no porque lo hubiera hecho en ese preciso momento, sino por el quilombo que armó. Me genera algo de nostalgia, es mucho tiempo el que paso. El día de hoy veo una revista distinta, que realmente no me divierte de la forma que lo hacía antes. Soy realista y pienso en el hecho de que quizás yo cambié demasiado, lo cual es muy probable, pero la realidad es que como todos ustedes también cambiaron y nosotros lectores lo vimos, porque ustedes siempre fueron transparentes en lo que hacían, la forma en la que lo hacían, todo lo que se te pasaba por la cabeza, Leandro, mientras verías cómo tu emprendimiento iba transformándose en la empresa que es hoy, y ¡MIERDA QUE ESO ES IMPORTANTE! El poder leer todas las locuras por las que viviste, más transparente que eso no se puede ser. Me fui al carajo, ¡retomo! Desde mi papel de humilde lector sólo puedo decir lo que pienso y pienso que los cambios que sufrió “la” Lazer a mí no me convencen. Considero que perdió mucha de su identidad, de las cosas que hacían que la eligiéramos de entre las demás opciones. Esto es exclusivamente Lazer como publicación y no a sus otras encarnaciones (fiestas, blog…), por las dudas. Planteo esto porque considero que, si les interesa, ustedes pueden lograr la genialidad que tenía antes la revista, OJO, no estoy diciendo que hay que volver para atrás, sino buscar qué la hizo “única” antaño y, teniendo en cuenta el pasado y el momento actual en el que vivimos, recuperar la calidad e identidad que poseía la revista. Por supuesto me pueden decir que soy un pelotudo, que la revista está mejor ahora que antes, sale a tiempo y demás, la cosa es que yo no opino eso y respeto a quienes sí. Yo sólo pretendo exponer lo que pienso (calidad antes que cantidad, si vienen juntas mejor) porque esta revista me importa; si así no fuera ni siquiera la compraría. Y escribo porque les tengo un profundo respeto, por su laburo y por cómo la editorial creció por ese laburo. Bueno, qué más puedo decir, creo que ya es suficiente. Nos leemos después.
Oba Oba.
En la Lazer de Septiembre (que se vendió como pan caliente) escribiste que te gustaría que dijéramos qué vemos en Lazer. Yo lo veo como una de mis prioridades para el entretenimiento, la sección que más me gusta es la sección de correo. Me mato de risa a veces y otras reflexiono sobre algunos temas que se tocan, siempre coincidiendo en algunos casos y en otros no. Pero con la satisfacción de que no soy el único que en la vida no necesitó tomarse la pastillita roja (tema tratado por unos de sus lectores) y que piensa en que a los niños no tenemos que aislarlos de la realidad, que lamentablemente dentro de esta realidad hay violencia; y que nada tiene que ver con el mundo color de rosas que a veces cometemos el error de dibujarles a nuestros hijos. Coincido con vos y con Mirta (Lz-55-09), y agrego que ellos ya pasan nueve meses dentro del útero como para crearles otro cuando salen del mismo.
Peores son los programas en que hacen plata con la discriminación, tocando el tema siempre de la niña que reúne características que no encaja con el estereotipo y la estereotipada (ejemplo Patito Feo). Quedaré como un amargo, pero lo veo así, al menos el anime y el manga no fomenta la discriminación, que es una de las peores enfermedades de nuestra sociedad. Como padre, uno no puede prohibir que vean estos programas, pero al menos tratar de, como decís vos, crear canales de comunicación para que al menos de esa lacra televisiva (Patito Feo) aprendan lo que es la discriminación y de lo que se pueden llegar a enfrentar en algún momento de sus vidas. Obvio que el problema lo pueden estar pasando, y con esto caen en la trampa de sentirse identificados y engancharse con el programa, proyectando así sus frustraciones en este. Pero como padres, es nuestro deber cumplir con el rol de guía siempre hasta que crezcan y vuelen solos, caigan, se golpeen y remonten vuelo de nuevo. Y para terminar, y volviendo a un tema que siempre tratás, me parece positivo que expreses que es una boludez eso de tirar abajo lo que miran otras personas, como si ver Evangelion o Macross te va a dar más categoría que uno que mira Pucca, Naruto o Dragon Ball. Y es la misma mierda de los que por leer Borges o Cervantes se creen más intelectuales y superiores que uno que lee Patoruzito o Lazer. Yo disfruto tanto de un libro de García Márquez como esta revista y muchas otras. Lo importante es divertirse, pasarla bien y encontrarle el lado dulce de la vida. No fue nada original esta misiva, pero bueh, no busco sorprender a nadie.
Saludos. PD: ¿Para cuándo una adaptación al cine del Chapulín Colorado personificado por Ben Stiller o el Chavo del 8 con Adam Sandler? ¡Me fui al súper carajo nivel 4!
Bueno, por hoy voy a dejar el existencialismo para responder a tu pedido de la Lazer #55 de que te digamos qué es lo que le vemos a la revista. Recuerdo que en una Lazer, ya hace bastante, dijiste que no tenía sentido reimprimir la Lazer #1 porque Lazer es una revista de actualidad. No estuve de acuerdo en ese entonces, y tampoco lo estoy hoy. Esto no es así, simplemente porque las notas de actualidad son sólo una pequeña parte de la revista. Desde Los Pitufos hasta Buffy, desde Sledge Hammer hasta He-Man, desde Bumpty-Boo (¡sí, yo también lo veía! :D) hasta Seinfeld, Lazer me permitió no solo recordar todas mis series favoritas, sino adquirir una visión global de las obras (cosa que no es fácil de hacer cuando por ahí estás viendo un capítulo por semana durante varios años), para finalmente analizarlas desde mi perspectiva actual. De alguna forma, Lazer me ayudó a ordenar y entender mejor mis recuerdos. Pero el valor de la Lazer no se limita al análisis de la actualidad y de la historia de la animación. Quisiera destacar que los epígrafes de las fotografías de las notas y los ¡No Podés!, junto con tu Editorial y el Lazermail son prácticamente atemporales: podés volver a releer el de cualquier Lazer y vas a encontrar que algo te hace cagar de la risa y/o reflexionar como si fuera la primera vez que lo leés. Además, para mí la Lazer es la única revista que, además de informar y entretener, cuenta con algo del valor agregado que tiene una buena obra literaria, el cual viene dado por las reflexiones, los comentarios y las opiniones emitidas por vos, los autores de las notas y los lectores.
PD: Como todos, yo tengo una serie favorita de mi niñez de la cual aún no se habló en la Lazer (¡Las Patoaventuras, aguante McPato!), por lo que procedo a realizarte el pedido de nota correspondiente. También podrían hablar de todas las historietas de Disney que se vendían por acá en los 80’s. Finalmente, creo que estaría bueno que realicen un índice de las series que han sido tratadas en cada número (que podrían subir a la página web). Así sería mucho más fácil para nosotros saber qué Lazer tenemos que comprar para encontrar determinada serie, no los molestaríamos pidiendo notas de series que ya realizaron. Para hablar de cualquier cosa, pueden escribirme a disconaf@yahoo.com.ar. Parafraseando a Rocío Iglesias de la Lz-55-02, voy a agregar: ¡¡especialmente damas de 18 a 30 años!! (yo tengo 26 años)
Ok, termina así el Lazermail de este número. Como siempre, les recuerdo que para estar al tanto de las fechas de salida de Lazer y novedades de Ivrea, así como interactuar un poco con nosotros, pueden visitar nuestro Blog Lazertopia, que se accede desde www.revistalazer.com.ar. Gracias por leernos y bancarnos, gente. ¡Será hasta la próxima!
LEANDRO OBERTO