Oba oba! Es verano y, como ya es costumbre, mi vida pasa por alguna catástrofe!


Por Leandro Oberto 2 min de lectura

Existe una escuela de pensamiento que afirma que cuando uno hace algo por los demás o por creer que está bien, en verdad no es un acto desinteresado sino el producto de nuestro propio egoísmo y deseos. Si haciendo algo por los demás o por alguien te sentís bien o mejor que no haciéndolo, entonces eso que hiciste no es realmente desinteresado o idealista sino tu mera elección de realizar aquello que te da más placer, aquello que te hace sentir mejor. O sea, en el fondo sería el acto de egoísmo e hipocresía definitivo. A lo largo de los últimos años, poco a poco, comencé a creer en esa forma de pensar… Hasta que una serie de sucesos de carácter sentimental, laboral y familiar en los últimos meses hechó totalmente por tierra cada una de mis teorías. Me vi por vez primera tomando decisiones en las que creía profundamente, en las que sabía que estaba haciendo lo correcto, pero que el llevarlas a cabo únicamente me causaron, tal como preví, dolor, angustia y vacío. Fue entonces cuando recordé una frase que había oído y leído infinitas veces pero que jamás había logrado comprender su intensidad hasta entonces… “Si hice lo correcto entonces por qué me siento tan mal?” Que forro que soy… o quizás, simplemente, a lo mejor, soy menos mierda de lo que pienso… Sin embargo, después de todo el mundo tal vez tiene cierta justicia poética… repasando y recordando también comprendí que paradójicamente lo mejor que me pasó el año pasado fue consecuencia de una acción genuinamente desinteresada e idealista de mi parte. En Fin… no pretendo llegar a ninguna conclusión esta vez… Simplemente quería tratar de exorcizar a través de las letras y de pensar en voz alta algunas cositas que me atormentan mucho más de lo que quisiera y me carcomen en el silencio y soledad de mis noches de medio verano. Leandro Oberto