Huellas y senderos
Hay muchas formas de interpretar esta interesante pero ambigua frase. Personalmente pienso que una de las cosas que más nos hace diferentes entre sí son las experiencias que hemos vivido. Cosa que a su vez nos hace parecidos a los que han pasado por cosas similares, aunque dependiendo de ciertas formas de ser clásicas interiores.
A medida que vamos viviendo y experimentando situaciones se nos va abriendo un panorama más claro sobre por qué actuaron de tal o cual forma otras personas en la misma situación, así como también sobre la verdadera naturaleza de esas personas. Podemos disipar entonces la niebla de mentiras que se suele tejer en torno a una historia y dilucidar, por ejemplo, si alguien fue “un tipo derecho”, “un hijo de puta”, “un precursor” o “un vago de mierda”.
Lo que me lleva al tema del éxito personal. Esa palabrita nos suele hacer sentir especiales y sin embargo es más común de lo que uno cree. No importa lo que uno haga, basta mirar un poco a tu alrededor para encontrar centenares de historias de personas que experimentaron cosas similares. Que recorrieron exactamente el mismo camino de uno y debieron hacer el mismo tipo de elecciones.
Entonces, ¿cuán especial es uno y su éxito? ¿Cuán alto puede llegar uno? ¿Realmente podés tener algún tipo de impacto en el mundo? Supongamos que te convertís en un Bill Gates… ¿Cambiás algo? ¿Afectás realmente la vida de alguien? No, cuando te cagás muriendo, a los únicos que tu vida realmente va a haber importado y afectado en serio es a tus amigos y familiares.
Salta a la vista entonces lo único que realmente vale: la satisfacción personal y lo feliz que uno pueda hacer a la gente que lo rodea.
¿Es esto una brillante reflexión? Ni en pedo, solo una transcripción a letras de unos cuantos conceptos que a todos nos pasan por la cabeza en algún momento de nuestras vidas.