Caída desde el paraíso (duele...)
Muchos años atrás, uno de mis mejores amigos, tras una desilusión amorosa que lo marcó de por vida, le escribió a su ex en una dedicatoria de un comic: “Gracias por enseñarme que todo es mentira”. Detesto haberlo entendido tanto tiempo después.
Sin duda, si los seres humanos encontráramos el camino correcto la primera vez que lo buscamos, seríamos mucho más puros, sinceros y felices. Pero, desgraciadamente, en general no es así, y con cada intento se pierde una parte de uno mismo y nos alejamos del ideal.
Sin embargo, el cuánto te alejes depende de vos, tu fuerza y tu esencia. La vida no es una mierda, tal vez simplemente tomaste por el camino equivocado y nunca se puede buscar compatibilidad entre apocalípticos y soñadores…
(“podrás decir que soy un soñador, pero no soy el único…”)
De todas formas, llegó la hora de evolucionar, mi última encarnación fue asesinada a sangre fría… Acá estoy ante un teclado, en el cuerpo de alguien llamado Leandro, y sin embargo no soy él. Soy otro, pero creo que no voy a poder negar la esencia que une a todos los Leandros que hubo a lo largo de los años, lo llevo demasiado adentro: elijo creer.
Y que la vida se apiade de mí si dejo de hacerlo, pues entonces seguro me habré unido a la amplia lista de aquellos que nunca encontrarán la paz ni serán felices.
The End.