Gasaraki
El pasado presenta el futuro
En Latinoamérica, el universo del manga y el anime continúa recorriendo su camino, evolucionando y expandiéndose hacia diferentes niveles y direcciones, tomando rumbos que en la actualidad se tornan como difíciles de precisar. El inesperado boom que se produjo en la región hace ya unos cuantos años atrás con la meteórica irrupción de series animadas como Saint Seiya (aquí emitida como Los Caballeros del Zodíaco), Sailor Moon y Dragon Ball, aparece hoy como lejano en el tiempo, dejando además instalada la sensación que ha corrido mucha agua debajo del puente.
Pero afortunadamente, dicha evolución trajo aparejada consigo varias mejoras como por ejemplo que los gerentes de programación y/o adquisición de los canales, se empaparan un poco más —bueno, sólo un poquito— en el tema y compraran animes de acuerdo con un determinado target de público. Asimismo, la difundida creencia popular que definía a los animes como “esos-dibujitos-chinos-que-son-todos-iguales ^_^” fue de a poco desterrándose, y mucha gente comenzó a conocer, admirar y más que nada a respetar una muy poco conocida hasta entonces forma de arte.
Resumiendo, se fue armando un cóctel heterogéneo, desparejo pero aunque suene contradictorio a su vez compacto y masivo, que derivó en el más que interesante presente que vive hoy día el manga y el anime en Argentina en particular y en América Latina en general.
Sin dudas el canal Locomotion, con la acertada emisión de series adultas e inteligentes como Evangelion o Bubblegum Crisis Tokyo 2040, fue crucial para que los cimientos de una nueva —y ojalá— definitiva era en lo que a comic y series animadas japonesas se refiere, quedaran de una vez por todas asentados en la región.
Esta intro pseudo filosófica de dos pesos nos ubica en la época actual. Uno de los animes que sin lugar a dudas era esperado con más ansias por los fanáticos locales era Gasaraki.
Aunque, como se desprende de lo expresado líneas arriba, imaginar el estreno de una serie animada japonesa de estas características (y de yapa subtitulada) sólo algunos años atrás resultaba sencilla y llanamente imposible. Ni el más optimista de los fanáticos lo hubiese creído.
Pero una vez más debió ser Locomotion quien recogiera el guante, anunciando la contratación de la serie en Enero de 2001 cuando se celebrara en Estados Unidos el Natpe, es decir una de las convenciones anuales que nuclea a los distribuidores de las series, películas y programas de tv en general, y a los más altos ejecutivos de los canales de la región. Allí se hacen negocios, se cierran la mayoría de los tratos y básicamente de acuerdo con lo que compran, las emisoras pueden definir su programación para el resto del año (y aún más allá).
Con esta adquisición, la evolución de la que se hablaba al principio de la nota sin dudas alcanzaba entonces uno de sus puntos culminantes.
La noticia que Locomotion se había quedado con los derechos de emisión de Gasaraki se supo enseguida y corrió a lo largo del continente como reguero de pólvora. Desde ese mismo momento las especulaciones acerca de la fecha exacta de estreno y bajo qué condición se transmitiría dicho anime (doblado o subtitulado), estuvieron a la orden del día y se convirtieron en un tópico obligado en las charlas del círculo de fanáticos. Sin embargo con el correr de los meses, y a pesar que el canal ya había determinado emitir a Gasaraki subtitulado, la…Aquí tienes la versión limpia y formateada del texto, actuando como editor profesional:
La premiere se posponía una y otra vez.
La causa de esto se apoyaba en dos cuestiones principales. Una era totalmente buscada a propósito por los directivos del canal. En otras palabras, como diría el gran Carlos Guzmán, los de Locomotion querían patear para adelante lo más posible el estreno de Gasaraki por la sencilla razón de que a lo largo del año pasado fueron presentando varios animes grossos —como por ejemplo Cowboy Bebop—, por lo que estrenar ambas series con poco tiempo de diferencia, hubiera sido de verdad una pésima decisión estratégica por parte de la emisora afincada en Miami.
La otra razón de la demora de la premiere latinoamericana de Gasaraki se debió a los dichosos subtítulos, cuya etapa experimental se extendió más de lo previsto.
Finalmente, el tan esperado anime tuvo su estreno en América Latina el pasado Lunes 4 de Marzo y en múltiples horarios (aunque no se emite los fines de semana). Esto es todo un honor, ya que si se habla de Occidente, esta parte del planeta es la primera en la que Gasaraki se transmite por televisión. Pero lamentablemente, como se temía, el sistema de subtitulado que utiliza Locomotion por enésima vez volvió a fallar (ver sección posterior).
Desde principios de los 90s, la compañía productora japonesa Sunrise —especializada en el género de los Mechas— venía realizando series que de inmediato se convertían en hits mundiales. Ellos fueron en gran medida responsables de los éxitos de animes como la saga de los Gundam, Macross Plus y Escaflowne. Pero 1998 no sería un año más en la vida de esta empresa, ya que por ese entonces se encontraban abocados a la producción de dos series animadas que al poco tiempo de emitirse se convertirían en íconos globales: Cowboy Bebop y Gasaraki.
Esta última estaría basada en una corta novela homónima realizada por Shuko Murase, aparecida esporádicamente en la revista informativa Newtype de la editorial Kadokawa Shoten a mediados de los 90s. Además de Sunrise, Gasaraki al final sería coproducida por TV Osaka y la compañía Yomiko, y para la versión animada se convocaría a Hajime Yatate —uno de los creadores de Bebop— y Ryosuke Takahashi, para que incorporaran todas sus experiencias al proyecto. Un dato anecdótico es que Takahashi, además de finalmente quedar como director de Gasaraki, también es recordado por ser el padre de Armored Trooper Votoms (serie que los ponjas tanto adoran).
Pero junto a ellos, en el moldeado de Gasaraki se agrupaba un verdadero dream team en el cual sobresalían el propio Shuko Murase (Gundam Wing, el film de Street Fighter II, Argentosoma) como diseñador de los realistas personajes, y el ya mítico Yutaka Izubuchi (Yamato, Record of Lodoss War y Patlabor entre tantos otros) en el cargo de diseñador de los también creíbles Mechas.
De esta manera, en Japón, el 4 de Octubre de 1998 se producía a través de la ya citada TV Osaka el estreno de Gasaraki. De más está decir que el éxito fue arrollador desde un primer momento, desatándose una fiebre por el género de la ciencia ficción no vista en el archipiélago japonés desde los tiempos de Evangelion. Asimismo, este fervor se vio claramente incrementado por las reiteradas referencias a la milenaria cultura japonesa, como por ejemplo al Teatro Noh o el Kabuki. A propósito de esto, en Japón no es ningún secreto que Ryosuke Takahashi es una persona muy interesada por todo lo relacionado con la práctica del Sintoísmo.
Pero más allá de esto, Gasaraki es en esencia un profundo anime de ciencia ficción con mucho de política y permanentes referencias castrenses. Además es bastante creíble; es decir, que a pesar de ser del género sci-fi, aquí no hay invasores del espacio ni nada demasiado fantasioso. Muy complejo de movida y con un desarrollo que pareciera lento, daría la impresión que los episodios se suceden uno tras otro sin que nada ocurra. Pero si se presta la debida atención, el televidente podrá notar que muy sutilmente la historia avanza y los innumerables cabos sueltos que están dispersos en la trama van de a poco atándose.
Asimismo, es destacable el paralelismo que puede constatarse entre este inusual anime y el Teatro Noh de la vida real. En ambos, la acción comienza lenta y paciente, podría decirse que es casi aburrida si es vista por ojos occidentales no acostumbrados a tales espectáculos. Pero enseguida la carga dramática va subiendo por una espiral de sensaciones espirituales, desembocando en un final memorable. En síntesis, Gasaraki es una serie que para entenderla en su totalidad requiere como mínimo verla entera un par de veces; y requiere también de una audiencia madura y pensante.
La música que adorna este anime también merece un comentario aparte. Compuesta por Kuniaki Haishima (Spriggan, Master Keaton), combina de manera exquisita instrumentos tan disímiles como lo pueden ser un moderno sintetizador y un primitivo tambor utilizado desde hace siglos en el Teatro Noh. El opening —“Message #9”— es un claro ejemplo de esto. La otra referencia más palpable, es decir el ending (“Love Song”), es más de corte medieval pero igualmente bien elaborada y muy destacable. Al final, 26 capítulos de impecable factura (con una justa y sobria dosis de animación en 3D) serían producidos, por lo que Gasaraki concluiría su emisión en las pantallas niponas el 28 de Marzo de 1999.
Volviendo al plano local, es innegable que Gasaraki llega a las pantallas de América Latina precedida por una abrumadora crítica a su favor, no solo por su emisión en la televisión japonesa sino además por la edición de la serie en los formatos LD, VHS y DVD que fuera lanzada en USA por la empresa ADV Films. Esto último implica que Gasaraki desde entonces sea reconocida en todo Occidente. Aunque todavía es un misterio por qué esta edición yankee solo tiene 25 capítulos y no 26 como debiera.
Mientras tanto, se estima como probable que este año sea el de la explosión de Gasaraki en Europa. En el viejo continente, España aparece como abanderada en este sentido, ya que allí la compañía Selecta Visión para los próximos meses ha anunciado no solo la edición de la serie en VHS, sino también la del cómic. A lo largo de una existencia de más de mil años, los Gowa han construido una mega-corporación cuyos tentáculos se han extendido a innumerables actividades. Aunque estas son tan diferentes como contradictorias, ya que se dedican a los negocios tanto legales como ilegales (por ejemplo, proveen servicio de mercenarios).
De todos modos, la actividad principal del emporio Gowa consiste en fabricar y vender armamento, y de hecho en esta cuestión es una de las compañías más importantes del mundo. Asimismo, esta misteriosa familia ha estado asociada desde siempre al Teatro Noh, una clásica representación japonesa comparable en algún punto con la ópera occidental. A propósito de esto, los Gowa siempre han invertido parte de sus ganancias para mejorar la calidad de estas representaciones.
Al comienzo de la historia del anime, Yushiro —el cuarto hijo de la familia— es sometido a un experimento. Aunque en realidad se trata de la repetición de una prueba cuyo intento había fracasado ocho años atrás. A pesar de que solo tiene 17 años, él ha heredado el talento de realizar un milenario rito Noh cuya resultante es la invocación de un poderoso fenómeno sobrenatural conocido como Gasaraki (del cual su familia quiere tomar el control); aunque pareciera que el mundo aún no estuviera preparado para esto.
La persona que pulió las innatas habilidades de Yushiro fue el sacerdote maestro Kengyo Sorachi, cuya familia ha estado al servicio de los Gowa durante incontables generaciones. No obstante, al final la prueba vuelve a fallar casi a punto de consumarse debido a la interferencia de un ente con la apariencia de una niña (Miharu), cuya aparición virtual en la mente de Yushiro al grito de “No vuelvas a llamar al horror” provoca que desestabilice sus pensamientos.
Pero súbitamente en la imaginaria república de Begilstan (un país “independizado” de la ex-Unión Soviética que está ubicado en Medio Oriente), sucede una anomalía parecida a la de la invocación de Gasaraki. Esto ocasiona que las Naciones Unidas confundan esta explosión y acusen a Begilstan de estar experimentando con una nueva arma de destrucción masiva, por lo que tropas internacionales son enviadas al pequeño país. Aunque en la corporación Gowa no son ningunos giles y se dan cuenta que aparte de ellos hay alguien más con la capacidad de invocar a Gasaraki. Es por eso que mandan a su propia gente a investigar en el lugar de los hechos lo que sucedió en Begilstan. Saliendo por un instante de la ficción, esta situación parece estar claramente inspirada en lo que sucedió realmente hace una década en la denominada Guerra del Golfo. Hasta el coronel bigotón que gobierna de facto Begilstan es casi un calco de Saddam Hussein…
El emporio Gowa ha desarrollado el arma ideal para tal conflicto bélico: el TA (Tactical Armor). Este antropomorfo mecha unipersonal de 4,5 metros de altura, ha tenido una performance perfecta en todos los simulacros de combate. La superioridad está basada en los ultramodernos sistemas operativos que utiliza el TA, los cuales se sincronizan con los biorritmos del piloto. Y el individuo que mejor sincroniza con este nuevo armamento es el silencioso y antisocial Yushiro, quien a pesar de ser un civil (y debido al enorme poder de su familia) termina siendo no solo el principal piloto de pruebas del Ejército, sino también miembro del Pelotón B. La unidad TA es un proyecto experimental de la Fuerza de Auto-Defensa Japonesa (JSDF), y quienes monitorean la operación son el Teniente Coronel Tamotsu Hayakawa junto al jefe de ingenieros Takuma Tokudaji.
El ambicioso clan Gowa está compuesto por el patriarca Daizaburo, un viejo de 63 años que es bastante soretón. Calculador a más no poder, solo le interesa que su holding continúe acumulando fortuna y poder. De todos modos, de a poco le va pasando la posta a su primogénito Kazukiyo, a quien eligió como su delfín. Este tiene 32 años y es un personaje muy influyente no solo en el Ejército sino también en todo el gobierno japonés. A pesar de ser el elegido por su padre para sucederlo, la intención de Kazukiyo es sacar del medio al viejo cuanto antes. Para esto, piensa valerse de Yushiro.
El segundo hijo es Kiyotsugu (28 años) y es el cerebro de la familia. Es clave para los planes del sindicato, ya que él es quien está a cargo de la búsqueda de la materialización del fenómeno Gasaraki, además de ser el ingeniero principal del desarrollo de la tecnología TA. Yushiro es para él solo una rata de laboratorio.
También está Kiyoharu, de 25 años, es decir, el tercer hijo de los Gowa. Se trata de un tipo muy cercano a su hermano mayor Kazukiyo, al punto de ser como su mano derecha.
Como ya se sabe, Yushiro es el cuarto hijo de la familia. Retraído y distante, el personaje principal de la historia es tratado como una simple herramienta por la mayoría de sus parientes (y hasta por sus camaradas). Los detalles de su nacimiento y de su infancia son un verdadero misterio para él. Aunque su mente está plagada de recuerdos de una vida pasada, memorias en las que son muy frecuentes la aparición de una chica llamada Miharu. Yushiro es, por sus poderes, un elemento clave para los Gowa, tanto para el desarrollo de los TA como para la realización del ritual Noh que invoca a Gasaraki.
También hay que citar a Misuzu, la “nena” de la familia. Esta pendeja de 14 años es la única hija de los Gowa, y además es la única que muestra cariño por Yushiro. En realidad, solo Misuzu y Yushiro son hijos de la misma madre (Yukino Gowa), por lo que el resto (Kazukiyo, etc.) son, de ellos dos, solo medio hermanos. A propósito de la jovata, tiene 46 años y es la segunda esposa de Daizaburo Gowa. Y a pesar de que, como quedó dicho, es la madre de Yushiro, el trato que tiene con su hijo es también casi nulo.
Volviendo a la trama, como rival de la corporación Gowa surge un conglomerado europeo llamado Symbol; de hecho, estos últimos fueron los que, experimentando, provocaron la explosión en Begilstan. Symbol no solo posee unos mechas de batalla –los Metal Fake– comparables a los TA, sino que además tiene su propio Kai, es decir, una persona capaz de invocar a Gasaraki. Y esta no es otra que Miharu, o sea, la minita de 15 años que asiduamente aparece en los pensamientos de Yushiro.
Al mando del concilio que maneja Symbol se encuentra un tipo misterioso llamado Mess. Él es el responsable del desarrollo de la tecnología de los Metal Fake y también tiene el cargo de supervisar a Miharu. Pero Mess a su vez responde a un enigmático personaje conocido como Phantom, el cual es el verdadero líder de Symbol. El poder de Phantom es inimaginable, llegando al punto de manipular a su gusto los eventos en la guerra de Begilstan. Asimismo, la cosa se complica aún más para los Gowa con la sorpresiva aparición de un abogado (Tatsumi Wakisaka) que los odia, y cuya intención es develar los oscuros secretos que esconde el holding.
Un detalle que no se puede dejar pasar por alto en Gasaraki, sucede en el capítulo 8. En ese momento, Yushiro se da cuenta de que para todos los registros oficiales él hace ocho años que está muerto. A su vez, Miharu (al igual que Yushiro) también posee recuerdos de una vida pasada. Pareciera que ambos hubieran reencarnado en la actualidad, y en medio de una gigantesca conspiración que le concierne al mundo entero, para finalizar algo que quedara inconcluso desde hace muchos años.
La emisión de Locomotion
A pesar de que ya hace más de un año que Locomotion comenzó con el sistema de subtitulado de las nuevas series que transmite, las dificultades técnicas continúan invariablemente. Este asunto ya está super trillado, y a esta altura del partido volver a tocar el tema la verdad es que ya hincha demasiado las bolas. El canal se lava las manos y le pasa el fardo a las compañías de cable locales, y estas hacen exactamente lo mismo. Es el famoso caso del “¿Yo señor? No señor. Sí señor.” La cuestión es que como siempre el mayor perjudicado es el televidente.
En Gasaraki, el error más común en el subtitulado pasa por el timing. Para graficar esto, vale el siguiente ejemplo: comienza una escena “A” pero los subtítulos desaparecen por algunos minutos. Luego, cuando la escena “B” ya está en el aire, el subtitulado vuelve pero en vez de retomar como correspondería los subtítulos “B” (que sería el mal menor), esto no sucede así sino que los que aparecen son los subtitulados de la escena “A”!! Un verdadero mamarracho. Como resulta obvio, esto genera un desfasaje espantoso el cual provoca que no se entienda ni un puto carajo durante largos minutos. Y si a eso se le suma el hecho de que ya de movida Gasaraki no es precisamente lo que se llama un “No duermo… Payaso me come…” anime fácil de interpretar, la resultante es que la serie se vuelva por momentos casi inentendible para el televidente latinoamericano.
“Por suerte” el orden de los subtítulos se normaliza cuando se va a la pausa. Además, hubo en alguna que otra oportunidad unas groseras fallas en el audio, el cual también desaparecía durante largos instantes. Lo gracioso fue que en esos instantes los subtítulos funcionaban bien. Quedaba evidenciado entonces el famoso apotegma costal de la frazada corta: si la persona se tapa la cabeza se le enfrían los pies, y viceversa… En resumen, una poronga.
De todos modos, y para ser justos, también habría que dejar en claro que a pesar de que, como se verá, los errores continúan, en la emisión de Gasaraki no son tan zarpados como pasara por ejemplo en la transmisión que hace Locomotion de otros animes (caso de Silent Möbius). Al menos no hay en esta oportunidad faltas ortográficas graves (aunque también se equivocan), y los nombres propios aparecen escritos correctamente en un 95 %. En este sentido, entre los errores se puede citar que en los subtítulos aparezca DaiSaburo en vez de DaiZaburo, y que el país de Begilstan aparezca como Begilstán. También en alguna oportunidad le mandaron GaRasaki en vez de Gasaraki.
Como punto a favor, habría que remarcar que en la emisión de este anime se mantienen los altos estándares que maneja la emisora en cuanto a la imagen. Asimismo, como es también habitual en las transmisiones de Locomotion, en Gasaraki queda intacto el avance.
Retornando al tema de los mocos en el subtitulado, la realidad es que a la fecha la gente de Locomotion jamás ha logrado emitir como corresponde absolutamente ninguna serie. Todas tuvieron como mínimo algún problema, por lo que la cuestión ya se ha tornado una falta de respeto para con los televidentes. Tendrían que seguir el ejemplo del canal Sony, quienes cuando empezaron a subtitular sus series, dos por tres tenían problemas; pero a los pocos meses esas dificultades técnicas fueron solucionadas.
Se cae de maduro que cuanto antes Locomotion debe solucionar este espinoso asunto de una vez por todas. Si no toda la gente que reclamaba que los animes se subtitularan, va a comenzar a pedir que vuelva el doblaje, ya que de esta manera -a pesar de todo- al menos se entendían las series.
El manga
En la actualidad es un hecho que en Japón prácticamente no debe existir un anime que no cuente con su correspondiente versión en el formato de historieta. Así que si bien Gasaraki no nació como un comic, por supuesto que también cuenta con uno que narre su historia. En este sentido hay que decir que casi en simultáneo con el estreno en Japón de la serie animada de Gasaraki, el manga homónimo comenzaba a serializarse en las páginas de la revista Shonen Ace de la editorial Kadokawa Shoten (donde también se publicara Bt’X, Macross 7 Trash y Evangelion).
A cargo del artista conocido como Meimu, la historieta se revela como interesante aunque ni por las chapas logra ponerse a la altura del anime. Con un estilo de dibujo algo diferente al de la serie de TV -con diseños un poco más simples- de todos modos la calidad gráfica en general no deja de ser buena. Asimismo, Meimu le da un toque personal a los diseños mecánicos, el cual hace que estos luzcan un tanto distintos a como los concibió originalmente Yutaka Izubuchi.
En cuanto a la trama, si bien comienza bastante similar a la de la serie animada, con el correr de las páginas se va desviando lentamente, y desemboca en un final un poco diferente. Aunque la columna vertebral de la historia del anime se mantiene inalterable.
De todos modos hay que aclarar que el comic de Gasaraki no tuvo el éxito que la editorial esperaba, por lo que a finales de 1999 se decidiría concluirlo. El manga finalmente sería recopilado en tan solo 4 tankoubons. Con respecto a las ediciones internacionales de la historieta de Gasaraki, esta sería editada a la fecha solo en Asia, en los países de Corea, China y Tailandia. Pero ediciones en Francia, España e Italia están previstas para este año.