Nada en particular...
¿Cómo hago para resumir en estas pocas líneas todo lo que pasa por mi mente en este momento? Es imposible, necesitaría la revista entera. Estallo en cosas para decir y ni siquiera sabría por dónde empezar. Estoy en crisis, y aun así nunca me sentí mejor, nunca me sentí más vivo. “Crisis” es un término asociado inútilmente al sufrimiento. Crisis es lo que abre la puerta a las oportunidades, a las cosas nuevas.
Cada vez que me subo a un avión y veo cómo la ciudad donde vivo (o pasé los últimos días) se pierde entre las nubes y se desvanece en la lejanía no deja de generarme una sensación extraña. Veo entonces cuán poco relevantes somos en este mundo. ¿Qué es lo tan importante de todo lo que hacemos entonces? ¿Qué tan importantes son nuestras creencias ante la naturaleza? Hagamos lo que hagamos, ese mundo de ahí afuera no se va a inmutar.
Es interesante cómo todo parece tener, además de las dimensiones de la física, una dimensión más: la dimensión de los sentimientos. Los lugares parecen ser distintos totalmente según cómo uno se sienta. De esta forma habría, por ejemplo, muchas Buenos Aires, todas con las mismas coordenadas básicas de latitud y longitud pero distintas y separadas según uno esté melancólico, eufórico o relajado…
Una fría noche de otoño, ciudades, países, continentes, océanos… y ella canta esa vieja canción sobre el corazón solitario que ya no lo está más.
Si no hay flores en la luna, entonces yo voy a ir a plantarlas.
Leandro Oberto Editor