El submundo de Edu

Episodio 1: Animal Planet, nuestro amigos los felinos


Por Edu Di Costa 5 min de lectura

Cuando Los Auténticos Decadentes en uno de sus más conocidos éxitos sostenían que “el gremio del pirata es muy sacrificado” no lo hacían sólo para que rime con la letra… Sin duda alguna, mantener una vida licenciosa tanto aquí como en las ciudades más industrializadas del mundo no es para cualquier improvisado… Para lograr un score digno de comentar, se requiere una constancia de hierro y una dedicación implacable… sin dejar de mencionar una solvencia económica que te permita mantener decentemente todos los gastos pertinentes (si me pusiera a sacar cuentas del presupuesto mensual en minitas, barulos, telos y hasta los indispensables “globitos”, me daría cuenta de por qué a veces cuesta llegar a fin de mes…). Pero como siempre digo, el sexo es el vicio más saludable y, por más adicto que seas, no deja de resultar más barato que el juego o la falopa…

Para arrancar con la sección, vamos a citar la más usual y menos reconocida categoría dentro de la actividad bucanera, que es el consumo de acompañantes, trabajadoras del sexo, gatos o como quieran llamarlo, evitando decir P**A para mantener la elegancia de estas líneas…

Comenzando en el tierno momento del debut, una parte de la población masculina visita asiduamente a estas nunca bien ponderadas señoritas que nos deleitan desde tiempos inmemoriales (por algo se la conoce como la profesión más antigua del mundo) con sus tentadores encantos. Muchos, sin embargo, incluso en la actualidad lo consideran un tema tabú y hasta llegan a desmerecer tan noble servicio a la comunidad olvidando que en el fondo, la relación yiro-cliente es en cierta forma una de las más honestas que existen:

ambas partes saben exactamente qué es lo que buscan y queda claro de antemano, cosa que no pasa en todas las relaciones entre hombres y mujeres y es lo que muchas veces genera tantos conflictos en las parejas. Por supuesto, siempre hay excepciones, como cuando estuve sal… quiero decir, cuando “un conocido mío” estuvo saliendo en forma EXTRAPROFESIONAL con una de estas muchachas y el tema se desvirtuó bastante… ¿Lo cuento..? Ma sí, lo cuento… Total es algo que le pasó a “un conocido mío”… Primero, como cualquier hijo del vecino, llamada de por medio se concretó un encuentro en el depto de una señorita de una página de Internet. Por cierto, si a alguno le llega a interesar investigar sobre la materia, hay que ver la cantidad de minas que hay en la Red. Sin duda es uno de los rubros comerciales que más prosperó en los últimos años; otra que los cyber…

Una vez ahí, se encontró con tremenda bestia: metro setenta y pico, piel bronceadita, un lomo de campeonato, todos los chiches. Incluso mejor que lo que se veía en la foto de la página. Una de las ventajas de este sistema es evitarte las desagradables sorpresas que, salvo contadas excepciones, deparaba llamar por medio de un aviso que prometía “Símil La famosa paragua Pampita” y cuando llegabas te encontrabas con algo más parecido a un mandril afeitado en ropa interior. Ni hablar de los temibles tarjeteros de la calle Lavalle que a la voz de “sauna, pibe, sauna…” te invitaban a los piringundines, donde si tenías suerte había alguna que no te recordaba a la más fulera de tus tías en bolas… La cuestión es que después de, ejem… las formalidades del caso, comenzó una amena charla con la muchacha. Que era su primer día de trabajo… Que había llegado de Paraguay hacía poco… Primero arrojó que era de Misiones, pero el acentito guaraní la mandaba al frente que venía de un poco más al norte… (Saliendo un poco del tema, me gustaría saber qué hay en esa zona. ¿Será por el agua de río o la tierra roja, pero tanto las minas de la mesopotamia argentina como las paraguas tienen unos cuerpos cachondísimos! En cualquier momento me voy “de cacería” por esos pagos…) En fin… Después de esa tarde cálida e inolvidable, la chica desapareció de la página por unos cuantos meses, hasta que un día volvió, y encima “recargada”: si bien no venía mal de arriba, se había hecho un “cambio de neumáticos”, que aunque las tetas artificiales siempre restan, con el culo que tenía, se le perdonaba todo… Ahí fue el reencuentro, que resultó sorprendentemente afectuoso y lo mejor de todo, con un considerable descuento en la tarifa.

Terminado el ejem… trámite de rigor, siguieron con la charla iniciada meses atrás y quedaron en ir a ver una peli el jueves. La salida, más allá de las miradas babosas de los tipos en la calle, fue de lo más normal. Lo incómodo, por decirlo así, era cómo “cerrar” la milonga… ¿Si iba con ella al depto, qué onda..? ¿Si “pasaba algo”, había que abonar, o estaba incluido en la entrada al cine y la cena..? Ante la duda, la mejor jugada parecía dejar pendiente otro encuentro y asegurar los tantos… Y así fue, el sábado tras un cafecito a la tarde se armó una lucha cuerpo a cuerpo antológica en su depto y a pesar de las dudas, la factura nunca llegó… Uno de los sueños del pibe se había concretado: pasar al “backstage” de una chica de la página web… Ahí comenzó una bonita e interesante relación de amistad con muchos beneficios… Pero hay una regla que más allá de la edad, nacionalidad o profesión de la mujer no varía: TODAS, TARDE O TEMPRANO QUIEREN NOVIAR. Encima esto era en la época del “1 a 1” y la señorita en cuestión quería la ciudadanía argentina por lo que incluso surgió el tema casamiento! La opción era una urgente retirada o cobrarle 5 lucas por la libreta… Por una cuestión de instinto de supervivencia la huida fue inevitable, no vaya a ser cosa que termine como Soldán que queda pegado con cada gato que se come…

Por eso, mejor disfrutar de las fantasías que nos proporciona el inmenso mundo de las páginas de escorts y no olvidar la frase del célebre filósofo argentino Jacobo Winograd: “Billetera mata galán…”