Samurai Champloo

My modus operandi is amalgam


Por Sergio Fantin 8 min de lectura

Cuando Shinichiro Watanabe, padre del archiconocido Cowboy Bebop, escribiera Knockin’ on Heaven’s Door, la película de Spike Spiegel y cía., un personaje de pelo rebelde y carácter infantil le vendría en mente. El fin primordial de esta protoforma era contrastar con la personalidad seria del resto del cast, aunque luego acabaría siendo dejado de lado. Sin embargo, la muerte no fue su destino sino una simple criogenia… El tiempo transcurrió y el 19 de mayo de 2004 se estrenaría en las pantallas de Fuji TV el primer episodio de Samurai Champloo, su obra más reciente y que se ubicaría en la época del samurai (¡duh!). Tal como su ópera prima, se puede ver al anime sobre el que esta nota versa como una reivindicación de géneros algo olvidados con fuerte hincapié en la composición musical y en lo visual.

(Nota: “LAZER 34 R (34)” y “Rajemos que se viene el Katrina!!” parecen elementos de maquetación o captions de imagen, no parte del texto principal del artículo.)

Es así como Samurai Champloo acaba siendo una historia de la época de los samurais en el período japonés cercano al 1670 (años después de terminada la guerra de Sengoku Jidai) pero con elementos modernos y de música hip hop. ¡Sí, hip hop! Watanabe, muy consciente de la inconciencia que estaba creando, básicamente desata una parafernalia de eventos anacrónicos, uno tras otro, a lo largo de los 26 capítulos que componen la saga. Esto se manifiesta a partir de cosas mayores como alterar el orden de eventos históricos (como la llegada de los “barcos negros” americanos a Japón o el desarrollo prematuro del baseball), adelantar el uso de invenciones (como la electricidad, las armas de fuego o efectos de DJ), hasta cosas menores como gente del período Edo japonés usando piercings, anteojos de sol, yukatas con rayas tipo Adidas, crestas punk y escribiendo graffities por las ciudades. Muy loco, y a pesar de ello, el resultado acaba siendo sorpresivamente natural y coherente.

Logos de Adidas, Puma y Converse, en atuendos samurais.

Además de una narrativa simple pero sólida, producto del guión a cargo de Shinji Obara y Sato Dai (GitS: Stand Alone Complex, Cowboy Bebop), esta producción animada del estudio Manglobe contó con un gran énfasis en el arte. En lo visual, el diseño de personajes de Kazuto Nakazawa (El Hazard, Magic Knight Rayearth, Kill Bill), la dirección artística de Takeshi Waki y el coloreado de Eri Suzuki (GitS) dan como resultado una animación que a veces realmente pone a dudar al espectador que no se trate de filmación real. Mención aparte merece la música, la cual fue producto de varios conjuntos de hip hop conocidos en el archipiélago nipón (aunque no demasiado por estos pagos), tales como Tsutchie, Fat Jon, Nujabes y Forces of Nature, resultando en 5 soundtracks que incluían melodías tradicionales de Okinawa.

En el lenguaje de Okinawa, el término “champuru” significa “mezclar cosas”.

(Nota: “Kalakaw Comics & 壱巻 manglobe N 4321” es contenido de maquetación/créditos de la revista, no texto del artículo.)

Las BSO de Samurai Champloo

Hasta el episodio 17, la serie fue emitida en el mencionado Fuji TV en el horario de la madrugada por su contenido de alto calibre (no hentai, pero temático, ver sección aparte). Sin embargo, Samurai Champloo fue levantada del aire el 9 de septiembre y reestrenada en la señal de cable Broadcast Satellite Fuji los domingos a la medianoche (algo similar que le ocurriera a CowBe cuando salió al mercado), aunque los nuevos episodios pudieron verse recién el 22 de enero del presente año y concluyó el 18 de marzo (con lo cual la tanda de episodios del 18 al 26 es considerada algo así como una segunda temporada). Además de la serie de TV (y un juego anunciado para el verano para la Play 2, “Hip Hop Samurai Action”), una adaptación a manga hecha por un tal Masaru Gotsubo circuló por el semanario Shonen Ace a partir de marzo de 2004 y luego sería recopilada en dos tomos. Se la considera, no obstante, la hermana boba por perder la componente visual y musical que tanta sofisticación le dieron al anime.

EL manga de Samurai Champloo

*(Nota: El texto japonés, “KIDA”, “SAMURA”, y los números “33”, “35 AVANCE” son elementos de maquetación de la revista y no parte del texto del artículo. Se trata de Mugen y Jin, que fueron aprehendidos por armar bardo y quemar una casa de té, causando la muerte del hijo de un corrupto oficial de alto rango.

Ambos son increíblemente hábiles en el uso de la espada, por lo que son ayudados a escapar bajo condición por Fuu, una pendeja quinceañera que trabajaba como moza en la destruida casa de té, para que la escolten como guardaespaldas hasta que encuentren a un samurai que huele a girasoles. Sí, que huele a girasoles (aparentemente Watanabe sabe bien a qué huelen después de fumarse una cosecha entera).

Mugen, el personaje concebido durante la preproducción de Knockin’ on Heaven’s Door, se trata de un ex convicto bardero con una habilidad increíble para pelear, oriundo de las islas de Ryukyu (lo que hoy es Okinawa). Él es el reflejo de lo que es la fusión realmente: vestido al estilo moderno, con arito, bermudas y el tradicional “geta” (sandalia de madera, pero en este caso reforzada con metal en la suela para partirte la trucha en una patada), peleando armado con una katana y una navaja con movimientos de breakdance (un estilo de baile derivado del hip hop surgido en New York hace un par de décadas) y capoeira (un acrobático arte marcial afro-brazuca desarrollado cerca del 1500 por esclavos africanos).

La técnica de Mugen, que en rigor no es un samurai, fue bautizada como “champuru kendo”. Mugen habla como un yanki (no americano, sino que así se les dice a los quilomberos nipones) y su actitud pendenciera trasciende que le joda soberanamente que le impartan órdenes, sino que también en esencia es sufrido y hasta cierto punto inocente de carácter.

Por otro lado está Jin, que fue creado para ser el yang de Mugen. Mientras el primero es un idiota sin modales, Jin es la encarnación del viejo código de conducta del bushido (de hecho, su nombre significa benevolencia, una de las siete virtudes del bushido, siendo las otras rectitud, valentía, respeto, honestidad, honor y lealtad). Jin, a diferencia de Mugen, es un auténtico samurai de descendencia, y por ello le es permitido empuñar dos espadas (daisho), aunque como no sirve a ningún amo se ha transformado en un ronin (“un hombre sin rumbo ni hogar, arrojado como una hoja al mar”). El problema con Jin es que no interjecta palabra y es menos expresivo que Rei Ayanami en coma cuatro. La apariencia de Jin también es más tradicional, vistiendo el hakama y el gi en azul índigo con una insignia en forma de diamante (lo que se llama un “kamon”, una insignia familiar, contraparte de la heráldica europea), aunque usa un par de anteojos con mucha onda. El pasado de Jin es tan o más turbulento que el del propio Mugen; ambas historias se irán dejando entrever conforme avance la trama.

Finalmente, para impedir que todo se vaya al recarajo está Fuu, una minita con un agujero negro en el estómago (y cuando come engorda 20 kilos), la cual no sólo proporciona el eje de la trama, la búsqueda del bendito samurai que huele a girasoles, sino que impide que Mugen y Jin se maten entre sí (literalmente) y es el cemento del grupo. Mugen la llama por perra (“ikeike”). Jin ni la llama. Y el problema es que la fémina es blanco número uno para que la secuestren, rapten, ataquen, roben, y toda una serie de calamidades (además de que sufre del síndrome “tabla de planchar” por lo que nunca nadie se la quiere levantar), lo que dará lugar a una trama cuasi episódica (a veces continuada) con un gradual avance en la búsqueda del samurai, en el conocimiento de las vidas de los protagonistas, y lo que es más, en el desarrollo de su amistad.

Estas historias secundarias, de paso, no hacen asco de tocar temas medio heavy como la prostitución, la falsificación de moneda, la droga, la corrupción, la prostitución, la persecución a los cristianos, la mafia, la homosexualidad, los zombies (?!) y la prostitución. La gran caminata de los protagonistas los llevará a su destino, Nagasaki, donde se darán cuenta que la búsqueda de Fuu encierra más matufia de la que ella misma imaginaba.

Citas y comentarios en el margen (originalmente en el texto)

  • Mugen
  • Jin
    • “¡Tene’ 100 yen pa’l sake, vieja…!”
    • “A vos también te sobra papada”
    • “Quiero un Submundo de Mugen”
    • “¡Qué buen par de takoyakis!!”
  • Fuu
    • “Tengo un gasssssss…”

AVANCE

Y la pregunta del millón es: ¿llegará a Argentina? ¡Seeee! Está confirmado que Samurai Champloo será estrenada en la versión local del Adult Swim en Cartoon Network. Por cierto, diferentes emisoras del globo la han ido comprando a Victor Entertainment (la distribuidora), tal como la versión norteamericana del Cartoon Network que la emite en su propio bloque nocturno Adult Swim (aunque, comentario anecdótico, muy censurada, retocada digitalmente para ocultar los escasos desnudos y con las puteadas que dicen los personajes tapadas por scratchs de disco al estilo DJ). Combinando escenas de acción con las mejores peleas de espada que la televisión tiene para ofrecer hoy, con música lejos del tradicional j-pop inundando el opening (el controvertido Battlecry), el ending (Shiki no Uta, Canción de las Cuatro Estaciones) y los fondos, Samurai Champloo tiene buenas cartas como para cantar “quiero vale 4” (y hablando de fusión…).com y PARTICIPES, ¡ok?!?