Monstruos Argentinos

Y algunos lugares extraños


Por Brenda Serial-Killer Figuerola 13 min de lectura

Permítanse unas palabras sobre el término. La RAE dice, entre otras cosas: “Ser fantástico que causa espanto” (también dice “versos sin sentido que el maestro compositor escribe para indicar al libretista dónde poner el acento en los cantables”, pero esa definición no nos interesa). Lo que habría que agregar a la cuestión es que los monstruos —particularmente si son locales— no sólo causan espanto: a veces, de tanto espanto que quieren causar, terminan provocando risa. O al menos, a uno siempre le cosquillea una sonrisa cuando escucha hablar del Monstruo del Lago Ness en Escocia, de ese simio bípedo oriundo de USA llamado Pie Grande o del Yeti que vagabundea por la cordillera del Himalaya.

La sonrisa dura de 5 a 7 minutos, y puede extenderse si se la sazona con anécdotas pintorescas que apuntan a probar la existencia de la criatura en discusión, o bien puede desaparecer por completo si las pruebas presentadas empiezan a resultar más o menos convincentes, y nos encontramos discutiendo estos asuntos en el medio del bosque de Blair Witch. De cualquier forma, en este contradictorio y fabuloso país latinoamericano también tenemos una colección de seres que van “contra el orden regular de la naturaleza”. Aunque antes de zambullirnos en la monstruosidad local, convendría aportar más info al tema. Hay toda una disciplina que estudia a los monstruos (o a lo que no corresponde a un patrón común) que es la teratología. Una de las cosas más interesantes que esta pseudociencia plantea es la idea de que el monstruo está ligado a lo desconocido (a tierras desconocidas, a fisonomías desconocidas, a sucesos desconocidos) y que por eso es una figura tan atrayente: se la quiere explicar pero a simple vista (y un cacho más también) nada cierra con nada.

ALGUNOS LUGARES EXTRAÑOS

Pero ¿de dónde sale la necesidad de andar ’encontrando’ seres alternativos, que encima dan miedo, por todas partes? Aparentemente, para simbolizar algo. Los monstruos de cada cultura no son construcciones hechas así nomás: hay un montón de marcas sociales metidas en la caracterización del monstruito de turno. Ahí está la razón por la que el Yeti nos da gracia: no vivimos rodeados de nieve ni tenemos idea de lo que podría hacer un orangután gigante. Pero el Chupacabras… ¿no tiene un poco más de sentido? ¿No…? A ver…

EL LOBIZÓN

#SE QUEDÓ AFUERA POR ESTAR QUERELLÁNDOSE CON EL HOMBRE LOBO:

EL NAHUELITO

Supuesto hermano menor por razones de conquista (aunque la colonización no tenga un carajo que ver) del Nessie escocés, habita el precioso lago Nahuel Huapi y es blanco de interés de más de un fanático-biólogo-científico emprendedoramente delirante. Se dice que está basado en leyendas mapuches, como una variante o un derivado de ’el cuero del agua’, otro monstruo acuático que tiene secuaces también en Chile y se parece mucho a una mantarraya gigante.

El primer avistamiento del Nahuelito estuvo a cargo de un tal George Garret en 1910, que navegaba tranquilamente por el lago cuando reconoció a 400 metros ‘algo’ de lo que se podían apreciar 6 ó 7 metros sobresalientes del agua. Aparentemente, Garret se hizo el bocho con historias indígenas y 12 años más tarde lo comentó al diario Toronto Globe.

Aquí es cuando se organiza la solemne primera expedición para buscar al Nahuelito, con expectativas de encontrar a un plesiosauro. Expectativas que por supuesto no fueron cumplidas, pero que alcanzaron para llamar la atención del director del Zoo de Buenos Aires, el doctor Clemente Onelli. Acá es donde la cosa se pone interesante. Onelli ya había tenido reportes del monstruo, pero los había echado a la papelera de reciclaje hasta que apareció un yankee buscador de oro (¡sí!) apellidado Sheffield y lo convenció de armarse una búsqueda en serio, con cazadores, rifles para matar elefantes y dinamita incluidos. Todo esto generó un escándalo a lo Greenpeace que casi cancela la expedición y que nos hizo quedar como exagerados o como ingenuos ante el mundo, dependiendo del punto de vista. No obstante, ni rastro del Nahuelito.

En 1988 aparecieron unas fotos anónimas, que fueron publicadas por el diario local, tomadas cerca de la costa de Bariloche a una distancia… como para tener en cuenta. Acaso lo mejor sea la nota del fotógrafo: “No es un tronco de formas caprichosas. No es una ola. El Nahuelito mostró la cara (…¡¿qué cara?!) Lago Nahuel Huapi, sábado 15 de Abril, a las 9 horas. No doy mis datos para evitarme futuras molestias”.

Las teorías alrededor del monstruo más popular de la Patagonia barajan desde un moderno plesiosauro hasta el mismísimo Nessie, que se nadó medio Mar del Norte hasta que las corrientes marinas lo llevaron al Golfo Nuevo y de ahí, directo al Nahuel Huapi… pasando por la hipótesis de una mutación de cierto animal local o la maravillosa teoría de un submarino que, bueno… recorre las aguas heladas del lago alimentando fantasías.

LA BASE EXTRATERRESTRE DE ERKS

O, en otras palabras, el reducto que parecen poseer los seres del espacio exterior debajo del conocido cerro Uritorco, plataforma favorita de los OVNIs que tienen el desatino de aterrizar en este planeta y elegir, de los 198 países del mundo, a la Argentina. Poco se sabe acerca de qué o quiénes habitan Erks, pero sí de que han de contar con un sistema eléctrico notable: en algunas noches cerradas y cordobesas, se han visto luces en las abruptas laderas de la montaña.

EL PITUFO ENRIQUE

Un monstruo devenido en exitazo; posiblemente, el que mayor recaudación económica ha logrado detrás del Nahuelito. Cuando se habla del Pitufo Enrique conviene ordenar un poco las cosas, porque si no uno se pierde y se empieza a reír sin parar, como le pasó al conductor de Crónica Tv a inicios de 2000 cuando tuvo que presentar el tema mientras sonaba el track de moda, que tiene líneas tan poéticamente trascendentes como “El baile, el baile, el baile del duendeeee… no lo baila la policía, ni tampoco los remiseroooos”. Bien.

Los hechos son estos: el 17 de Abril de 2000, en Santiago del Estero, un agente local caminaba tranquilamente a casa cuando, pasando por la Plazoleta Antonio de La Vega, creyó ver a un niño solo y desamparado entre los jueguitos. Al acercarse para cagarlo a puteadas y llevarlo de una oreja con mamá y papá, el oficial nota cómo los ojos del menor se encienden en llamas, tras lo cual, éste desaparece. Aparentemente, en Santiago no se había visto la cara más siniestra de Enrique, porque el testimonio del cabo Agüero, que se lo encontró en Catamarca, es un tanto más siniestro: directamente, el duende lo encaró y le dijo que había venido a buscarlo de parte de Satanás. Y bueno, loco, es así. La subcomisaría cerró aquel día, porque no daba abasto con la psicosis que se desató cuando, más allá de la una de la madrugada, fue encontrado Agüero en la placita, con los ojos en blanco, las manos alzadas al cielo nocturno y largando discursos que rozaban el habla alucinógena. Por suerte, lo primero que le hicieron al cabo fueron exámenes de sangre, a ver si el pitufo Quique le había inyectado algo. De más está decir que no.

Lo copado es que la comisaría cerró desde entonces, para prevenir más víctimas del pitufo. Peeeero… moviéndose en extraña trayectoria, Quique se trasladó a Salta, esta vez a meterse con gente de su tamaño que merodeaba el cementerio Cristo Rey como punto de reunión para tomar mate y charlar sobre la vida (cuac), otra vez, a la una de la mañana. Resulta que un grupo de chicos boludeaba con un celular justo cuando, desde los yuyos, empezaron a salir piedras voladoras. También de los yuyos salió una figura con forma de duende, bardero como de costumbre, que los ahuyentó a todos y dio tema de conversación a Crónica Tv por el resto del año, bajo la placa “El pitufo Enrique llegó a la bailanta”.

EL GIGANTE DE ONCE

Una especie de guardavidas de los pasillos de Once. Parece que cuando creías que, si te desmayabas en pleno barrio a las 4 am ya está, chau pibe, sos boleta; en realidad todavía te quedaba una esperanza al fondo del camino: un personaje de casi tres metros de altura, cubierto de barro, que puede acudir en tu ayuda, salvarte de la persecución de un auto asesino o espantar malhechores, (¡o darte un síncope en el intento!). Los vecinos de Balvanera afirman que este tipazo es uno de los 13 golems creados en el siglo XVI por Judah Loew ben Bezabel, no casualmente un rabino de Praga, que no tuvo mejor idea que mandarlo en encomienda a Argentina por razones desconocidas e instalarlo en una piecita frente a la Plaza, sobre avenida Rivadavia. Se cree también que podría vivir en un callejón oculto, capaz el pasaje Colombo o el Victoria.

EL POMBERO

Entrañable personaje de la mitología guaraní, oriundo de Chaco. Por suerte esta vez contamos con identikit: parece ser un hombre pequeño, robusto, lleno de pelos y larguísimos brazos que lleva arrastrando por el polvoriento suelo chaqueño. Característicamente lleva un sombrero de paja (ojo con la palabra, que es clave), una bolsa al hombro y tiene la original capacidad de dar vuelta los pies cosa de que nadie pueda rastrear sus pisadas. ¿Y qué hace? Básicamente, tres cosas: fumar, comer miel y violarse minas. Así es. Se supone que también cuida el monte y a los animales salvajes (es todo un activista ecológico: está en contra de la caza deportiva y del consumo de presas más allá de las necesarias), pero lo que más le copa es agarrarse a las mujeres no bautizadas o que han dudado de la virilidad de su marido, algo que parece ser lo mismo, y embarazarlas con el dedo (literalmente eh, tocándoles el vientre). No se descarta para nada la idea de que sea una invención para respaldar el famoso “estás embarazada, pero yo ni te toqué” o para justificar utensilios perdidos y puertas que se cierran ‘solas’ en ranchos. El Pombero es también un personaje un tanto vivo: para ganarse su amistad, exige que se le dejen durante 30 días miel y fasos en el patio de casa, y hay que agradecer que no pide que también se le pague un gato semanal.

La nota de color la da una película de Isabel Sarli (Embrujada), en la que la Coca, en el personaje de Ansise, es atacada, en mitad de la siesta que toma en bolas, por el Pombero, y bueno, queda embarazada a expensas de su marido, homosexual e impotente.

EL CHUPACABRAS

Hablamos de un ser que mata diferentes especies en zonas ganaderas o agrícolas, por compulsión o por gusto (¿o por hambre…?), y que nació como mito en los periódicos de Puerto Rico, cerca de 1992. De la nada, habían aparecido los restos de matanzas de caballos, vacas y cabras; como primeros sospechosos figuraban ’el vampiro de Moca’ (Moca es el pueblo en donde el suceso transcurrió por primera vez) o bien los siempre-dispuestos-a-enquilombar-la-existencia miembros del grupo satánico de turno. Sólo que el fenómeno empezó a repetirse por todo el país, e incluso trascendió fronteras: Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia, Perú, Brasil, Argentina y muy especialmente México, lo que podría sugerir una inexplicable predilección del chupacabras por la comida picante. Paralelo a esto, Norteamérica le vio la veta comercial al asunto y lanzó merchandising oficial del chupacabras (remeras, gorras), del cual -por cierto- no se tiene ni una mísera foto además de los aterrorizados testimonios de eventuales campesinos. Querríamos dejar acá un identikit por si el lector ocasional lo avistase en algún páramo del interior de Argentina, pero la apariencia del chupacabras es otro misterio existencial. Se habla de una especie de gorila volador (…), un animal diminuto pariente de duendes (…!!), un ser mitad cabra/coyote, mitad humano, un murciélago…

Huancar cuenta con un gaucho anfitrión vestido con accesorios de plata. Dato extra: la estación Bulnes de la línea D del Subte de Buenos Aires incluye una representación de la Salamanca, en forma de una mujer ardiendo en llamas rodeada de serpientes, mosaico probablemente realizado bajo los efectos de las consumiciones free de las citadas reunioncitas.

LA SALAMANCA

Sitio de reunión de brujos y hechiceras, al que se llega a través de un túnel a orillas del lago Lácar, en Neuquén. Para ingresar se debe no sólo pronunciar el ‘ábrete Sésamo’ especial sino superar 3 pruebas: resistir el ataque de un chivo maloliente, aguantar la presión de los anillos de una enorme serpiente peluda y vencer a un basilisco gigante, luego de lo cual posiblemente vaya uno a quejarse con JK Rowling por habernos choreado impunemente la leyenda y convertirla en el segundo libro de Harry Potter. En la Salamanca, acontece una especie de fiesta negra: se come hasta reventar, se bebe lo que venga y se consume todo lo que está fuera del circuito legal, lo cual explicaría por qué la gente que participa de ella puede estar varios días sin dormir, llevar ojeras sospechosamente rojizas y ejecutar prodigiosamente cuanto instrumento musical agarre, “todos signos éstos característicos de haber firmado un contrato con el Diablo” (…ok). La Salamanca tiene, afortunadamente, sedes en otras partes del territorio argentino: en Catamarca, por ejemplo, el requisito es ingresar completamente en pelotas, guiado por un cuervo negro, escupir un crucifijo y negar a Dios. En la franquicia de Jujuy, en cambio, aparentemente alguien puso la teca para que el cerro

LA CHANCHA CON CADENAS

Borges la menciona en la ‘Enciclopedia de los Seres Imaginarios’. En el norte de Córdoba se rumorea la aparición nocturna de una chancha negra o roja, inaprensible para todos aquellos que quieran alcanzarla, que corre por las vías del ferrocarril del Oeste (parte de lo que hoy forma al ferrocarril Sarmiento) o bien por los cables del telégrafo (así es). Aparentemente, está cubierta de cadenas cuyo ruido, contra los durmientes del tren, causa sordera temporaria al pobre tipo que se le cruce, y un espectáculo bastante escalofriante: chispazos con los fierros de las vías y quejidos muy pero muy similares a los de una mujer llorando desgracias. Para más, los sitios de avistamiento son una suerte de triángulo de las Bermudas cordobés: únicamente aparece dentro del perímetro de Quilino, Los Cadillos y San José de las Salinas, poblaciones aledañas a las vías, sobre las que cayó la sospecha de estar chamuyándose el monstruo para que aparezca, tras que el gobierno decidiera dar de baja el ferrocarril en los 80s.

MONSTRUOS ARGENTINOS FAMOSOS TOP

1. EL DINOSAURIO BERNARDO

Creado por los científicos J.F.K. y M. Monroe. Tiene innumerables (e inexplicables) logros, atribuidos a su “beso mortal”, poder que le permitió haber cantado con Tina Turner, su madrina artística (?!).

2. LEEMON KENEDY

También conocida como “La Ama de Casa Errante”, es otro monstruo paleontológico que sobrevivió hasta nuestros tiempos gracias al poder del ahorro. Su ataque especial: “caminen, chicas, caminen” le permitió protagonizar publicidades.

3. LITA DE LÁZARO

Indiscutible dinosaurio de la televisión argentina (y van…), destroza políticos y estómagos por igual. Su técnica especial, “mierda carajo attack!!” incluye interrupciones y manzanazos. ¡El terror de los cirujanos plásticos!

4. ZAR ALEXANDER ROMM-AI

Momia viviente cuyos poderes crean institucionales navideños ridículos e inesperados furcios en cámara (además de, según él, haber creado medio mundo). Ataca verbalmente con atroces comentarios. Y si te das vuelta, te hace el 9 de oro.

5. MARTHA LEGRASS