¡No podés!
Dragon Ball: La película actuada
En un país donde las leyes de copyright no existen, todo es posible; no hay límites para robar con cuánta copia pirata a uno se le ocurra. China es un lugar así, y además de las clásicas versiones berretas pirateadas de cuanta cosa produzcan fábricas extranjeras allí, ha sido también el semillero de curiosas películas locales basadas en diversas series.
Dragon Ball, el dibujo animado japonés más exitoso de todos los tiempos, no pasó inadvertido a la mirada de algún productor chantún y… ¡taddda!: nació Dragon Ball: la película! No apuntaban al Oscar, eso está claro, pero… ¿les tenía que salir esto?
Un Goku que es un negro matungo, unos enemigos que parece que filmaban haciendo horas extras en alguna película pornográfica, luchas contra cocodrilos inflables… ¡Cuanta cagada se hayan mandado en la historia en películas malas de dos mangos con cincuenta, esta las tiene todas juntas!
No hay palabras para describir lo que es este verdadero engendro mutante que no parece muy distinto de lo que podría hacer cualquiera de nosotros con una videocámara y llamando a amigos y familiares para actuar. ¡Por Dios, hasta se le ve la cuerda de la que lo atan al supuesto Goku para volar!
Los actores no son ni de madera, son de roca sólida; la única que zafa es la que hace de Bulma, que entre tanto desastre te termina pareciendo linda… De cualquier forma es una película digna para pasar una buena noche a las carcajadas (grandes cantidades de cerveza de por medio, claro) con amigos.