Patoruzú

El indio terrateniente


Por Gabriel Greif 17 min de lectura

Patoruzú es un personaje único en la historieta argentina por su longevidad, su masividad, su inmutabilidad y su vigencia. Fue el primero en saltar de la tira cómica de los diarios a la revista, vio nacer y morir la edad de oro del cómic argentino participando activamente en ella y es de los pocos, si no el único, que ha logrado sobrevivirla hasta hoy día, sin cambiar ninguno de sus rasgos característicos. Leído por interminables generaciones de lectores, es sin duda el cómic argentino más exitoso a nivel nacional y aún actualmente sigue siendo una publicación de las más baratas y más masivas que se pueden encontrar en los quioscos.

Patoruzú demuestra el verdadero poder al que pueden llegar los cómics. Muchas veces resulta difícil entender cuán masivos son los mangas en Japón, quizás una alternativa fácil sería decir: “Es como con Patoruzú o Mafalda en Argentina: Tengas la edad, sexo o profesión que tengas, lo conoces y lo leíste alguna vez”. Y curiosamente Patoruzú, Mafalda, El Eternauta y demás vacas sagradas del cómic argentino tienen muchas características similares a los mangas de hoy en día, desde estar impresos en blanco y negro, pasando por tener muchas páginas y narrativa “onda” cinemática hasta ser baratos y mostrar detalladamente lugares y situaciones muy localistas con las que el lector/a se identifique. Si tan solo en Argentina hubiéramos podido hacer evolucionar los cómics, haciendo nuevas series adaptadas a los gustos de nuevas generaciones, probablemente hoy día el mercado de la historieta y su reconocimiento popular fuera bastante distinto…

Aparecido por primera vez el 19 de octubre de 1928 dentro del diario Crítica en la tira “Aventuras de Don Gil Contento”, Patoruzú tuvo que sufrir varios cambios de nombre, aspecto, entorno y personalidad hasta adquirir sus características definitivas. Dante Quinterno, su creador, lo había bautizado como Curugua-Curiguagüigua, pero por consejo de Muzio Sáenz Peña (un periodista del diario) le cambió el nombre a algo más sencillo como Patoruzú. Nombre que proviene de una golosina para chicos de la época: la pasta de orozú. Ya en su primera aparición, Don Gil Contento le dice: “¡Por fin llegaste ‘Patoruzú’! Te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas”. Apenas unos días después, la tira desaparece del diario. Quinterno se va y, con apenas 22 años, sienta un precedente: se queda con los derechos de su creación (más tarde formaría el primer sindicato de historietistas). No pudo hacerlo con Don Gil Contento, pero sí con el que sería el personaje que lo llevaría al éxito. En diciembre del mismo año, Patoruzú reaparece en la tira “Don Julián de Montepío”, también creación de Quinterno, en el diario La Razón, pero en esta encarnación es inmensamente rico, ya no tiene un aspecto tan rotoso y Julián de Montepío se parece mucho más al que luego sería Isidoro Cañones. La figura de este último va siendo eclipsada por la del indio hasta que el 5 de agosto de 1931 la tira pasa a llamarse Patoruzú. En octubre de 1934, Quinterno deja de hacer tiras para el diario, el cual comienza a reeditar las primeras de Julián de Montepío (presumiblemente por no tener los derechos de Patoruzú) hasta que un año después desaparece. A los dos meses, concretamente el 9 de diciembre de 1935, Patoruzú hace su tercera y definitiva aparición, ahora en el diario El Mundo, donde dejaría de publicarse cuando su éxito fue tal que ganó su propia revista.

En noviembre de 1936, Quinterno forma su propia editorial y se lanza a los quioscos con el primer número de Patoruzú. El éxito es tal que, al poco tiempo, la revista pasa a ser quincenal y luego semanal. Utilizando un formato apaisado (similar al de sus publicaciones actuales), Quinterno genera una especie de revista de antología con una historia central del indio (las primeras eran recopilaciones de las tiras del diario El Mundo y luego comienza a producir material nuevo), historietas de otros autores y varias otras secciones de humor gráfico y escrito, así como notas y artículos, casi siempre con un tono irónico y crítico hacia el gobierno de turno. Ahí es cuando Isidoro empieza a vivir sus aventuras en solitario, y el

Texto de los cómics (calidad OCR muy baja, se han corregido solo fragmentos obvios):

AVENTURAS DE DON GIL CONTENTO

¡Guagua! ¡Aragua! (¡Por fin llegaste, Vos sos meu tutor?)

Patoruzú. ¡Che: Curugua-Curiguagüigua te saluda!

Te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas.

Viñeta inferior (sin título):

¡Ahí te cargué tus maletas y chucherías en un camión! ¿No te falta nada, Patoruzú?

Primera tira de 1928 Por Dante Quinterno Don Julián de Montepío

Cargua y Carmela

¡CARMELA!

¡Ande está CARMELAAA!

¡Faltando mi CARMELAAA!

¡BUUUU! ¡UUU!…

¡Aquí está CARMELA!

¡Qué fama!

(¿Ande te habías quedao, linda? ¡Ya me des- esperabas! ¡Ni yo puedo vivir sin ella!)

¡Ella, mi ella! ¡Tampoco sin mi!…

Pie de imágenes:

La evolución de Patoruzú La evolución de Isidoro

El autor lo dota de una galería de personajes propia como el Coronel Cañones, el mayordomo Manuel y Cachorra.

Ante el éxito que tenía, Quinterno no se conforma con una revista semanal y en Octubre de 1945 sale a la calle el primer número de Patoruzito, que ya arranca siendo semanal, y con un formato similar: una aventura central (esta vez a color) con las aventuras del indio en su infancia e historietas de otros autores, artículos, notas y demás. En el comic de Patoruzito aparecen casi todos los mismos personajes que en su adultez (algunos pequeños como Isidorito o Pamperito y otros igual de adultos como La Chacha, Nancul o el ahora Capitán Cañones).

Cabe destacar que tanto las historias de Patoruzito así como el resto del contenido de la revista estaban dirigidos a un público infantil de menor edad que los lectores de Patoruzú. Los éxitos seguían para la editorial de Quinterno, pero también hubo algunos fracasos: el primero en 1942 con el corto animado “Upa en apuros” y el segundo con la publicación de “Adventures of Patoruzú” en USA, que fue publicada por la editorial Green Publishing Co. durante 1946 acompañada de una impresionante campaña de marketing y un merchandising abundante que poco sirvieron.

En Argentina en tanto, ambas revistas de Patoruzú sirvieron de semillero para muchos autores argentinos que hoy son reconocidos como grandes maestros: Divito, Salinas, Ferro, Blotta, Battaglia, Breccia y un largo etc. La editorial también publicó tiras americanas de grandes maestros como Frank Godwin y Alex Raymond (inclusive Flash Gordon) y material de DC Comics. Ya en Enero de 1956 aparece “Las Grandes Andanzas del Indio Patoruzú” donde sólo se publicaban historias completas del indio y que comenzó con reediciones para luego mostrar material nuevo y posteriormente volver a las infinitas reediciones que son las mismas que se publican hoy día. El mismo camino siguieron “Correrías de Patoruzito” que arrancó en 1957 y “Locuras de Isidoro”, aparecida por primera vez en 1968. Estas son las tres publicaciones que se pueden encontrar mensualmente en los kioscos hoy en día.

En este proceso, las revistas Patoruzú y Patoruzito que contenían historias nuevas desaparecen de los kioscos a principios de los 70’s. Pero ahí no acaba la cosa: también se publicaba todos los Diciembre “El Libro de Oro Patoruzú” donde se reeditaban viejas historias y se hacía un repaso del año que concluía. Estos libros se siguieron publicando aún después del cierre de las revistas de antología, hasta mediados de los 80’s.

Se comentaba que a fines de 1999 iba a aparecer un “Libro de Oro Patoruzú 2000” como para subirse a la movida del festejo de fin de siglo y tantear un poco el mercado a ver si volvían a producir material nuevo, pero finalmente quedó en la nada.

Es notable cómo las publicaciones de Patoruzú y familia sobreviven en los kioscos a costa de infinitas reediciones. Evidentemente les es rentable. Si les va bien así y todo… ¿qué pasaría si se produce material nuevo?

Consultado para esta nota por Lazer sobre planes futuros, Walter Quinterno (hijo del creador y actual director de la editorial) nos comentó que todo depende de lo que ocurra con la película de Patoruzito que están realizando. Quinterno no quiso revelar las cifras de venta actuales de las publicaciones de Patoruzú. Sin embargo, tras una investigación realizada por Lazer consultando a varios distribuidores de kioscos, estos comentaron “off the record” que tiran a nivel nacional alrededor de 20.000 ejs (unos 10.000 en Capital y Gran Buenos Aires y unos 10.000 en interior) y estarían vendiendo alrededor de 8.000 copias por número, tanto de Patoruzú como de Andanzas de Patoruzito. Una cifra en absoluto despreciable en el mercado actual.

Información adicional del escaneo (probablemente títulos de cómics y exclamaciones):

  • CORRERÍAS
  • ANDANZAS DEL INDIO PATORUZÚ
  • IKONSTANTIN, PÁJARO DE CUENTA
  • PATORUZITO
  • LOCURAS DE ISIDORO ¡CHICO… PERO PIOLA!
  • ¡Chulc! ¡Chulc!

▶La historia: Un indio atípico

Patoruzú es un indio tehuelche, aunque sus antepasados son… egipcios. Según se narra en su origen, Patoruzek I, descendiente de un faraón, sale un día a navegar y se ve sumergido en una tormenta que tras muchas peripecias lleva a Patoruzek a desembarcar en una costa desconocida a la que los nativos llamaban Patagonia. El egipcio no tarda en asimilar las costumbres locales y tras realizar varias proezas es finalmente nombrado cacique tehuelche tanto él como toda su descendencia.

De herencia le vienen a Patoruzú muchas de sus características como la fuerza colosal, la uña siempre encarnada del pie y el grito de “¡Huija!” que expresa felicidad. El resto de su lenguaje (“po” “chei” “canejo”) se deben a su condición de indio, aunque en las primeras historias Quinterno exageraba mucho más su estilo campechano.

Patoruzú es también el prototipo de ser humano perfecto donde se conjugan todas las virtudes inalcanzables para el resto de los mortales: es generoso, desinteresado, noble, sobrio, estoico, modesto, sensible, hidalgo, caballero, no tiene vicios y es poseedor de una fuerza sin límites y una fortuna inagotable. Siempre ayuda a los necesitados, ya sea realizando él mismo alguna buena acción o donando cifras millonarias, autoconstituyéndose así en defensor de pobres y necesitados.

¡EPA, CANEJO!… ¡TE EQUIVOCASTE DE MARCHA!

Sin embargo, es crédulo, impulsivo, primitivo y tímido con las mujeres. Su condición de imbatible es un símbolo del bien que siempre debe triunfar sobre el mal. En sus historias no hay términos medios, no hay “grises”, todo es blanco o negro, bueno o malo. Este mensaje moralista de Quinterno se hace bastante más evidente en las historias de Patoruzito y se contradice en gran medida en las de Isidoro que es una especie de parásito que vive a costa de los demás y sin trabajar.

Pero Patoruzú es un personaje contradictorio. Es a la vez un gran terrateniente y un cacique indio del sur, una combinación imposible. Los terratenientes son descendientes de españoles que se apropiaron de las tierras y en cambio los indios fueron los sometidos, los masacrados, los asesinados. Y mucho más si eran caciques. Esta dualidad se hace mucho más llamativa teniendo en cuenta que el personaje fue creado en una época bastante cercana en el tiempo a las matanzas de indios perpetradas por los terratenientes del sur.

Otra característica del personaje es su condición de autóctono: su lenguaje, su - “campechanismo”. El uso de las boleadoras sugiere que son sus virtudes gauchas las que le dan esa fuerza imparable ante la injusticia. Pero esas son virtudes gauchas, no indias. Patoruzú es entonces, una expresión de deseos de Quinterno: un indio terrateniente, un nativo de la Patagonia que se adaptó a la colonización y no sólo es exitoso, sino que es perfecto y además es mejor que cualquier otra clase de habitante del país.

Información adicional del escaneo (posiblemente un panel de cómic o un pie de imagen):

CC PATORUZEK I ¡APAGA EL MOTOR, QUE SE TE VA A FUNDIR, CHEI! FRRRRR! ¡OOOH!

► Galería de personajes

Ya desde el principio Patoruzú es apadrinado por Isidoro Cañones (o sus predecesores Don Gil Contento y Julián de Montepío), un porteño egoísta, fanfarrón, vicioso y vividor. El prototipo de porteño. Quinterno genera un juego de punto y contrapunto muy interesante: Isidoro es la antítesis de Patoruzú, mientras el primero es el que tiene todas las virtudes, el segundo tiene todos los defectos (con la salvedad de que pareciera según la óptica del autor que tener éxito con las mujeres es un defecto). Sin embargo, Quinterno se queda a mitad de camino: en los momentos jodidos Isidoro se pone del lado de Patoruzú. Aquí encontramos otra moraleja (y van…), nadie es totalmente malo y la amistad es un valor tan importante que puede llevar a los tipos más cobardes a jugársela. La búsqueda de dinero por parte de Isidoro es uno de los recursos más usuales utilizados por el autor para urdir la trama de la aventura, y finalmente cuando todo se aclara, Isidoro siempre recibe un escarmiento por parte de Patoruzú. El crimen y el mal no pueden quedar impunes.

Más tarde nos encontramos con Upa, hermano menor del indio, que fue encerrado en una cueva por ser considerado deforme y sietemesino y porque no gritó “¡Huija!” al salir del vientre materno. El aspecto, tanto gráfico como característico del personaje, fue cambiando con el tiempo. Al principio era mucho más deforme, pero luego Quinterno lo va asimilando más al aspecto de su hermano mayor, ya tiene la uña del pie encarnada, ya usa poncho y ojotas y ya no es tan deforme, es apenas un indio alto y panzón. También va evolucionando su personalidad, al principio no hablaba, sólo emitía onomatopeyas y ruidos, de a poco aprende a hablar y va mejorando su fonética aunque nunca deja de ser disléxico. También se va volviendo menos inocente y en más de una ocasión saca a relucir su astucia. La relación Upa-Isidoro enriquece la historia. El carácter de Upa se desdobla y pasa a ser alternativamente compinche y juez del padrino.

El último integrante de la familia en aparecer es Patora, la hermana del protagonista. En el aspecto gráfico es exactamente una versión femenina de su hermano. Coincidiendo con el mensaje machista y moralista del comic, Patora es un personaje con una sola y única idea fija: casarse. Ante su fealdad, los candidatos que conseguirá serán aprovechados que a Patoruzú le costará bastante sacárselos de encima. Patoruzú ejerce sobre ella la violencia a manera de padre represor, golpeándola en la nalga como escarmiento o encerrándola. De alguna manera Quinterno la dota de una obstinación y unas inquietudes bastante acordes al prototipo de las mujeres de esa época.

Pampero, el caballo de Patoruzú, es la versión equina del indio, un caballo indomable que sólo puede ser domado y montado por él mismo, y que reúne características similares: es el más rápido, el más fuerte, el más resistente. El caballo perfecto. La incorporación del personaje está brillantemente relacionada con la pasión de Isidoro por el turf y el único motivo que lleva a Patoruzú a hacer correr su caballo y apostar por él es el orgullo de que ningún caballo sea mejor que el suyo.

La Chacha es la nodriza que amamantó y crió a Patoruzú tras la muerte de sus padres. No podía faltar en un comic de ideas tan rectas o “derechas” una fuerte figura materna. La Chacha es una madraza que daría todo por proteger al indio, pero además hace extensivo su maternazgo al resto de los personajes y además, como no podía ser de otra manera, es una excelente cocinera de empanadas y locro (comidas gauchas) y alimenta a todos los peones de la estancia.

El resto de la galería de personajes se compone de Nancul, el capataz de la estancia, Chiquizuel y Chupamiel, los enemigos de Patoruzito y los personajes de las aventuras en solitario de Isidoro como el Coronel Cañones, tío del playboy y que hace las veces de Patoruzú, el mayordomo Manuel, Cahorra y su invisible abuelo el general Bazuka. Siempre sin mencionar a los malos, claro.

‣ Los malvados extranjeros

El villano más importante al que se enfrenta varias veces el indio es Mandinga o Lucifer o Satanás, que no es otro que el mismo diablo en persona. Al ser Patoruzú un personaje de una pureza y bondad totales, Quinterno polariza el bien y el mal usando al mismo diablo como villano que encarna a la maldad misma, llevando hasta el extremo todo lo bueno que representa el tehuelche. El cielo y el infierno libran sus batallas a través de ambos personajes. La dualidad de Isidoro juega un papel muy importante en la formación del nudo de las historias que siempre se resuelven en un enfrentamiento directo entre Patoruzú y Mandinga. El final siempre es el mismo, pero Quinterno mete muchos elementos en el medio, desde mensajes religiosos a mitos criollos sobre el diablo y hasta payadas como forma de resolver las disputas.

El resto de los malvados son anecdóticos, aunque todos tienen un denominador común: casi siempre son de otra nacionalidad. Casi nunca aparece un personaje bueno de otra nacionalidad y cuando lo hace, es de un país ficticio. De esa manera nos encontramos con gitanos traicioneros, chinos traidores, turcos estafadores y judíos avaros y prestamistas.

Patoruzú es un personaje nacionalista a muerte, todo lo argentino es lo mejor, todas sus virtudes provienen de su origen, ser argentino es su principal virtud y gracias a ello es que posee las demás. Hay una gran carga de racismo nacionalista implícito: el bien es argentino, el mal extranjero. Cabe señalar como anécdota que el indio fue adoptado como mascota por el tristemente célebre gobierno militar que dio el golpe de estado en 1976.

Patoruzú es una obra con una gran cantidad de oposiciones fundamentales según la visión del autor: tradición rural vs. desorden ciudadano, criollismo indigenismo vs. extranjerismo, generosidad vs. avaricia, valor vs. cobardía, lealtad vs. traición. Aunque todas representan la eterna lucha del bien contra el mal, la representación de cada uno de ellos marcan claramente las ideas políticas del autor.

Animándose al futuro

En 1942 se produce la única incursión de Patoruzú fuera de la historieta. Entusiasmado por el éxito de su personaje, Quinterno se larga a producir un corto animado de 12 minutos, llamado “Upa en apuros”, que fue el primero que se realizó a color en Argentina.

Luego de parar la producción en los años 70 y dedicarse solo a las reediciones, no se hizo más nada con el personaje (Quinterno ya tiene más de 90 años), al menos oficialmente. Rep recuperó a Isidoro para la tira “el recepcionista de arriba” que publicaba en la revista Humor. En las revistas Fierro y Cóctel algunos autores se apropiaron del universo de Patoruzú para contar sus historias. Y finalmente en la revista Cazador, el protagonista mata reiteradas veces al indio mientras Isidoro hace de Upa un yonqui drogadicto.

En 1996, la editorial Universo (propiedad de Quinterno) se decide finalmente a comenzar a realizar una serie animada para TV. Empezaron produciendo unos pilotos que mostraron en su stand de la Feria del Libro de 1997, donde Lalo Mir le dio su voz a Isidoro y Jorge Sassi a Patoruzú.

Después cambiaron de idea y parecía que se habían asociado con una productora española para producir un largometraje animado, pero tampoco prosperó. Hace muy poco anunciaron que se asociaron con una productora mexicana y están preparando una película animada de Patoruzito que se estrenaría en julio del 2001. Esperemos que esta vez lo logren.

(Nota del editor: Las siguientes secciones corresponden a recuadros de la revista, probablemente globos de diálogo o epígrafes de imágenes. Algunas partes del texto original estaban muy dañadas o eran muy crípticas debido al OCR y la naturaleza del contenido (posiblemente lenguaje coloquial o abreviaciones), por lo que se han corregido errores evidentes de OCR y gramaticales donde fue posible sin alterar el significado, manteniendo el resto lo más fiel posible al original para evitar interpretaciones erróneas. Los recuadros 1 y 2 son particularmente difíciles de descifrar sin el contexto visual o completo de la publicación original.)

Recuadro 1

LARAN NA AHORA SE VIENE A DESCOMPONER VOS LACUTA NOLA POR ESO TENÉS SERÁ EL AARNE DON

Recuadro 2

CANSADAS (SEL Y PRECOSTE POR LLEVARME A LA PATAGONIA

Recuadro 3

ESTO ES PARA CONEJO CUANDO LO ACARICIÉ AL MORBO

Recuadro 4

¡PERDONAME! YO QUERÍA JUNTAR GUITA PARA HACERTE UN MONUMENTO, PADRINO.

Recuadro 5

¡QUÉ MAZO, PA! PERDONADO

Recuadro 6

¡CÓMO IBA A FALLAR, CHEE! SOS MAREADO (¡SALADO!)

Recuadro 7

HICE TODO ESO. PERO TODO SE DESCONTROLÓ