Big in Japan...

Una visión subjetiva de Leandro Oberto


Por Lazer True Story 14 min de lectura

Ya sea extremadamente positiva o negativa la idea que uno tenga de un lugar antes de conocerlo, la realidad suele ser muy distinta. Esta afirmación nunca la sentí más válida que para el caso de Japón y, especialmente, Tokyo. Pero no es mi intención aburrirlos con los contrastes entre lo que pensaba y lo que era realmente, así que en general me limitaré a narrar lo que vi. Comencemos, pues, la nota por el principio, o sea: el viaje.

Contrariamente a lo que se pueda pensar no hay un puto vuelo directo Buenos Aires - Tokyo, cosa que cuesta creer ya que estamos hablando de un miserable avión que, aunque sea semanalmente, une dos de las cinco ciudades más grandes del mundo. Esto es una prueba palpable del casi nulo intercambio que hay entre los dos países.

La cuestión es que hay que irse hasta algún otro país y desde allí recién tomar un vuelo hasta Tokyo. La relación costo-beneficio finalmente nos hizo decidir por ir vía Italia, viaje que si bien era más largo en kilómetros el tiempo de espera entre la llegada y la salida de otro avión era menor y en consecuencia tardabas menos que yendo, por ejemplo, vía Los Angeles.

Pero eso no quita que el viaje sea inhumano: 14 horas a Italia (aeropuerto de Milano), 8 horas de espera, 10 horas a Tokyo. Si a eso le sumás ir de tu casa a Ezeiza y del aeropuerto de Tokyo al hotel te das cuenta que el viaje te tomó ¡casi 40 horas! Del tramo Milano-Tokyo hubo dos cosas que nos llamaron la atención, por un lado que pese a viajar en un Jumbo de Alitalia menos de 20 sobre 400 pasajeros éramos occidentales.

Esto te da una idea inicial de cuán poco conocemos los occidentales de oriente y cuánto, en cambio, nos conocen. Lo otro es la ruta que tomó el avión, acostumbrados a ver siempre la tierra en planisferios uno se olvida que es redonda y achatada en los polos, por tanto la distancia más corta entre Italia y Japón es viajar hacia el norte de Europa y luego atravesar Asia bien por “arriba” pasando por Siberia hasta finalmente “bajar” a la altura de Corea hacia Japón.

Una visión subjetiva de Leandro Oberto

Viajando, otra cosa te llama la atención, los japoneses son callados y nada quilomberos, casi nunca se levantan de los asientos y rara vez oís algún ruido. Sin duda algo muy contrastante con el viaje hasta Italia donde vinimos rodeados de viejos del Pami quilomberos, brutos y extremadamente inquietos.

Desde el avión, antes de aterrizar se pueden ver cosas que uno no necesariamente se espera en las cercanías de una gran ciudad y menos de Japón: campos, montañas despobladas y el propio mar con pocos barcos. Miré el reloj al tocar tierra y no lo podía creer, el avión de Alitalia había aterrizado exactamente a la hora anunciada, ni un minuto más ni uno menos (es una compañía que siempre llega y sale más de media hora tarde a todos lados). Era solo el primer contacto con una constante japonesa: hacer cumplir los horarios acordados a la perfección de manera absolutamente obsesiva para todo y todos. La otra constante, obviamente, es la organización (no se pueden cumplir horarios sin esto).

Es así como muy velozmente se pasa migraciones, se agarran las valijas, se cambia dinero y se sale del aeropuerto. Lo divertido de este proceso es ver que no están acostumbrados a que tu pasaporte tenga sentido de lectura occidental y siempre lo empiezan abriendo del otro lado. Una vez afuera para dirigirse al centro de la ciudad hay que tomar un cómodo tren de alta velocidad que te lleva hasta ahí en poco más de una hora a cambio de unos 30 dólares. ¡Nunca hay que tomar un taxi ya que tarda 3 horas y sale más de 300 dólares!

Afortunadamente fuimos advertidos de todo esto por una japonesa con quien me puse a hablar en el avión, la cual hablaba Italiano, vivía en New York y había venido a visitar a sus viejos que vivían en Tokyo (maldita globalización). Hechos re-mierda llegamos al hotel, situado en la zona de Shinjuku (que los japoneses pronuncian algo así como shin-iuukú), y las primeras horas en Tokyo nos sorprendieron, esperábamos una ciudad cosmopolita, agobiante y agresiva como Manhattan y nos encontramos con una ciudad más amigable que Disneyworld y solo habitada por japoneses, podés pasar tranquilamente días enteros sin ver un solo occidental. Sin duda Tokyo es atípica en muchos sentidos.

Opinión 43

Los comerciantes dejan mercadería en la vereda y nadie se chorea nada

La arquitectura es interesante y hay muchos de los más grandes y elaborados megaedificios que vi en mucho tiempo, pero sin embargo caminás unas pocas cuadras desde las zonas de edificios y encontrás zonas de casas tranquilas y de calles angostas. Calles angostas… esa es una de las cosas que demuestra lo ingeniosos que han sido para aprovechar el espacio. En las zonas de edificios hay avenidas anchas, en las de casas calles angostas por las que solo pasa un auto.

Y es así como consiguieron ciudades tranquilas, porque caminando un poco te das cuenta que te podés sentir más solo y tranquilo en zonas céntricas de Tokyo que lo que te sentís en las afueras de Buenos Aires. Hay, además, jardines públicos de kilómetros de extensión donde podés estar solo contemplando lagos y los infaltables cuervos negros que revolotean por toda la ciudad dando sus característicos graznidos. Pero sin duda el punto más favorable de todos es la seguridad de Japón.

No importa qué hora sea, a dónde estés o si sos local o extranjero: no sentís miedo y no hay peligro. No hay robos, asaltos ni gente que se afana cosas de los negocios. Es normal que los dueños de los negocios expongan en la vereda computadoras sin alarma y se vayan a atender clientes adentro sin preocuparse. La gente deja las bicicletas sin cadena, los paraguas en paragüeros afuera de los negocios, los autos con las ventanillas bajas… no hay peligro ni pueden concebir que lo haya.

Si bien es cierto que en algunas partes de Europa consiguieron algunas de estas cosas, la diferencia está en que lo hicieron al costo de tener ciudades aburridas.

Leandro en una calle angosta
Leandro en una calle angosta

Modernas cocheras con elevadores

Opinión/44

…donde todo se muere a la noche. Tokyo, en cambio, es tan descontrolada y alegre como New York o Buenos Aires, no ha sacrificado nada a cambio de tener seguridad.

Pensando desde otro punto de vista, es lógico razonar “Pobres tipos cuando salen de Japón y se pegan contra nuestro mundo de mierda”. Japón es otro mundo, tienen más tecnología que nosotros y las ciudades son más limpias y espectaculares, pero la gran diferencia no está ahí, está en la propia gente, están en una escala distinta en la evolución que hace ver incluso a europeos como bestias de la barbarie. El más grande logro de Japón sin duda es la ausencia absoluta de resentimiento entre las clases más pudientes y las de menores ingresos. Todos se respetan y aceptan que no importa lo que haga el otro, es igual de importante y merece ser tratado como un igual. El tipo que llega a laburar en un BMW y el que hace señas para que los camiones estacionen son tratados por todos de la misma forma.

Basta pasar unos días ahí viendo estas y otras cosas para poder deducir todas y cada una de las preguntas que te hacen sobre los animes y mangas. Muchas veces he leído cartas de lectores que me preguntan “¿Por qué hay tantos personajes gay en los mangas?” y la respuesta te viene a la cabeza automáticamente “¿Y por qué no va a haber si el 10% de la sociedad humana es gay?”. A los japoneses no se les puede cruzar por la cabeza que deberían discriminar a un gay, no le encontrarían la razón y simplemente no se les ocurriría. Es así, “están en otra”, algo para lo que a los demás nos falta mucho todavía.

Cambiemos ahora de tema y hablemos de moverse en Tokyo de un lado al otro. La forma más fácil es siempre tomar el subte o el tren, el único problema es que la red de subtes y trenes es tan compleja y hay tantas líneas distintas que es muy fácil perderse. Para empeorar las cosas, los nombres de las estaciones están en kanjis y sólo las líneas más modernas tienen el nombre de las estaciones subtitulado en inglés; las más antiguas, incluyendo a la famosa y útil Marunouchi Line que circunvala Tokyo, no. Si esto no es suficiente para atemorizarte, entonces basta bajar a las estaciones y ver a los japoneses mirando los complejísimos planos de las infinitas líneas y sus combinaciones con cara de no entender cómo mierda hacen para llegar a donde quieren ir. Ahí te corre sudor frío por la espalda y pensás “si ni estos chabones entienden un carajo… ¡yo voy muerto!”. Curiosamente y teniendo cuidado, nunca nos perdimos y siempre llegamos bien a todos lados. Al final de cuentas, moverse en Tokyo, pese a lo complicado que parezca, puede ser más fácil que en otras grandes ciudades del mundo. De hecho, aunque si bien es caro (un pasaje en subte va de los 1,50 a 3 dólares), lo cierto es que es mucho mejor, pudiendo ir en general sentado o cómodamente parado aún en las horas pico. Esas imágenes de los empujadores que siempre pasan son de sólo 1 ó 2 estaciones (y en hora pico) sobre los cientos y cientos que hay en Tokyo. Los subtes y trenes son siempre de a 10 vagones y con frecuencias de 2 minutos entre convoy y convoy, lo cual permite que nunca se acumulen excesos de gente.

El problema real para moverse son las direcciones, ya que están armadas en base a barrios numerados y edificios, por lo que ningún japonés sabe dónde puede quedar cada lugar con sólo ver la dirección. Un ejemplo típico de esto es cuando uno toma un taxi (los cuales valen 7 dólares la bajada de bandera, tienen puertas que se abren solas y el conductor va de corbata y guantes blancos). Cuando subís y le das, por ejemplo, la dirección del lugar, el tachero pone cara de pensar y luego agarra su celular y llama a ese lugar a donde querés ir para que le expliquen ¡cómo poronga puede hacer para llegar!

Con respecto a nuestra parte laboral fue todo muy variado: hay empresas donde te atiende una persona y te dedica una hora mientras va mirando el reloj, otras donde te sientan en una mesa redonda con 10 tipos que te hacen preguntas, otras con gente copada que te lleva a visitar la ciudad todo el día, otras donde te llevan a comer a lugares típicos baratos, otras que te llevan a comer a lugares ultra selectos donde se paga más de 300 dólares por persona (y pagan ellos)…

En resumen, hay de todo. Lo que sí es una norma es que la gente que está metida en derechos internacionales, habla inglés y, por consiguiente, viaja seguido al exterior. Son distintos a los demás de la empresa. Son más extrovertidos y efusivos, mientras que los demás son mucho más centrados y callados (aun entre sí). Y ya que tocamos brevemente lo de comer, vale la pena mencionar que, pese al aspecto que tiene la comida japonesa, sus sabores son bastante compatibles con lo que nosotros comemos y, además de sus tradicionales sopas de fideos gruesos con carne y pescado, tienen las típicas pizzas, carne de vaca, ensaladas, etc. Y en muchísimos lugares hasta se come con cubiertos occidentales. De hecho, hay toda una cultura de cafés, restaurantes y demás muy parecida a la nuestra. En cuanto a fast foods, la cosa es fácil: son más baratos que acá y encima son mejores. Los McDonald’s no te caen mal, por ejemplo.

Llegados a este punto, es hora de mencionar la razón de haber venido: los cómics y la animación. La mano viene así: el anime es más o menos igual de popular que acá, hay más merchandising y te venden los DVD en todas las disquerías y lugares de electrónica, pero más allá de eso no hay laaaa gran diferencia en popularidad. La realidad es que lo que más se ve son series para chicos y adolescentes hechas para vender juguetes y demás parafernalia. Los animes más raros quedan relegados a un circuito de fanáticos que, en porcentaje de la población, no parecen superar en mucho a los que hay hoy día acá.

Lo que sí te shockea es el tema de los mangas, ahí estamos a años luz o más. TODO el mundo lee mangas, no importa edad, sexo o profesión, hay un manga que le gusta a cada persona así como acá hay programas de televisión para cada persona. En cada vagón de tren o subte a los que subís, inevitablemente el 40% va leyendo alguna revista de cómics. Y los cómics se pueden conseguir en cualquier lado: en máquinas expendedoras, en los negocios tipo AM/PM, minimercados, librerías, revendedores en la calle… donde quieras. Lo increíble es que no sólo tienen en cada.

Incluso hay unas 50 revistas distintas de manga, sino que también tienen los tomos recopilatorios más nuevos. En las librerías es normal que tengan un piso entero dedicado a los tomos recopilatorios de mangas. Incluso hay librerías que tienen los mangas divididos por géneros en distintos pisos. Sin duda es increíble el grado de penetración total que tienen en la sociedad los cómics, algo que todavía no se ha dado en ningún país occidental. Yo creía que tenía una buena idea de lo populares que eran los mangas allá y había oído mil veces lo de que los venden en expendedoras y que toda la gente los va leyendo en el subte, pero jamás me imaginé la penetración que tienen a nivel de disponibilidad, que llegara a haber cientos de tomos recopilatorios en minimercados onda los de las estaciones de servicio de acá es algo que no se te pasa por la cabeza hasta que lo ves.

Sin duda Tokyo es un lugar entretenido, con sus famosos 23 centros distintos, sus abundantes pantallas de televisión gigantes en las paredes de los edificios de las zonas céntricas, sus shoppings de 10 pisos, sus puentes y arquitectura salida de animes de ciencia ficción, sus mujeres que curiosamente son bastante lindas, realmente el conjunto es interesante y adictivo.

Al cabo de unos cuantos días de estar en Japón y su casi perfección te viene a la cabeza una pregunta: “¿Y por qué mierda es USA y no Japón el país que domina el mundo?”. La respuesta es muy extraña pero obvia: La gente de acá es demasiado organizada como para adaptarse a la sociedad occidental y encima increíblemente parecen tenerle terror a hablar en inglés. Basta que les digas “Sorry, I don’t speak japanese”, para que les veas una cara de incomodidad extrema y casi terror en el rostro de prácticamente cualquier japonés. Lo increíble es que esto sucede hasta en hoteles, aeropuertos, empresas multinacionales y sitios turísticos. Sí, a esta gente a pesar de todo, y quién sabe por qué, les falta autoestima, aunque son perfectamente conscientes que el mundo fuera de Japón está aún en un estado de barbarie y que no vale mucho la pena salir a explorarlo.

Sin embargo, la supuesta perfección puede tener sus lados negativos. Y Japón no es la excepción, teniendo síntomas de una sociedad aburrida de sí misma, de su tranquilidad y su perfección. No hay crímenes por dinero ya que no existen los pobres pero sí unos cuantos locos que hacen cosas como ir a una escuela a matar gente porque sí, secuestrar un avión para jugar a hacerlo pasar entre dos edificios y cosas así. También hay una preocupante cantidad de hombres de negocios con problemas de adicción al alcohol que los ves tambalearse cada noche saliendo de bares y entrando en puteríos. Además hay mucha gente haciendo cola a las nueve de la mañana para entrar a jugar a los pachinko (unas maquinitas tragamonedas) cuando abran a las 10 am. El otro gran punto en contra es la represión que parecen llevar encima para relacionarse entre sí, hay pocos grupos de chicos y chicas saliendo juntos, hay pocas parejas que se pasean abrazadas y prácticamente nunca ves a nadie besándose en la calle. Eso sin duda no puede ser un buen síntoma. Aun así nos bastó pisar suelo argentino para comprender que probablemente esas sean cosas mínimas en comparación a la interminable lista de cagadas que tenemos de este lado del mundo.

En Tokyo hay máquinas expendedoras en cualquier lado, hasta en una calle desolada del barrio más remoto, increíblemente las enchufan a tomacorrientes que están en la calle. Desafortunadamente no están preparadas para argentinos… Su trama profunda y adulta revolucionó para siempre a los cómics norteamericanos.