Honey & Clover
No todo es miel y rosas...
Uno de los procesos más complejos y hasta traumáticos del crecimiento es, posiblemente, el pasaje de la adolescencia a la vida adulta. Uno supone (o lo dejan suponer) que tal movimiento está más o menos delineado por el ingreso y el egreso de la vida universitaria, la inserción en el mercado laboral, los proyectos a futuro… y otros agobiantes etcéteras.
Honey & Clover (Hachimitsu to Clover) saca todos esos fantasmas a la luz y los compila en una historia agridulce y pseudocómica, que sacudió el panorama del shojo convencional en su país de origen, Japón. Ideado e ilustrado por Chika Umino (escritora de la que no hay mucha más data interesante para contar fuera de que tomó su apodo de un “parque de diversiones junto al mar”), Honey & Clover empezó a serializarse en Junio de 2000 en la revista CUTIEcomic de Takarajimasha, publicación para adolescentes que quebró en Julio de 2001.
Después de eso, la serie pasó a la Young YOU de Shueisha, no casualmente una revista algo más adulta, que la re-arrancó desde el capítulo 15. Por esa época, Honey & Clover tenía sus seguidores, pero aparentemente estos eran tanto muy modestos como muy yeta, porque revista en la que caía, revista que quebraba, como ocurrió con la última mencionada, en 2005. No obstante, este lapsus no funcionó del todo mal para la popularidad de la serie, porque semejantes idas y venidas hicieron que la gente de J.C. Staff (Utena; Loveless) le pusiera el ojo a esta turbulencia del manga y lo transformara en 24 episodios a cargo de Kenichi Kasai (Nodame Cantabile… algo que se puede apreciar en el notorio parecido de los diseños de personajes), emitidos desde el 14 de Abril de 2005 al 26 de Septiembre del mismo año.
Por esa época, y viendo que la cosa ya no daba para más, la revista Chorus (Shueisha de nuevo) agarró la publicación desde el capítulo 57 y la condujo al codiciado 64, cuando -un 28 de Julio de 2006- Umino logró terminar de contar su historia. En este punto, los fans ya estaban enganchados. La trama es la siguiente:
Honey & Clover narra distintos sucesos en la vida de un grupo de cuatro estudiantes de arte y arquitectura en cierta universidad de Tokyo. Todo viene normal hasta que, de golpe, el tutor de uno de ellos —concretamente, de Yuuta Takemoto— cae con una sobrinita con tremenda cara de boluda, zarpada ingenuidad e indescriptible timidez. Hagumi Hanamoto, esta es la muchacha, se convierte al momento en el objeto de la atención de Yuuta y de Morita, la cara opuesta al protagonista. Lo interesante en este triángulo es el tipo de relación que empieza a darse entre todos sus miembros, algo marcado de base por las personalidades de cada uno. Yuuta, hiper inseguro, enamoradizo, retraído y hasta medio rasca, obviamente no tiene intenciones de confesarle su amor a Hagumi, ni siquiera en situaciones en las que podría tener alguna chance; Morita, un prodigio de la escultura, se la pasa sacándole fotos a la piba, llevándole regalos estrafalarios, gritándole por el pasillo y haciendo experimentos uno más bizarro que el otro, con fines que nunca le terminan de quedar claros a nadie. De todas formas, Hagumi de entrada muestra la hilacha, porque resulta que la nenita (que aparenta unos 12 pero tiene 18) es algo así como un genio en potencia del arte abstracto, y esa nueva condición abre una dialéctica de rivalidad entre ella y sus pretendientes, sobre todo con el sacado de Morita.
Dos personajes más interactúan en la trama: Takumi Mayama, un estudiante de arquitectura ligeramente menos tocado que Morita y un cacho más aplicado que Yuuta, obsesionado con el amor de una mujer, vamos a decir, “madura”, para cuyo estudio trabaja de manera esporádica. Lo que complica el asunto es que detrás de Mayama está Ayumi Yamada, completa, absoluta y arrastradísimamente enamorada de él, incluso a costa de su fama de mujer inconseguible.
La historia hasta acá parece una gilada, pero está lejos de eso: lo rico en Honey & Clover son los miles de planteamientos que se le hacen a cada uno de estos vínculos. La trama no se agarra de la vida estudiantil y de los típicos problemas universitarios con las calificaciones o la guita, ni se limita a desarrollar un grupo de historias de amores no correspondidos. En cambio, llena de interrogantes momentos decisivos en la vida de un universitario (la búsqueda de trabajo, la elección correcta o no de la carrera), hace chirriar la relación entre el arte y el mercado (todo el mundo está interesado en las obras de Hagumi, mientras que ella vive en una nube; Morita se la pasa boludeando en las clases y se niega a recibirse, pero no a manotear el vil metal que le dan por sus esculturas), y opone el talento de ciertos personajes a la normalidad de otros. La visión del amor, desde distintos ángulos, tampoco zafa: en el fondo siempre nos dejan una suerte de sabor amargo cuando, por ejemplo, Mayama le baja los humos a Ayumi diciéndole que su afecto es pura fantasía, o ante la muy complicada encrucijada en la que se ve Hagumi cuando Morita, que dice amarla, declara que “siempre serán inevitables rivales”.
Si bien la primera temporada del anime no suscitó el furor esperado, sí le dio un puntapié a los últimos capítulos del manga y, luego de que medio público se despertara, dos compilaciones de historias aisladas (“Chapter L” y “Chapter F”, a modo de episodios 25 y 26) continuaron la serie, como puente para que en Junio de 2006 Honey & Clover volviera a los medios masivos en 12 episodios finales (Honey & Clover II), hasta Septiembre del mismo año. De hecho, esta fue su consolidación definitiva como serie destacada, algo que se puede notar por la cantidad de chivos y sponsors de la nueva temporada o la dirección a cargo de Tatsuyuki Nagai (Ikkitousen; Chobits). Tal vez por todo este vapuleo, el anime sigue de manera realmente fiel al desarrollo del manga; incluso se respeta la figura de Yuuta como voz narradora y hasta se colocaron, como títulos, fragmentos de conversaciones que en su mayoría se encuentran textuales.
El manga de Honey & Clover (ハチミツとクローバー). También existe una película de Live-action.
En la versión original. Un dato oscuro, sí, acerca del anime es la elección de la banda sonora; difícil de asimilar es el opening de la primera temporada, a cargo de Yuki, intérprete que sin lugar a dudas padecía una extraña fiebre tifoidea que la obligaba a dar semejantes alaridos ya desde la primera estrofa de lo que –para mayores ironías– se llama ‘Dramatic’. Puesto que un año después los fans no habían tenido suficiente dosis de chillidos agudos semanales, Yuki volvió a la carga con ‘Fugainaiya’ (opening de la segunda serie), que si bien no supera a su predecesora en materia de irritación, sí nos hace entrega una vez más de ese sentimiento desesperado por adelantar el episodio hasta saltear la intro.
Como todo lo que tiene verdadera fama y gloria en este mundo (?), después llegaron la infaltable película (estrenada el 22 de Junio de 2006) y el esperadísimo dorama: 11 episodios emitidos del 8 de Enero al 18 de Marzo de 2008, por Fuji TV. La primera se trata de un live-action protagonizado por Sho Sakurai (Yamada Taro Monogatari) como Takemoto, y un cast de actores que, pese a desconocidos, pegaban bastante bien con la onda de los personajes; el problema central en esta adaptación a la pantalla grande fue el cúmulo de cuestiones que la película daba por supuestas de entrada, dando por sentado que los espectadores serían puramente los seguidores del manga, anime y demás.
Las opiniones, en consecuencia, quedaron divididas: hay quienes no entendieron un carajo (la trama está compiladísima pero resguarda algunas escenas con sumo detalle, entendibles para el fan posta de Honey & Clover, como la de la búsqueda de los tréboles de cuatro hojas, o el primer encuentro de Hagumi y Takemoto en el parque de cerezos) y hay quienes, por entender demasiado, esperaban más. Muy criticada fue la cuestión de que se borró de un plumazo toda la personalidad espástica e insólita de Morita; aspecto que afortunadamente el dorama retomaría más tarde, con la actuación de Hiroki Narimiya (Gokusen). Lo acompañaron Ikuta Toma (Hanakimi) como Takemoto y Riko Narumi (1 Ritoru no Namida); la trama del dorama adapta muchísimo más fielmente la del anime, y a su vez retoma algunos puntos caídos del manga (la escena de la confesión de Ayumi a Mayama, por ejemplo). De hecho, para muchos de los fans, Honey & Clover dorama es la mejor de las compilaciones, más ordenada y más abarcativa, de todo ese grupo de inseguridades, planteos y romances que es el fenómeno en general.